La historia que voy a contar es real. Década del noventa. El presidente de una importante compañía me llama de urgencia. En cuanto llego, la gerente de marketing (estaba esperando en la puerta) me lleva corriendo a la oficina del jefe. “¿Qué habrá pasado?”, pensé. Por la urgencia y la histeria, no debía ser un tema menor. Sentado en su escritorio, colorado y transpirando en pleno invierno, el presidente en cuestión dijo lo que era evidente: “Hay un problema serio”. Dado que los publicitarios tenemos cola de paja, mi primera reacción fue “temblar”, pensé que alguien del equipo se había mandado una macana. Por esos milagros del destino, esta vez la culpa no era nuestra. “Hubo una huelga en Brasil”, siguió. “¿Una huelga en Brasil?”. A lo largo de mi carrera me llamaron para muchas cosas, pero solucionar una huelga extranjera excedía mis posibilidades. Ni bien habló de la huelga, empezó a contar, con precisión y detalles técnicos, cómo se fabricaban los tampones (al menos entonces): se tejen sobre una aguja, esa aguja tiene un tiempo de vida útil, cada tanto hay que cambiarla, etc. “¿Y qué?”, pensé yo. “Por la huelga, los obreros no cambiaron la aguja”. “¿Y qué?”, seguí pensando yo. De pronto planteó el problema con todas las letras: “La aguja se rompió. Tenemos buena parte del país inundada con tampones rellenos de agujas”. “¡No!”, grité yo. “¡Sí!”, gritó él casi al mismo tiempo. “¿Por qué no retiramos la partida y listo?”, pregunté. “Porque no sabemos cuál es, incluso podrían ser todas…”. “Hay que sacar un comunicado de prensa”, recomendé no sin cierta ingenuidad. “¿Una aguja en el tampón? No puedo imaginar fantasía peor. Si decimos eso se acabó el mercado”, sentenció el presi. “¿Es peligroso?”, pregunté. “En principio, no.”, contestó. ¿Resultado? Queridas señoras, durante la década del noventa, muchas de ustedes usaron esos tampones sin siquiera darse cuenta.
Sobre el autor
En los últimos años Bello se ocupó de brindar al medio y a los medios una imagen diferente. Lo más distinguible es su vocación por la reflexión más allá de los spots. Desde su formación filosófica se permite sobrevolar el discurso publicitario y aportar reflexiones que trascienden el plano de los avisos. Cada uno juzga lo acertado o no de sus pensamientos pero lo que está clara es su vocación de entender y de comunicar.En Twitter
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No te creo nada. Mirá… los tampones, luego de un buen rato de tenerlos colocados, salen embebidos en sangre (disculpame si sos impresionable) más blandos de lo que entran, a veces un poco doblados. Si fuera cierto lo que decís, más de una hubiese terminado ensartada. Para darte algo de crédito, habría que imaginar agujas muy pequeñas, ubicadas en el centro mismo del tampón, pero aun así resulta inverosímil. En todo caso, los tampones de la famosa marca vienen hoy, en su mayoría, con una falla igualmente grave: al quitarle el celofán, la punta se deshilacha bastante. Esas hebras, en el cuello del útero, pueden ser con el tiempo tan dañinas como tu aguja mágica.
Saludos cordiales.
Y gracias por el cuentito.
YO ESPERARÍA … EL AGUA LIMPIA, PERO TAMBIEN ACTUA COMO OXIDANTE, ES DECIR CORROE …Y TODO BAJA .. TODO TERMINA VÍA CLOACAL ……. Y SI LOS USÉ DURANTE LOS NOVENTA Y ME SIRVIERON … DEME DOS !!!!
Honestamente no sé por qué motivo nos cuentan esto tan a destiempo! . Si esto fue verdad, si callaron en su momento, hubieran seguido callados ocultando la vaerdad. O es que quieren terminar con el merjcado de tampones ahora??? La venganza será terrible…
¿Qué es lo peor que puede pasar?
¿Que salga el tampón lleno de sangre?
Todo esto, de alguna manera, me va a servir de excusa…