El Papa no quiso repetir los últimos años de Juan Pablo II

El sorpresivo gesto de Benedicto XVI le agrega aún más interés a lo que pasa en Ciudad del Vaticano, ese pequeño territorio desde donde se gobierna la Iglesia Católica a nivel mundial. Es la renuncia al poder en su máxima expresión, espiritual y político; como vicario de Cristo y como vértice supremo de un Estado que funciona como una monarquía. También es, claro, un poder económico, con ramificaciones impensadas.

El Papa alemán le ha puesto un límite voluntario a ese poder; podría haber seguido en esas alturas hasta su muerte, pero ha preferido irse porque, dice, ya no tiene fuerzas.

Hay en este gesto un reflejo de un episodio muy traumático para la Iglesia global, que fueron los últimos años del larguísimo pontificado de su antecesor, Juan Pablo II. El Papa polaco estuvo gravemente enfermo y debió delegar el gobierno en la Curia Romana, es decir entre sus colaboradores, y eso provocó varios problemas. La propaganda vaticana disimuló esos inconvenientes enfatizando el sacrificio del Papa enfermo, pero eso no sirvió para eludir los problemas que esa situación provocó.

Desde el punto de vista de Benedicto XVI, su papado estuvo atravesado por la “necesidad” de solucionar un par de esos problemas. Uno de ellos fue la falta de rigor del Vaticano frente a las repetidas denuncias sobre abusos sexuales por parte de sacerdotes y religiosos; el Papa alemán aplicó una saludable tolerancia cero frente a esas denuncias sin ningún espíritu corporativo y sin ningún cálculo menor sobre las consecuencias que eso tendría en la Iglesia de los países más afectados. Y acertó aún desde este punto de vista porque, por ejemplo, en Estados Unidos, donde hubo miles de estos casos, la inserción de la Iglesia ha mejorado mucho al punto de que hay quienes especulan ahora con un Papa estadounidense. Algo impensado hasta hace unos años. Esa tolerancia cero se aplicó también a los casos de homosexualidad explícita en la Curia, algo de lo que todavía se habla poco.

El segundo problema heredado de los últimos años de Juan Pablo II, según la óptica de Benedicto XVI, fue una falta de claridad sobre el mensaje de la Iglesia. Como si la verdad de Cristo se hubiera descolorido. Y el Papa alemán se dedicó desde el primer día a recordar cuáles son las verdades del catolicismo, que, a su juicio, deben ser compartidas por las otras dos grandes religiones monoteístas, el judaísmo y el islamismo. Una de ellas: no hay nada en el mensaje salvífico que justifique la muerte de otras personas, algo siempre útil para la historia de Argentina, por ejemplo, pero también para quitar todo argumento a los atentados de los “mártires” contra Israel. En esto también acertó: esos atentados han prácticamente terminado. Y esto explica los lamentos de Israel por la renuncia del Papa, en quien veían, y con razón, a un gran aliado.

Benedicto XVI no ha querido que a él le pase lo mismo que a Juan Pablo II; un Papa enfermo o cansando no puede gobernar a la Iglesia en un mundo tan dinámico.

Además, a diferencia de Juan Pablo II, él nunca pudo formar un grupo de colaboradores en la Curia Romana que se sobrepusiera a las intrigas a otros grupos. Y la mejor muestra es la reciente filtración de documentos reservados. En el Vaticano intrigas hubo siempre, pero un problema grave del pontificado de Ratzinger ha sido la debilidad de su número dos, Bertone, para convertirse en un eficaz primer ministro o jefe de gabinete.

La temprana renuncia confirma lo que siempre se previó sobre el papado de Benedicto XVI: era de transición, para solucionar algunos problemas creados al final del largo papado anterior y para dar paso a un nuevo momento. Y esto tiene que ver con su sucesor. En el centro de la Iglesia, donde vota un puñado de notables, primero se llega a un consenso sobre el perfil del nuevo Papa, sobre cuál debería ser su misión, y luego ese consenso se traslada a un nombre.

 

 

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Comentarios

  1. Entre los principales episodios del pontificado de Juan Pablo II está la primera visita de un Papa a una iglesia luterana (Roma, 1983), la primera a una sinagoga (Roma, 1986), la Jornada mundial de oración por la Paz (Asís, 1986)
    Lástima que no continuaron las jornadas multireligiosas.

  2. Benedicto XVI fué, a mi juicio, el más grande de los últimos 60 años. Se mantuvo firme en su honestidad, al punto de pasar situaciones realmente límites; y su humildad es ejemplo no sólo para la gente de la Iglesia, sino también para todas las personas que apunten a la grandeza.

  3. Muy acertadas tus observaciones Ceferino. Agregaría que JPII pudo estar “hasta el final” porque tenía un Ratzinger apoyándolo durante 20 y pico de años….. El otro tema, es que JPII trabajó el tema de las reglamentaciones sobre la edad, dimisiones y demás “posibilidades” que podía plantearse a un Papa, teniendo en cuenta que ahora los hombres “duran” más, y los cardenales son -en general- tipos grandes.

  4. Con respecto a que nada justifica la muerte de otros, como sucedió en nuestro país, espero, señor Reato se refiera principalmente a los inocentes víctimas de la subversión armada…por otro lado, nada justifica la muerte del inocente en en seno de su madre. Esta es la doctrina social, moral y política de la Iglesia. Cualquier otra interpretación, lo siento mucho, y corre por su cuenta.

  5. Yo creo que el papa Benedicto XVI, está en todo su derecho en declinar, ya que además de ser papa es un hombre como cualquiera de nosotros, y a la vez también se enferma y ocupa reposo para sentirse mejor, cabe resaltar que no solo renuncio y dejo de ser papa sin previo aviso. Su legado se acaba en el mes de febrero, y posteriormente se hará el conclave para seleccionar a un nuevo papa, para que en la semana más importante para los cristianos (Semana Santa), ya exista un nuevo papa.

  6. La posibilidad de la renuncia se sabía desde siempre. La calidad intelectual del papa sin considerar su edad avanzada es una prueba del énfasis de la Iglesia en la importancia de la transición .
    En el nuevo papa se resumirán las necesidades que advierte el vaticano para una época de las más difíciles de la historia del mundo desde el ingreso a la modernidad.

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