Para quienes piensan que todos los males argentinos empezaron con el peronismo, acá va está prueba de viveza criolla que desmiente la teoría. Año 1910, pleno festejo del Centenario. Buenos Aires se sentía (y en cierta forma lo era) la capital del mundo. A modo de celebración, todos los días se inauguraba una exposición o un congreso internacional. Entre ellas, el pabellón dedicado al arte; quizás uno de los eventos más convocantes de entonces. Ignacio Zuloaga, gran artista español, tenía un espacio preferencial en esa exposición. El mismo día de la inauguración, alguien difundió la noticia de que el pintor en cuestión había muerto en España. El propio intendente municipal le dedicó unas sentidas palabras. ¿Qué pasó? Lo que siempre pasa con las pinturas, los precios de Zuloaga se fueron a las nubes. Los criollos del Centenario pagaron fortunas por sus obras. Tal fue la fiebre que el gobierno adquirió, sin discriminar y pagando sumas siderales, el remanente de las obras. El problema fue que el pintor español murió 35 años después… ¿Qué había pasado? Quien había fallecido era el padre y su representante local aprovechó la situación para crear confusión (en aquellos años las comunicaciones eran lentas y comprobar una noticia llevaba tiempo) y amasar una verdadera fortuna. Lo único positivo es que el Museo de Bellas Artes se quedó con su mejor obra: “Las Brujas de San Millán”. Esta en nuestro ADN. Genio y figura.
Sobre el autor
En los últimos años Bello se ocupó de brindar al medio y a los medios una imagen diferente. Lo más distinguible es su vocación por la reflexión más allá de los spots. Desde su formación filosófica se permite sobrevolar el discurso publicitario y aportar reflexiones que trascienden el plano de los avisos. Cada uno juzga lo acertado o no de sus pensamientos pero lo que está clara es su vocación de entender y de comunicar.En Twitter
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RETRATO DE ENRIQUE LARRETA
Ignacio de ZuloagaI
Español (1870-1945)
“Retrato de Enrique Larreta”
óleo sobre tela 188 x 213
Firmado ángulo inferior derecho “I.Zuloaga – 1912″
Colección: Museo de Arte Español “Enrique Larreta”
El diplomático y escritor argentino (Buenos Aires, 1873 – 1961), que durante los años 1915 – 16 residió en la localidad vasco-francesa de Biarritz, fue retratado por Zuloaga en París, aunque la ciudad que se divisa al fondo sea Avila. Enrique Larreta era admirador ferviente de Unamuno; a través de éste debió entrar en contacto con el pintor eibarrés. En las bibliotecas de ambos se encuentran libros del escritor y uno de ellos, su más célebre novela La Gloria de Don Ramiro (1908) está dedicada a Zuloaga con la siguiente frase: “Al amigo que más quiero y al pintor que más admiro / brindo ferviente y sincero La Gloria de Don Ramiro”. En 1915 y 1916 la relación entre los tres fue particularmente estrecha y Larreta tanto le pedía a Unamuno que le localizara un cura “virtuoso, sabio, de buenas maneras y apacible condición” para que educara a su hijo como proyectaba un viaje con Zuloaga a Granada.
Esta obra forma parte del amplio conjunto de retratos que Zuloaga realizó de sus amigos de generación, escritores, intelectuales, artistas, toreros…… gentes con las que el pintor se sentía unido por una comunidad de afectos e ideas. Estos son retratos que, a diferencia de los solicitados de encargo por personas de las más altas y adineradas clases sociales, fueron ejecutados de modo mucho más sentido. Zuloaga, por supuesto, resolvía todos los retratos con idéntica profesionalidad, pero mientras que en los de encargo se advierte el desapego del fisonomista fiel, en los de sus amigos vibra un sentimiento de afinidad y un compromiso artístico más rico y complejo.
Dependiendo de quien fuera el retratado, Zuloaga le presentaba en una postura u otra, aquella que mejor se adecuara a su actividad y personalidad. No era infrecuente que el pintor retratara a sus amigos en posturas relajadas, no ya sentados sino recostados o tumbados, como es el caso de Larreta, en actitud pensativa, dirigiendo su mirada a un punto indeterminado fuera del cuadro, abstraído y acariciándose la barbilla con la mano izquierda mientras sujeta con la derecha un bastón. Su figura ocupa la mitad inferior derecha, quedando la otra mitad reservada para un paisaje que ofrece en la distancia la visión parcial de una ciudad amurallada, todo ello bajo un cielo de nubes arremolinadas y turbulentas. Recuérdese que, entre otros, esta ciudad ya había sido presentada como fondo escenográfico en pinturas como El botero Gregorio (personaje a quien en otra pintura había presentado ante Sepúlveda) y El Cristo de la Sangre.
Zuloaga utilizaba una técnca muy efectiva para la composición temática de sus pinturas. De una parte acumulaba información mediante apuntes y bocetos de paisajes y arquitecturas que le llamaban la atención y, de otra, seleccionaba personajes, tanto conocidos como populares. Después mezclaba unos con otros y, dependiendo de quien fuera el retratado en primer término, situaba uno u otro paisaje al fondo; de ahí que algunos personajes, como el enano Gregorio, aparezcan tanto en Avila como ante Sepúlveda, o que Larreta, quien situó la trama de su famosa novela en la Avila del siglo XVI, sea visto ante ésta. En una carta de hacia 1904 el pintor le decía a su tío Daniel a propósito de su viaje a la riojana ciudad de Haro: “Hay fondos hermosísimos de casas solariegas, y el campo tiene también muchísimo carácter. Todo es ocre. Pienso llevar de aquí sobre todo fondos y también un cuadro de bebedores, que veremos a ver cómo me arreglo, pues la cuestión de modelos no está bien y hay que educarlos. La gente es muy bruta, pero con mucho corazón.”
Sostenía Unamuno que los paisajes de Zuloaga no eran neutrales o independientes de las personas que los ocupaban y creía que, en sus pinturas, los hombres creaban el paisaje al contemplarlo, como si fueran una emanación de su pensamiento: “Aquella Avila a la que mira Larreta es una proyección del espíritu del autor de La Gloria de Don Ramiro, pero de este autor en cuanto sentido por Zuloaga. Y esto es poner envolviendo al personaje, al hombre, su alma. Porque ¿qué es el alma de un hombre sino su visión de lo que le rodea y sostiene?”
J.G.d.D.
Javier González de Durana
Del Catálogo de la Exposición La mirada del 98 – Sala Julio González – Madrid – Ministerio de Educación y Cultura de España – Mayo/Junio 1998, donde figura con el número 12 y el retrato fue reproducido como tapa del citado catálogo y en consecuencia exhibido en esa ocasión.-(Este texto va acompañado de la imagen scanneada de la obra)
RESTAURACION DEL RETABLO DE SANTA ANA
Maestro de Sinovas 1503
“Retablo de Santa Ana”.
Oleo y estofado sobre tabla 339 x 253 cm.
El Maestro de Sinovas aparece como una personalidad muy característica en medio de una generación de pintores castellanos que reconoce como mentores espirituales a Pedro Berruguete y Juan de Borgoña. A esta generación pertenecen el “Maestro de San Nicolás”, Alonso Sedano y Santa Cruz, con quienes el Maestro de Sinovas comparte diversos esquemas compositivos.
El retablo está dedicado a Santa Ana, representada en el compartimento central junto a la virgen con el Niño. En las calles laterales se despliegan cuatro escenas de su leyenda y en la predela cuatro episodios de la vida de otros tantos Santos.
Santa Ana triple.
Resurrección.
Expulsión de Ana y Joaquín del templo.
Anunciación a Joaquín.
Anunciación a María.
Encuentro de Ana y Joaquín en la Puerta de Oro de Jerusalén.
Martirio de Santa Catalina.
Misa de San Gregorio.
Martirio de San Sebastián.
Juicio a Obispo desconocido.
En materia de construcción de espacios interiores, adopta el sistema del plano sesgado difundido por Pedro Berruguete. Quizás también a través de éste se haga presente la influencia italiana que denota el tratamiento del torso desnudo de San Sebastián. El espacio exterior, caracterizado por caminos ondulados, extensos espejos de agua, visión microscópica de ciudades lejanas y captación de la perspectiva atmosférica, sigue pautas de los maestros flamencos y el mismo origen podría atribuirse en parte al simbolismo, a veces complejo, que subyace en la mayoría de las escenas. De todos modos este simbolismo puede reconocer también raíces castellanas. La tradicional expansión decorativa hispánica se manifiesta en el generoso brocateado, en los fondos, arquitecturas y vestimentas.
El retablo en Honor a Santa Ana del Maestro de Sinovas, fechado en el año 1503, fue comprado por Enrique Larreta en 1912 en París, en el Anticuario Demotte, y donado por sus hijos Josefina L.A. de Zuberbühler, Agustín y Fernando Larreta Anchorena cuando su casa se convirtió en Museo en el año 1962.
Procede de la Iglesia de San Nicolás de Bari, en Sinovas, Provincia de Burgos, y está realizado en madera pintada al temple con aplicaciones doradas y enmarcamiento de madera tallada y dorada; sus medidas son 3,39 x 2,53 m.
Su restauración forma parte del proyecto Rescate del Patrimonio que hemos implementado con el objetivo de recuperar, en un lapso de cinco años, nuestras colecciones de pinturas, tallas y retablos.
La misma ha sido realizada gracias a la Fundación Bunge y Born que con gran sensibilidad y generosidad ha decidido apoyarnos en esta tarea de salvaguardia del patrimonio.
Los trabajos fueron realizados por un equipo de excelencia integrado por Ariel Fridman, Viviana Mallol y Pilar Vigil, con la colaboración de Alejandro Martínez en la documentación fotográfica.
Exposiciones
Patrimonio Permanente
Continúa hasta fines de setiembre.
Miguel Pereira – Pinturas
Español contemporáneo.
Desde el jueves 1 hasta el lunes 26 de julio.
Imágenes Jacobeas
Concurso de pintura cuya temática será evocar los hechos, historias y leyendas del Apóstol Santiago.
Auspicia la Embajada de España, Secretarías de Cultura y de Turismo del Gobierno de la Ciudad y entidades privadas.
Durante el mes de setiembre.
Conciertos
Academia Bach
Conciertos didácticos a cargo del Maestro Mario Videla. Auspicia Festivales Musicales de Buenos Aires.
Sábado 4 y domingo 5 de setiembre a las 20,30.
Coral 3
Director: Mario Konikoff. Música española renacentista y contemporánea. Música argentina.
Jueves 16 de setiembre a las 20,30.
Teatro infantil
Claramanía
Espectáculo musical infantil. Director: Manuel González Gil.
Informes al Tel. 4783-2640 / 4784-4040. Ingreso por la calle Mendoza 2248.
Todos los días durante el mes de julio en vacaciones de invierno.
Copyright ©1999 Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
gcba@buenosaires.gov.ar
No esta mal buen articulo para leer
ISSN 1851-5843, otorgado por el Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica (CAICYT), del CONICET
Sábado | 6 · Febrero · 2010
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Enquête (encuesta) sobre la Independencia argentina
El 25 de mayo de 1810 -a poco de llegar a Buenos Aires la noticia de que Sevilla había caído en manos de las tropas de Napoleón- se constituyó en Buenos Aires el primer gobierno patrio. Reunido en la Plaza de la Victoria, hoy Plaza de Mayo, el pueblo de Buenos Aires impuso su voluntad al Cabildo y creó la Junta Provisoria Gubernativa del Río de la Plata, conocida como Primera Junta. Se iniciaba así el proceso revolucionario que desembocaría en la declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816. Para recordarlo, hemos seleccionado una encuesta a importantes personalidades del momento realizada por la revista Caras y Caretas en mayo de 1910, en ocasión del centenario de la Revolución de Mayo. La Enquête reúne opiniones sobre el país de escritores como Máximo Gorki y Rubén Darío.
Fuente: Revista Caras y Caretas, 21 de mayo de 1910
“¿Cree que la República Argentina es conocida en Europa?
Más de una vez me han hecho esta pregunta. A veces he respondido que sí. Otras, que no… En ambas situaciones he dicho la verdad. Un país con sólo cien años de existencia, no tiene ningún derecho para creerse ofendido porque en muchas ciudades europeas de diez siglos de edad se ignore su existencia. Tampoco es justo que en estas mismas ciudades tan doctas, se dé poca importancia a las naciones que, cual la nuestra, se levantan y brillan detrás del horizonte… Sin embargo, todo eso es realidad. Analizando en Europa el conocimiento que allí se tiene de la América latina, tropiézase a menudo con sorpresa curiosa. En Italia, por ejemplo, la gente obrera, la que no lee, la que no estudia, es la que conoce más profundamente a la República Argentina. En cambio, los hombres de encumbrada posición-tanto pecuniaria como intelectual-hablan de nosotros cual nosotros hablamos de Calcuta…”
“¡Malo! ¡Bueno! ¡Qué se yo!… Sólo sé que es verdad. Pero se explica. La gente pobre está bien informada porque de aquí le enseñan geografía todos esos millones de inmigrantes que han venido a enriquecer la tierra y que escriben cartas todas las semanas… En Francia son los escritores, los banqueros y las mujeres quienes saben de nosotros algo más que los mismos hombres de estado. Pongo como prueba a Clemenceau que nos desconoce amablemente. En cambio, con pedantería, Paul Adam no ignora nuestra historia y sabe nuestra fuerza. Y así, muchos…
Ahora bien: ¿cómo reunir las opiniones claras y concretas de los principales hombres europeos sobre la República Argentina? Para lograrlo contaba con un medio: la “enquête”. Aunque el sistema es vulgar por ser antiguo no deja de ser cómodo por lo que tiene de eficaz. Aproveché la ocasión del centenario de la independencia, e inicié la campaña. En cuatro preguntas logré condensar todo mi cuestionario. Lo distribuí entre los literatos, sabios, políticos, poetas y músicos que encontré más próximos a mí. Cien fueron las respuestas recibidas. Dada la extensión del conjunto, seleccioné las que mejor interpretaban el pensamiento de cada país de cada religión y de cada rama del arte. Esas son las que publico. Mi deseo, o mejor dicho, el deseo de Caras y Caretas es altamente patriótico. Quisiéramos sintetizar en esta página todo lo que se piensa de la Argentina en las naciones europeas. Todo lo que se piensa, he dicho. Sí. Todo lo que se piensa, con errores y con franqueza. Con suave galantería y con áspera crítica que por ser justas serán tal vez benéficas.”
“Aunque se tenga poca fe en los consejos que algunos de los ilustres personajes dan, conviene agradecerlos. Hay razones de ética. Estética sentimental. Pero, he aquí las cuatro preguntas de mi “enquête”:
1.a ¿Cuál es su opinión sobre la independencia de la América española y en particular sobre la República Argentina?
2. a ¿Cual podrá ser dentro de las ideas que usted cultiva, el porvenir de nuestro país?
3. a ¿En qué forma podrán desenvolverse y con qué resultado las ideas que le son más queridas?
4. a ¿Tiene usted algo personal o anecdótico que pueda contarnos sobre la República Argentina?
Tales fueron las cuatro preguntas que, escritas en francés envié a todo los países europeos. Jacinto Benavente protestó en el El Imparcial, de Madrid, porque mi circular estaba escrita en francés, idioma que, según su propia confesión, el ilustre dramaturgo desconoce por completo. Decía Benavente que el idioma en que debí formular mis preguntas era castellano, nuestra lengua patria. Confieso que no quise ofender mi propio idioma. Mucho menos a España… Si recurrí al francés fue porque siendo lengua universal, podía con ella hacerme entender de rusos como Máximo y Sienkiewicz, de polacos como Paderewsky, de ingleses como Wells, y hasta de los mismos sabios franceses. Si les escribo en español ninguno de ellos hubiera comprendido. Desgraciadamente en Europa el castellano lo hablan sólo algunos españoles… La abundancia de respuestas francesas, italianas, suizas e ibéricas, obligóme a reducir el número de las que debía publicar a fin de que aparecieran representadas en síntesis todas las naciones del continente europeo. Así veréis figurar a Francia con personalidades multicolores como Bourget, Paul Adam, el ex capitán Dreyfus, la victima de la isla del Diablo, ; León Bourgeois, el célebre pacifista de La Haya; Max Nordau, Jules Lemaitre, el Sar Peladan […]
[…] Como veis desfilan hombres de todas las ideas y de las tendencias científicas más contradictorias. Ningún prejuicio dio la elección de las respuestas. En muchas de estas opiniones no tenéis errores y con doble intención es conservado. Conviene que allí queden para realce de las otras respuestas donde se dicen verdades amargas y mentiras audaces. Reunid estas hojas cual si fueran las varillas dispersas de un abanico japonés y tendréis ante vuestros ojos nacionales un paisaje lleno de sol y de sombra. Es el paisaje que los europeos ven en la República Argentina cuando la miran por encima del mar…”.
Juan José SOIZA REILLY
El ex capitán Alfredo Dreyfus
París, marzo de 1910
Después de las heroicas luchas sostenidas por los habitantes de Buenos Aires contra los ingleses a principios del pasado siglo, la revolución contra el dominio español estalló en ese medio de fermentación, dando por resultado la proclamación de la República Argentina, cuyo desenvolvimiento durante estos últimos años ha adquirido un vuelo maravilloso, que desde aquí seguimos con la más profunda simpatía. Saludo al par que nosotros la fecha gloriosa cuyo centenario os prepararais a celebrar y que fue para la Argentina la aurora de una era de libertad y de progreso.
Alfredo Dreyfus
De H. G. Wells
Señor:
Todo lo que yo pudo decir en contestación a sus amables preguntas es que los ingleses vemos con placer el progreso de la República Argentina que pone sus bellezas morales, intelectuales e históricas a la altura de las bellezas geográficas.
Mis más cordiales saludos a la República Argentina.
Londres, marzo de 1910.
H. G. Wells
De Máximo Gorki
Capri (Italia), enero de 1910
El aumento del imperialismo en los Estados Unidos de América Septentrional, traerá para la América del Sur una grave invasión política y económica. La República Argentina no podrá evitar de ningún modo una colisión,-tal vez un fuerte choque bélico,-con las tendencias imperialistas de los Yanquis.
Creo que este proceso de absorción que ejercerá el continente americano, valiéndose del capital de los Estados Unidos de América, principiará, sin duda, tan pronto como comience a ejecutarse el proyecto del canal de Nicaragua.
Desde el punto de vista de los intereses del capital, las naciones son los mercados libres de la tierra donde tiene derecho a proveerse toda la humanidad. Frente a esto, la independencia de una nación, su cultura y los esfuerzos que ella despliegue para desarrollar su espíritu, carecen por completo de valor.
Estoy persuadido de que en un porvenir más o menos cercano,-tal vez en el siglo XX,-los españoles de la América tendrán que soportar un vivo ataque, punible y hostil, del capital de la América del Norte.
No es necesario ser profeta para emitir esta opinión, pues ésta surge de toda una serie de hechos reales y de cargos concretos. Además está basada en la necesidad histórica que tiende siempre a encadenar el hombre con las fuerzas ciegas y terribles del oro…
¿Qué más podré deciros?
Agradezco, con infinito reconocimiento, a la literatura española, lo mucho que le debo. Sus maestros han tenido una influencia muy grande en la vida de mi corazón. Especialmente y sobre todos, Miguel de Cervantes, cuyo Don Quijote tan querido y de un alma que se aproxima mucho a nuestra alma rusa.
Siento gran estimación por las obras de Pérez Galdós, Blasco Ibáñez y Echegaray. Desgraciadamente sólo he podido leer estos autores en traducciones rusas y francesas.
Siento sinceramente no conocer otros muchos talentos españoles y sudamericanos cuyos libros están publicados únicamente en su lengua natal.
De todo lo que sé sobre la América española y de los últimos acontecimientos ocurridos en España con el asunto Ferrer, saco en consecuencia que están muy próximos los días del Renacimiento de todas las fuerzas que constituyen el Genio Nacional Español.
¡Que lleguen pronto tan hermosos días!
Máximo Gorki
De Paderewski
Rion – Boson – Suisse
A los argentinos:
Pronto celebrareis el centenario de vuestra independencia.
¡Cien años de libertad!
A nosotros, los polacos, eso nos pone tristes, muy tristes y muy melancólicos. Hace 16 años conmemoramos tristemente el centenario de nuestra esclavitud. ¡Pobre Polonia!
Sin embargo, no somos envidiosos. De todo corazón, con toda el alma, felicitamos al valeroso pueblo argentino que gracias a su trabajo, a su energía y a sus propios méritos conquistó su libertad; y es también de todo corazón que hacemos votos fervientes para que nadie turbe vuestra dicha, vuestro progreso y vuestra gloriosa independencia durante muchos siglos venideros…
J.J. Paderewski
De Rubén Darío
La independencia de América española fue hecha por los españoles, por los criollos, y tuvo mucha culpa la literatura.
Cierto que hubiera desde fines del siglo XVIII sublevaciones de negros y de mestizos como las de Coro, en Venezuela, en 1795, y otras. Pero esto ha pasado siempre en otras partes en donde el caballo se encabrita, la llama se echa, o el asno se planta. La idea revolucionaria, la que había de encender la guerra separatista contra España y crear las nuevas nacionalidades llegó en los libros que leían los blancos, los peninsulares trasplantados y sus descendientes. Y todos los libertadores sino son nobles, pertenecientes a familias con parentela en la madre patria; y los dos más grandes, San Martín y Bolívar, sirven en su juventud en el ejército español.
La gente lee; aunque lleguen pocos ejemplares del libro, estos pasan de mano en mano. Y luego si, “c’est la faute á Voltaire, – c’est la faute á Rousseau”, a los enciclopedistas, y a la eterna novelería humana. Y póngase fuego a tanta pólvora concentrada como había en los nacidos en aquel suelo, de padres españoles, y que se sentían más papista que el Papa, esto es, más americanos que América. Como los criollos de ahora y con un alma romántica. Mestizos, mulatos, zambos y negros engrosarán la fiesta de la sangre y del heroísmo por la libertad.
Después hay que contar también con el concurso de tales o cuales extranjeros amantes de la aventura encuentran propicia el instante para guerrear contra el español, el “infame opresor”, el “León ibérico”.
Los ejemplos de la América inglesa y de Francia resolvieron los gloriosos delirios. La independencia estaba madura. Era fatal. No podía ser de otro modo. Pero por madura que estuviese, había que sacudir mucho el árbol luego, una de las causas principales, la causa económica.
España fue, como siempre, mala administradora. Los gerifaltes de Heredia, multiplicados en nuestras Indias, hicieron cosas muy éticas y muy heráldica, pero que tuvieron las más deplorables consecuencias.
Yo me imagino una nación que hubiese, después de hecha la conquista de América, dominado el continente y las islas, como Inglaterra sus colonias. Sacar atributos, imponer virreyes; no tocar cultos autóctonos, e ir suprimiendo poco a poco aquellos que chocasen demasiado, como los sangrientos de México. Y tener a los Incas y a Moctezuma y su gente es, como la Gran Bretaña ha hecho con los maradjahs y además príncipes raros de sus dominios. La famosa ley del progreso hubiera hecho lo demás.
¡Oro! Perfectamente. Pero en esas rapiñas ilustres, el viejo León, el llenado de romances, no supo nunca emplear las garras como un hábil leopardo que se respeta.
Virreyes, o I. Doria, adelantado, encomenderos y todos esos señores que tan admirablemente conoce el argentino Juan Agustín García, no habían sino preparado la obra de los insurgentes. Y cuando llegó el instante, la literatura fue la mecha que hizo estallar mina. Si los libros europeos no se exaltan aquellas fantasías, no se pronuncian aquellas arengas, no se escriben aquellas proclamas, ni se comprende bien lo que han llevado a cabo en 1776 los colonos norteamericanos, y en 1789 los ciudadanos franceses. Y los españoles mismos, con el espectáculo de su bravo patriotismo en 1808, contra la invasión napoleónica, esto es, por la libertad y por la independencia, no acaban sino de dar la viva lección a los hispanoamericanos deseosos de gobernarse por sí mismos.
Que la independencia ha sido un bien, con todas las abominaciones y terriblezas que se han sucedido en las repúblicas hispanoparlantes, es innegable. De no ser así, nos encontraríamos a estas horas con mucho, como hoy se encuentra España. Y no digo más.
(…)
¡Y después! Brotará también de allí la luz de las naciones australes. Se sabrá-¡y pronto!-Como piensa, cómo siente, como sueña ese vasto pueblo. No hay comparación mejor que con los Estados Unidos. Como allá, la raza se mezcla, la fiebre de trabajo se propaga, la conquista del oro se agranda, el progreso material crece, la lucha por la vida intensa, aumenta; y todo eso sirve para que bajo el imperio del guarismo, la labor del espíritu sería considerarse también en su calidad de valor. Así la Argentina total entrará en la inmensa comunidad del mundo. El trigo de Rusia: sí; pero también Tolstoi. Las carnes, los granos y las máquinas yanquis: sí, pero también Whitman.
III
Que la cultura sea una de las grandes ligas del estado. Que, pues, se ha tenido para la formación del espíritu nacional una universal contribución, se proyecte la obra de la Nueva y Gloriosa Nación, por todas partes.
Que la riqueza material valorice y sostenga y propague la riqueza mental. Que se haga como en los Estados Unidos: que se exporten dignamente los elementos intelectuales propios, lo buenos, lo mejores, y se hagan valer en los centros docentes europeos.
Que a la xenofilia, muy natural en una nación que se forma con tanto conglomerado extranjero, se le agregue una buena dosis de chauvinismo y de jingoísmo. Ayudar con puño y hombro a todo lo argentino. Con puño y hombro, quiere decir en “yanqui”, con mucho dinero. Ya se tiene, para comenzar, una prensa que está entre las dos o tres primeras del mundo. Es un buen comienzo. Pero que se vea más en Europa esa prensa, y los libros, y los cuadros, y las estatuas argentinas. Que no se sea “yanqui” sólo por Sarmiento y por Drago: que esos señores millonarios hagan algo de lo que hacen los millonarios del norte.
Rubén Darío
Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar
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Cinco cartas de Miguel de Unamuno para Ignacio Zuloaga
Mariano GÓMEZ DE CASO ESTRADA, Encargado del archivo del Museo Zuloaga
El archivo de correspondencia que se conserva en el Museo Zuloaga es singular y excepcional venero donde acudir para conocer la dimensión cultural de España –Europa y América– durante la mitad del siglo XIX.
Expreso mi fidelidad al recientemente fallecido J. Ignacio Tellechea Idígoras, excepcional compañero en la investigación de ese abundante manadero.
El rector de la
Universidad de Salamanca.
2-X-1908
Particular
Miguel de Unamuno.
No sabe usted bien, amigo Zuloaga, cuanto sentí no haberle visto en Bilbao. Losada (1) me dijo cómo estuvo buscándome. Y si no hubiera sido por que usted andaba de un sitio á otro como el judío errante habría ido a Eibar (2) á verle y a ver al enano. (3)
Pero ni este viaje que pensé hacer con Regoyos (4) o con Iturrino (5) se me arregló. A ver si mientras está usted ahí puedo visitarle pues hace años que deseo visitar Segovia que, aunque parezca mentira, no conozco yo que he corrido media España. (6)
Lo de la Nación (7) fue como usted vio, un desahogo. Usted dispone afortunadamente de una lengua universal como son la línea y el color, y no necesita que le traduzcan, por lo que no ha luchado tanto con cierto injustificado desdén que hay contra España y los españoles.
Siempre le he creído no ya un buen vascongado sino uno de los más típicos representantes de la casta. El haber resucitado y paseado triunfalmente por el mundo el alma de la antigua y castiza pintura castellana (8) es una prueba de ello. Soy de los que creen que nosotros, los vascos, somos los que mejor comprendemos y sentimos lo castellano y por mi parte no pararé hasta restaurar lo que hay de eterno en su mística.
Ciertísimo que en nuestro país no hay ambiente para el artista. El grupo de los que viven en Bilbao (Losada, Regoyos, los Arrúe, Larroque, Arteta, Mogrovejo, etc.) quieren creerlo pero tropieza con la fría hostilidad del ambiente á todo lo que no sea el culto á la brutalidad y a la rutina. Y luego la memez, la chocholería, que cunde.
Los vascongados que nos hemos fraguado una autoridad y un nombre, sea en lo que fuere, lo hemos hecho no sólo fuera de nuestro país sino a pesar de él y a las veces hasta con su hostilidad.
De esto y de otras mil cosas hablaremos cuando nos veamos.
El año 1910 me voy a la Argentina llevado por las sociedades españolas de allí con motivo de las fiestas del centenario de la independencia. Permaneceré allí unos meses visitando el Uruguay y Chile.
Son nuestro porvenir aquellos países. Me parece haber oído que también pensaba dar una vuelta por América pero supuse sería por los Estados Unidos. No creo que perdiera tampoco el viaje a la Argentina. (9)
Sabe que es su amigo
Miguel de Unamuno.
(1) Manuel Losada (1865-1949) Estudió en París, becado por la Diputación de Vizcaya
(2) Lugar de nacimiento de Zuloaga. Exposición de Industria y Arte. Visitada por los Reyes.
(3) El enano Gregorio el botero, cuadro realizado el año anterior en Segovia, obtuvo un gran éxito esa primavera de 1908 en los Salones de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de París.
(4) Darío de Regoyos, (1857-1913) Asturiano afincado en las Vascongadas. Muy interesante correspondencia de éste hay en el Archivo Zuloaga; confirma la larga y profunda amistad.
(5) Francisco Iturrino, (1864-1924. Gran amigo de Zuloaga y Matisse.
(6) El 9-08-1909 da la noticia de la llegada de Unamuno el periódico local El Adelantado de Segovia.
(7) MIGUEL DE UNAMUNO, . La Nación. Buenos Aires, 24 de mayo de 1908. Al respecto de esta carta mi estimado amigo José Ignacio Tellechea Idígoras en su obra Zuloaga y Unamuno, glosas a unas cartas inéditas, editado por el Museo Ignacio Zuloaga, Zumaia, 1987 reproduce la escrita por este artista desde Blankenberghe, 3 de julio 1908. Gran Hotel Continental, Centre Digue de Mer. Propiétaire Alb. Nuytemans, de l’ancienne firme Deswer Frères.
Amigo Unamuno: Un amigo mío de Buenos Aires me ha mandado el artículo que con el título –Zuloaga el Vasco- ha escrito Ud. En un periódico de allí, y debo decirle que se lo agradezco mucho.
Muy a menudo me han recriminado en nuestra tierra el ser mal Vascongado.
¿Por qué?
Porque no pinto allí.
Porque no vivo siempre allí.
Y yo me he quedado con las ganas de contestarles. No pinto aquí… porque no encuentro el país pictórico para mi temperamento.
No vivo aquí… porque no hay vida para un artista.
Y además… Uds. viven aquí, porque no son capaces de vivir fuera.
Me creo Vascongado hasta el tuétano, quiero mi tierra como el que más, pero sin las chocholerías que allí reinan. Gracias querido Unamuno. Ya sabe que soy siempre de Ud. amigo verdadero.
Ignacio Zuloaga
Estaré en Eibar dentro de Unos días.
Ignacio Zuloaga.
Si esto opinaba en 1908, lo refrendaba en 1945, muy poco antes de su muerte.
“yo añoro y persigo [...] lo potente, lo recio, lo áspero y hasta lo agrio; [...] Castilla me ha dado la plenitud de sus deslumbramientos y penumbras, sus oposiciones vigorosas de azules, granas y amarillos, y esos grises incomparables de sus lejanías caliginosas, los elementos cardinales de los fondos culminantes y de los únicos paisajes integrales que ha perpetuado mi paleta”.
Darío de Regoyos, amplía la zona geográfica negativa, incluye todo el reino. En 1900 escribe a Zuloaga:
Haces bien en irte de las Batuecas. Toda España es una inmensa Batueca y por eso debemos tomar de ella los tipos, los pueblos, los montes, pero nunca entregar nuestras obras a ser juzgadas por un jurado de batuecos…
(8) Al citado El Adelantado de Segovia, del día 19-05-1913. declaraba Zuloaga: “mi obra vendrá a ser lo que es, lo español, lo castizo, lo que está en las gentes y en las cosas, lo que he visto y he sentido lejos de mi tierra, y he paseado con amor, como rico trofeo evocador de nuestra raza”.
(9) Del 21 de marzo al 11 de abril de 1909 expuso en Nueva York. Luego acudió a la magna exposición de pintura en Argentina; se inauguró el 12 de julio de 1910 y duró cuatro meses. Obtuvo el Gran Premio de Honor.
El rector de la
Universidad de Salamanca.
3-XII -1908
Particular
Créame, amigo Zuloaga, que de buena gana iría á pasar unos días con usted en esa pero por ahora no puede ser. En proximidades de vacaciones es cuando más debo estar aquí para contener la desbandada.
Además he perdido unos días con un viaje á Lisboa y me encuentro con trabajos y correspondencia atrasados. En Madrid, donde estuve de paso le vi un día yendo yo en tranvía, con Uranga (1); después no supe de usted.
Tengo muchas noticias de Mr. Huntington, (2) de quien usted me hablaba, aunque no le conozco ni he cruzado carta alguna con él. Pero me han hablado de él varios amigos unos yanquis y algunos españoles, y sé todo lo que hace por España.
Mi amigo Mr. Royall Tyler, un inglés que conoció a usted, me habló de usted hace poco.
Tengo ganas de que nos veamos y charlemos mas por ahora habré de dejarlo.
Ya sabe cuan de veras es mi amigo,
Miguel de Unamuno.
(1) Pablo Uranga y Díaz de Arcaya, el íntimo, quizás el más apreciado de los amigos de Zuloaga, nació en Vitoria el año 1861 y falleció en San Sebastián el 1937. Trabajaba en París, al lado del vallisoletano afincado en Bilbao Paco Durrio. A ellos se unió Zuloaga cuando dejó Roma para instalarse en París, 1888. Prácticamente vivieron juntos hasta el fallecimiento del vitoriano.
Este año de 1908, Uranga en octubre estuvo en Madrid Algunos días, de paso, ya que había concurrido a una exposición en Zaragoza.
(2) El magnate Huntington admira a los dos grandes de la pintura española de aquellos años, Sorolla y Zuloaga. Quiere realizar una gran exposición en Nueva York conjunta pero no se llega a un acuerdo.
Sr. Don Ignacio Zuloaga
Mi estimado amigo: Tenemos el propósito de ir a visitarle a esa Juan Echevarría (1) y yo el día 16, jueves, y le escribo con anticipación, según me advirtió, primero para saber si está en casa –en caso de no recibir contestación a tiempo deduciré su ausencia– y segundo porque me dijo que quería avisar a Larreta (2) para que ahí nos viéramos.
Acaso usted se halle ahora en Salamanca, a donde iré yo el día 21, pero nada pierdo con escribirle ésta.
Sabe cuan de veras es su admirador y amigo,
Miguel de Unamuno.
Bilbao (Calle de García Salazar) 12 – IX – 1915
(1) Juan Echeverría Zuricalday. (Bilbao, 1875- Madrid, 1931) Ingeniero industrial formado en Francia, Inglaterra y Alemania. En 1902 abandonó la profesión para dedicarse a la pintura. En 1903 formaba grupo en París con los artistas españoles.
(2) Enrique Rodríguez Larreta. (1873-1961, Buenos Aires. Ministro Plenipotenciario de su país en París. La gloria de don Ramiro, 1908, novela situada en Ávila en tiempos de Felipe II, le dio, de inmediato, fama universal. Hay correspondencia de Zuloaga de 1910 en la que se interesa por ella, tras haber comenzado las relaciones con su autor. En febrero de 1912 realiza en París su retrato.
Salamanca,
22-XII-1915
Aun tarde, querido amigo Zuloaga, más días en volverme de Madrid a esta que había deseado. La Corte me empacha pronto y cada día más. No puedo trabajar en ella, y sin trabajar, cómo se mata el tiempo? Lo que llaman distracción no es sino aburrimiento. Le espero, pues, para primavera a la obra de ese retrato que tanto, y no sólo por razones personales, me interesa. Verá usted esta mi Salamanca. Y la llamo mía porque a las veces creo que la proyecto yo. Bien decía Cervantes que “enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”. Tengo la cita fresca porque estoy escribiendo un formidable comentario al Licenciado Vidriera que es donde se halla. Verá usted en primavera la áurea esplendidez de esta ciudad que parece un poso del cielo en la tierra.
Miguel de Unamuno.
He hecho una cosa sobre el retrato de Carlos II de Carreño, con referencias al bobo de Coria (este es el tonto popular, alegre, que se ríe de todo, y aquel el idiota regio, trágico, que de todo se asusta) y hasta al Jacob de Ribera. Ya se lo mandaré cuando se publique.
Me consuelan las noticias que del estado de ánimo de París me da. Y digo consuelo porque me tiene exasperado el bárbaro germanofilismo de aquí. Parece que al fin encontró su fórmula la ramplonería de nuestra burguesía intelectual. Quieren hacer una virtud de nuestra neutralidad que no es más que una triste necesidad de orden interior. La germanofilia española no es más que el odio a la personalidad y a la libertad, le envidia inquisitorial y frailuna. Ya sueñan los imbéciles con que se les obligue a los que no lo son a ir con ellos, codo a codo, y a paso de parada.
Hablar por hablar de la ligereza francesa, pero es esa ligereza lo que les pesa. Mucho más que una montaña. Y eso de que la ligereza les pesa tanto y tanto les oprima, algo es. No pueden pasar con que un soplo de espíritu derriba más que un cañón del 42, estos cañones tan famosos hace un año y tan callados hoy.
Yo también espero la paz pero una paz que lo sea de verdad y no una mentira tudesca. Ya se preparan esos boches a la conquista mercantil y hasta cultural de España. Están llamando a lo que todos tenemos de tenderos y de catedráticos. Y si lo dice un catedrático cuya vida ultima ha sido la lucha contra el oficio. Ya están halagando al mercantilismo bajo y la pedantería, buscando en nosotros el épiciér y el cuistre. Ya dicen por ahí algunos que son, los alemanes los que han de alumbrar nuestras riquezas materiales aun ocultas y los que han de descubrir el alma española a los españoles. ¡A mí, no!
Supongo que verá a Larreta y a Barrés (1). Salúdelos con todo afecto. A ambos me gustaría verlos aquí.
A Barrés le leo entre otros sitios en el Soleil de Midi, de Marsella, que recibo y donde alguna vez colaboro.
Y basta por hoy.
Ya sabes que le admira y quiere su amigo y paisano,
Miguel de Unamuno.
(1) Mauricio Barrés. (1862- 1923). El año 1913 realizó Zuloaga el retrato de Barrés, situándolo ante barranco del Tajo; con cierto paralelismo en la composición de la que se sirvió para retratar Larreta ante Ávila, en 1912. Unamuno, por lo tanto, de ninguna manera desconocía las obras de estos dos hispanistas, y el nudo amistoso que les unía con el pintor eibarrés.
Carte-Lettre.
Expedié par M. de Unamuno.
Dem‘, à París.
Rue Lapéronce n.º 2
Amigo Zuloaga: Mañana, jueves, a eso de las 3 –hora oficial moderna; o sea las 2 del sol que se ríe de oficialidades– estaré en esa su casa. Procuraré ser puntual –es mi costumbre– y se lo digo porque no almuerzo aquí sino con unos amigos, pero para esa hora estaré bien libre. Y cuando pase esta racha y acabe usted el retrato (1) voy a ver si me voy unos días al campo.
Tienen mis ojos hambre y sed de verdura libre!
Miguel de Unamuno.
París, 13-V -1925
(1) El retrato, realizado efectivamente en París ese de 1925, forma parte de los fondos de la Hispanic Society, Nueva York. Por sus ataques a la monarquía, y a Primo de Rivera, fue destituido de su puesto de rector de la Universidad de Salamanca el año 1924. Se le confinó en Puerto del Rosario, Fuerteventura, de donde logró huir a Francia, de donde volvió en 1930 a la caída del dictador.
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La emigración italiana hacia la Argentina
En el arco de poco más de un siglo, que se extiende a partir de mediados del ‘800, un ejército de italianos, hombres, mujeres y niños, atravesó el Océano Atlántico en busca de trabajo y tierra. Una de las metas predilectas, además de Estados Unidos y Brasil, era la República Argentina, país que desde mediados del siglo XIX se presentaba en el mercado internacional demandando capitales, tecnología y mano de obra para la explotación de sus extensas praderas de clima templado. Entre 1871 y 1973 poco menos de 4.000.000 de italianos ingresaron en Argentina y aproximadamente la mitad se radicó definitivamente en este país. En la actualidad se calcula que casi la mitad de la población argentina es de origen italiano, lo cual hace de este país un caso único entre sus pares del continente.
El flujo migratorio que se estableció entre Italia y Argentina, desde fines del ‘800, fue la respuesta de ambos países al desafío de la modernización de sus respectivas estructuras económicas en sentido capitalista. Masas de campesinos italianos, expulsados por una agricultura tradicional y atrasada en vías de transformación, hallaron desahogo en una Argentina entonces casi despoblada, sedienta de agricultores para explotar las enormes extensiones de terreno conquistada a los indios a partir de la década del ‘70. La clase dirigente de ambos países gobernó, con algunas vicisitudes hasta el inicio de la Gran Guerra, en función de dos enunciados contrapuestos y complementarios; mientras en Italia se consideraba la emigración una “valvola di sicurezza””, en Argentina J.B. Alberdi había formulado años atrás su famosa formula “gobernar es poblar”.
Esta corriente migratoria, que alcanzaría cuotas altísimas y estaba destinada a durar alrededor de un siglo, fue precedida por una corriente anterior, numéricamente poco relevante, compuesta por marineros desertores, capitanes de barco y pequeños comerciantes lígures que escapaban de la crisis comercial de los puertos de la Liguria y por los exiliados políticos de las fracasadas revoluciones liberales (1820/21-1848/49) del período del Risorgimento Italiano (proceso de construcción del estado nacional italiano). A mediados del siglo XIX la presencia italiana era notable en la navegación de cabotaje y en el comercio minorista de todos los puertos fluviales argentinos; mientras que en la ciudad de Buenos Aires una élite de intelectuales mazzinianos daba vida a una actividad periodística, asociativa y cultural destinada a una larga duración.
En el flujo migratorio italiano hacia Argentina se reconocen tres períodos. El primero y más importante, desde el punto de vista cuantitativo, se extiende desde mediados de los años ‘70 hasta 1915. Se caracterizó por el ingreso masivo de pequeños propietarios agrícolas y peones rurales que representaban las ¾ partes de la corriente, mientras que el ¼ restante estaba compuesto por artesanos, comerciantes, profesionales y artistas. Al inicio del período procedían de las regiones del arco alpino y hacia el final, de las regiones centrales y meridionales. A pesar de la procedencia rural, y debido en parte a la dificultad de acceder a la propiedad de la tierra, un alto porcentaje de ellos terminó fijando residencia en las ciudades -pequeñas y grandes- ocupándose en actividades secundarias y terciarias,
En cuanto respecta al mundo obrero urbano, especialmente en Buenos Aires, los inmigrantes italianos participaron activamente en la creación de las primeras organizaciones de trabajadores y en la realización de las primeras protestas sociales.
El Censo Nacional de 1914, año en el cual se cierra el período de la inmigración masiva, da cuenta de la existencia de poco menos de 1.000.000 de italianos distribuidos capilarmente en todo el territorio nacional aunque concentrados notablemente en las grandes ciudades puerto -Buenos Aires, Rosario, La Plata, Bahía Blanca- y en las zonas rurales de las provincias del litoral pampeano. Esta extraordinaria diáspora contribuyó a dar a la Argentina una “impronta italiana” a la vez que un profundo e intenso vínculo cultural y económico con el país europeo. Impronta que sería alimentada con los sucesivos flujos migratorios.
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Tras el fin del primer conflicto mundial la corriente migratoria se renovó con similares características, en cuanto a la procedencia rural de la mayoría de sus integrantes y el destino urbano de los mismos; se diferenció en cuanto al origen regional, ahora en gran parte eran procedentes del mezzogiorno.
De todos modos no alcanzó el mismo nivel cuantitativo ya que a las restricciones a la emigración ultramarina impuestas por el gobierno de Mussolini se sumaron las restricciones del gobierno Argentino tras la crisis del ‘30.
El tercer período (1947/1954) coincidió con una nueva etapa de fuerte crecimiento de la economía argentina, esta vez basada en la expansión del sector manufacturero destinado al consumo interno, y con las voluntades conjuntas de los gobiernos argentino e italiano de entablar acuerdos bilaterales para programar el flujo migratorio. Mientras que en la Italia de post-guerra se verificaba un alto índice de desocupación y un agravamiento de los conflictos políticos y sociales, que hacían pensar nuevamente en la “valvola di sicurezza””, en la Argentina peronista, la naciente industria, promovida por el estado, necesitaba obreros especializados y técnicos. Fruto de acuerdos oficiales y de la corriente espontánea de inmigrantes que venían llamados por parientes y paisanos, ingresaron, entre 1947 y 1954 alrededor de 500.000 italianos; de ellos, un 75% fijó residencia en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.
A partir de 1955 el deterioro de las condiciones económicas, con la consiguiente disminución de la demanda de mano de obra y la creciente inflación, que imposibilitaba remitir los ahorros al país de origen, provocó la reorientación de la corriente migratoria italiana hacia otros destinos más felices (Estados Unidos, Venezuela y Australia). En 1960 se puede considerar cerrado definitivamente el ciclo migratorio italiano hacia la República Argentina.
Un estudioso del fenómeno migratorio italiano, Gianfausto Rosoli, realizando un balance del mismo, concluía con esta reflexión: “Da questi brevi e limitati riferimenti puo agevolmente desumersi che nella formazione e nella crescita della nazione argentina il contributo italiano è stato vario e complesso, e non ha riguardo soltanto al’apporto de braccia, ma anche quello di intelligenza e di know how, oltre che di capitale. Sicchè può ben dirsi che nell’impasto e nella nascita dell’Argentina moderna il contributo italiano è stato determinante, ed i vincoli che legano l’un Paese all’altro sono così complessi che non solo non è possibilte reciderli, ma si è inevitavilmente sospinti ad alimentarli ulteriormente.” (”L’emigrazione italiana in Argentina: un Bilancio”, en L’Italia nella Società Argentina, a cura di F.Devoto y G.Rosoli).
Inmigrantes
La conclusión del ciclo migratorio italiano en Argentina coincide con el inicio de un período de infructuosa búsqueda de políticas de crecimiento y desarrollo económico que desembocaron en sucesivas crisis de inflación, hiperinflación, recesión y estancamiento económico. Motivos, todos ellos, que comenzaron a actuar como factores de expulsión de los argentinos hacia el exterior, a partir de fines de los años ‘80. En la actualidad puede hablarse de una verdadera inversión de la histórica tendencia migratoria que ve como protagonistas a los hijos y nietos de españoles e italianos que atraviesan el Océano Atlántico en sentido contrario de sus antepasados movidos por el mismo deseo y la misma necesidad: encontrar trabajo y un lugar donde construir un porvenir. A diferencia del ciclo anterior, los nuevos migrantes parten con una media y alta calificación profesional. De todos modos, el fenómeno es muy reciente y es difícil prever su ulterior desarrollo.
María Teresa Monterisi
Datos biográficos:
* María Teresa Monterisi (Córdoba, 1957). Egresada de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la U.N.C. con el título de Licenciada en Historia.
* Se desempeñó como Jefe de trabajos Prácticos en la Cátedra de Historia Argentina I-B de la Escuela de Historia de dicha Facultad entre los años 1985/1994. Allí inició sus estudios e investigaciones sobre la emigración italiana hacia la ciudad de Córdoba.
* Obtuvo una Beca de estudios del Ministero degli Affari Esteri para continuar su investigación en Italia. Parte de sus investigaciones han sido publicadas en Córdoba: “La presencia italiana en la ciudad de Córdoba, 1869/1895” (en colaboración con A.M.Candelaresi), “Inmigrantes italianos en el crecimiento y transformación de Córdoba, 1880/1914”; “Migración internacional y expansión comercial: el caso de los emigrados lucchesi en la provincia de Córdoba,1880/1914)”; “Asociacionismo católico en la ciudad de Córdoba”.
* Desde 1994 se halla radicada en Palermo, Italia y colabora con la Facoltà di Lettere della Università degli Studi di Palermo como experta en temas de historia de la emigración italiana y cultura hispanoamericana; participa en un proyecto de investigación sobre el fenómeno del mutualismo obrero en Italia. No ha dejado de colaborar con las instituciones cordobesas en materia de historia de la inmigración italiana en la ciudad.
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