¿No hay otra cosa que el peronismo?

Quienes estuvieron o todavía tiene la suerte de estar en Mar del Plata seguramente al menos pasaron por la puerta del Espacio Perfil, ubicado en Alberti, a metros de Güemes. Todos los días hay allí varias actividades, y el viernes pasado tuve la suerte de que el colega Franco Bagnato, el conductor de “Gente que busca gente”, que por ahora vive en Mar del Plata, donde creó Radio Brisas, me acompañara en una charla sobre “Los Setenta: de Rucci a Videla”.

Por suerte, hubo mucha gente; las preguntas fueron muy interesantes. Rescato una de las primeras, formuladas por Mariano, un lector de 15 años: “¿Por qué parece que a este país sólo lo puede gobernar el peronismo?” Le contesté que, lamentablemente, no tenía la respuesta a ese interrogante fundamental pero intenté reflexionar sobre esa cuestión.

En primer lugar, el golpe de 1976 fue la expresión máxima del poder del Ejército y de las Fuerzas Armadas, del llamado “partido militar”, que, en la práctica, había pasado a representar políticamente a sectores no peronistas, a grupos que consideraban que era imposible vencer en las urnas al “populismo peronista” y se refugiaban periódicamente en el Ejército. Al principio, los militares ejercieron un “rol moderador” del sistema político, pero luego se entusiasmaron y fueron copadas por pretensiones fundacionales. Esto es así, pero no enteramente así: también el peronismo fue en busca del Ejército, politizándolo, para derrocar a otros gobiernos, como en el caso del radical Arturo Illia en 1966. La última dictadura terminó en un fracaso rotundo y los presidentes de la democracia recuperada, desde Alfonsín a Cristina, pasando por Menem y Néstor Kirchner, no hicieron otra cosa que recortar el poderío militar a su mínima expresión. Ayudó el contexto internacional con el derrumbe del bloque soviético. Hoy aquel “partido militar” no existe.

Sin embargo, el voto peronista, si bien es mayoritario (alrededor del 27 por ciento), no alcanza para ganar las presidenciales; necesita seducir a otros sectores, de centro derecha o de centro izquierda, integrantes de la vasta “clase media”. Menem sedujo al centro derecha; los Kirchner, al centro izquierda. Pero esa relación tiene sus tensiones. Por un lado, el peronismo es culturalmente refractario a la “clase media”; por el otro, la “clase media” desconfía del peronismo. Cuando el peronismo no supera su nicho y los sectores medios encuentran una figura convocante, que los aglutina, el peronismo pierde en las urnas.

El problema para el “no peronismo” es la defección de la UCR luego de la caída de De la Rúa: se quedó sin voluntad de poder y sin agenda, parte de la cual, para colmo, ha sido absorbida por el kirchnerismo a nivel nacional. Con un radicalismo tan debilitado, a la oposición se le hace difícil concertar una agenda atractiva y alumbrar liderazgos seductores, que puedan desplazar en el corto plazo, en 2015, al peronismo del Gobierno. Pero todavía falta tiempo para esos comicios.

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Comentarios

  1. Yo pienso que la gente cree en lo mejor para ellos y no para la ciudad, por ese motivo existen varios grupos como el Peronimos, los cuales tiene una amplia gama de seguidores, pero aún no lo suficiente para poder llegar más alto. Yo creo que las personas deben de hacer conciencia en que es mejor para la ciudadanía y no solo para sí mismo. Seguir el bien común.

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