Seis dilemas para elegir al nuevo Papa

El próximo Papa será elegido por 117 cardenales, que, según lo poco que se sabe sobre los cónclaves, primero llegarán a un cierto consenso sobre el perfil del pontífice que la Iglesia Católica necesita en este tiempo, lo cual guarda obvia relación con el rol que esa institución debe cumplir ahora, y luego propondrán los nombres que mejor se ajustan a ese modelo. Será elegido, al menos en las primeras votaciones, aquel que logre el respaldo de al menos los dos tercios de “los príncipes” de la Iglesia.

El rol del nuevo Papa parece claro en términos generales según lo ya expresado por Benedicto XVI al hacer pública su decisión de renunciar y en los días siguientes: cambiar la Iglesia, adaptarla a los nuevos tiempos, tanto hacia adentro como hacia fuera. Por un lado, continuar con su cruzada contra sacerdotes y obispos enviciados en el abuso de niños o en el ocultamiento de esos hechos aberrantes y en otra tarea no tan conocida pero no por eso menos relevante para el pontífice alemán: terminar con los casos de homosexualidad explícita en El Vaticano. Otro asunto importante en ese plano es el celibato sacerdotal.

Hacia fuera, la Iglesia tiene varios problemas, tanto con relación a sus fieles como con relación a los no creyentes. En su rebaño, sobresale el problema de los católicos separados y vueltos a casar, que no pueden recibir los sacramentos de la confesión y la comunión, ni ellos ni sus nuevas parejas. En la práctica, la mayoría de los sacerdotes, al menos en la Argentina, hace la vista gorda sobre esta prohibición porque incluso a ellos les parece impropia, pero es una situación irregular.

Parece una misión difícil de cumplir en soledad, sin convocar a una instancia multitudinaria.

Una vez establecida la misión, los cardenales elegirán al mejor entre ellos. Uno de los dilemas es si debe ser un pastor o no, es decir si debe tener o no experiencia al frente de una diócesis importante. Ratzinger había sido el guardián de la fe durante el largo pontificado de un pastor de excelencia, Juan Pablo II, y su misión fue corregir algunos problemas de los años finales de la gestión del Papa polaco. Parece que ahora se volverá a un Papa pastor. Otro dilema es si será italiano o no: algunos sostienen que a los italianos les gustan demasiado las internas, pero otros piensan que solo un italiano le dará una visión global a la Iglesia. Los italianos son 26 de 117 cardenales –son, largamente, la primera minoría— pero no podido coronar a los últimos dos papas por sus divisiones internas. Tercer dilema: ¿será estadounidense? En las últimas décadas hubo una especie de veto implícito pero en los últimos días se hablaba de esta posibilidad dado el fuerte crecimiento del catolicismo en ese país, aunque el candidato número 1, el arzobispo de Nueva York enfrenta problemas graves por el presunto encubrimiento de curas pedófilos. Cuarto dilema: la edad: debería tener la fortaleza suficiente como para encarar una misión desgastante, pero no tan pocos años como para que su papado sea tan largo como el de Juan Pablo II ya que es difícil mantener la iniciativa durante tanto tiempo (el pontificado del Papa polaco culminó con la caída del Muro de Berlín). Quinto dilema: ¿personalidad fuerte o conciliadora? La misión que le espera no es para débiles pero tiene que lograr un consenso de al menos los dos tercios de los votantes. Sexto dilema: el rol de Ratzinger, ¿será un gran elector o se retirará en puntas de pie? Él nombró a más de la mitad de los cardenales y tiene ideas fuertes sobre el papel que le espera a su sucesor; es difícil creer que no hará fuerza para impulsar a quien le parece el mejor nombre. Si esto es así, el nuevo Papa será elegido mucho más rápido de lo que se imagina.

 

 

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Comentarios

  1. Estimado Ceferino, debería explicitar qué entiendo usted por adaptar la Iglesia al mundo. Hay cosas que se pueden adaptar, y otras que no. La doctrina, por ejemplo, no se puede adaptar sino que siempre debe permanecer idéntica. Si no, sería el caso de que, lo era verdad ayer, ya no lo es hoy. Y las verdades de la Iglesia son verdades eternas y no cambian, porque Dios es eterno y no cambia.
    Por eso la Iglesia nunca cambiará su postura sobre los divorciados y vueltos a casar, o sobre las relaciones homosexuales, o sobre el aborto. Sencillamente, no puede hacerlo. Sobre eso, el Papa no tiene el poder de las llaves.
    A veces a los periodistas se les escapan algunos detalles que un católico tiene en claro.

  2. Sr. Reato: hay cosas que ningún Papa puede cambiar salvo que se modifiquen las sagradas escrituras. Si el matrimonio es indisoluble, volver a casarse es concubinato, o sea fornicación. Habría que modificar el nuevo y el antiguó testamento. Un Papa puede hacerlo?

  3. Las misiones del nuevo papa, según Reato (cambiar la Iglesia, adaptarla a los nuevos tiempos, tanto hacia adentro como hacia fuera, el abuso pedófilo, el celibato sacerdotal, el problema de los católicos separados y vueltos a casar, y tantas otras que no se mencionan) ¿no eran las mismas que ya tenía un futuro papa que fuera sucesor de Juan Pablo II?

  4. Las observaciones de el señor Reato me resultan sumamente interesantes.
    La labor del próximo PAPA será sumamente delicada y de una actitud necesaria pero a su vez generadora de mucha polémica interna.
    HOMBRE fuerte y conciliador deberá ser.

  5. Los divorciados pueden recibir la confesión y la comunión mientras estén solos, los que no pueden hacerlo son los que vuelven a estar en convivencia con una pareja, ya que se considera adulterio porque el matrimonio es un sacramento dado por Dios y no le dan la absolución ya que se supone que si estan conviviendo seguiran con el adulterio, a no ser que anulen el matrimonio o queden viudos.
    Dentro de poco convivirán dos Iglesias, la tradicional basada en el Evangelio y la Tradición y la modernista con sus reformas tal como la quieren los sacerdotes de N.York y Austria que se rebelaron contra el Papa sin celibato, ordenación para las mujeres, matrimonio igualitario, y demás cambios dentro de la Misa, hasta la Eucaristía será olvidada. Serán momentos de confusión y la iglesia Católica se dividirá en dos , hasta algunos seguirán tomando por Papa a Benedicto XVI y otros católicos al reformista que no considerarán Papa. Y no nos olvidemos de la Masonería que está infiltrada en el mismo Vaticano que trata de destruirla.

  6. Bueno, veo que ningún dilema tiene que ver con la ética de amparar pedófilos, ni con la honestidad moral de impermitirles el aborto a las mujeres o niñas violadas; y menos con la aceptación del control de la natalidad. Es decir, el dogma es el dogma; para lo demás está la política vaticana.

  7. Esta Institución, llamada iglesia, no representa a DIOS sino a los hombres.
    Esta INSTITUCIÓN CORRUPTA y VIOLENTA roba el amor y el cariño de los pobres en aras de entronizar su poder sobre la tierra.
    Jesús predicaba el evangelio de los pobres caminando en sandalias, sin ningún séquito de ujieres vestidos con túnicas bordadas en oro.
    El vaticano representa hoy el poder de las “Orgas políticas” y “Mafias” ajenas al decir de DIOS. Son el anticristo, la miseria del hombre y la decadencia moral.
    Es hora que la gente abra sus ojos y repudien este poder terrenal infame.
    El papa no existe, no es emisario de DIOS, sino un intérprete del poder humano que relega lo espiritual para entronizar la doctrina del sometimiento y roba el alma a las multitudes creyentes.
    Basta de sometimiento, echemos a estos emisarios de la carroña de las iglesias y confisquemos sus bienes y vivamos felices alabando al verdadero DIOS desde nuestro hogar.

  8. Me parece que muchos hablan aqui desde el desconocimiento en la elaboracion del Antiguo Testamento hay divorcio, relacion entre personas del mixmo sexo tambien porfavor. La Sagrada Escritura es una cosa, la Tradicion la conformaron los hombres leyendo las escrituras Hechos de los Apostoles ustedes que el clero era celibe, y la Iglesia de hoy era como la primitiva. Por favor a leer mas las Escrituras

  9. Se pueden hacer importantes cambios en la Iglesia que hagan que esta este mas cerca de los fieles y no sea solamente un enorme aparato burocratico censurador y controlador de la vida de los demás y que pueda contribuir desde su lugar al dialogo con las demás expresiones religiosas, lo cual no significa que deba renunciar a sus principios y valores. Todo el mundo cree que los cambios implican dejar de lado lo importante por lo superfluo. La Iglesia debe sustentarse sobre la piedra Angular de Jesús que vino a salvar a los hombres cosa que la Iglesia institucional muchas veces no tiene en claro y es una maraña de reglas y normas parece la tradicional religión judía que tan cuestionada fuera por Jesús. Desde esta perspectiva se percibe como nuestra Iglesia tiene la impronta paulina, rabínica y farisaica, reglamentarista y torcidamente reglista como Paulo de Tarso (para los que no saben San Pablo) y no Pedrina, sino la Iglesia sera otra mas humana, sencilla, abarcadora, global y suceptible de cambios reales. Por lo que precisamos un verdadero Pastor y no un doctor, me olvidaba una cosa esta estructura ingobernable, arroladora de personas y movimientos llamada Curia fue fortalecida por Juan Pablo II y Benedicto o sea que ambos son responsables de las intrigas palaciegas que aqui nadie se haga el distraido

  10. LA DIMISIÓN “PAPAL”: PRECISIONES

    Para entender este acontecimiento, preciso es ubicarlo bajo dos premisas fundamentales.
    1. En Ciudad de los Césares Nº 7, Santiago, Chile, mayo-junio de 1989, distinguió don Carlos Di¬sandro, (en su nota Bicentenario equívoco) entre un giro epocal, como la Revolución Francesa conmemo¬rada ese año, y la revolución totalitaria semántica, más nítida en la posterior Revolución Rusa de 1917 y en la “revolución cle¬rical del Vaticano II”, propia de la iglesia romana a partir de los años ’60.
    Cada uno de esos giros, con sus inevitables antecedentes, se encamina hacia la revolución totalitaria, pero ésta exige, por sobre todo ello, la eliminación y reinterpretación completa de cualquier semántica religioso-política tradicional subsistente, para instalar sobre sus ruinas un ciclo tan absolutamente nuevo como el del texto bíblico: la creación de nuevo cielo y nueva tierra, culminante en una nueva humani¬dad con nuevo o nuevos dioses, sometidos ya todos, —cosmos, hombre, Dios— al arbitrio irrestricto de sus neo-creadores, sustitutos de Yahveh. Pero de quienes conducen la revolución totalitaria semántica (servida por el Vaticano y todas sus magistraturas hace ya más de medio siglo), de ellos depende el go¬bierno mundial que mediante con¬trapuestos conflictos sacude hoy todas las regiones del mundo y todas las actividades y dimensiones del hom¬bre, mediante los dialécticos embates de la globalización o global-inva¬sión. La renuncia en cuestión no puede ponerse entonces, so pretexto de chismes más o menos escandalosos o de conjeturas devotas o ridículas, al margen de una pulsión mun¬dialista destinada a ajustar la destrucción de las naciones: sus historias, tradición, lenguas, pueblos, cul¬turas. Y a la consolidación sinárquica del go¬bierno planetario ya en operaciones, que cuando sea pública e inequívocamente ostensible dará coronación a la revolución semántica aludida. Fuera de este marco, comúnmente descuidado por el “tradicionalismo” católico, el renunciamiento es ininteligible, sean cua¬les sean las profecías, los recaudos piadosos o informati¬vos que al respecto se invoquen.
    2. Desde el punto de vista estrictamente religioso, la entrega eclesiástica a la revolución semántica fue y es posible en virtud de la apostasía que suprime el vínculo entre Iglesia universal, transhistórica, trans¬cósmi¬ca y su manifestación histórica, comunidad jerárquica que, aparentando prolongarla, se convierte al apostatar en farsa sustitutiva. Según la tradición doctrinal culminante en la Bula Cum ex Apostolatus officio de Paulo IV (1559), quienes promuevan o acepten la promoción de herejías hostiles a la Fe, como las del Vaticano II y sus secuelas, cualquiera sea la magistratura o dignidad que eclesiásticamente ejer¬zan, quedan ipso facto depuestos de ellas y ya no pueden volver a asumirlas ni siquiera en el caso de que públicamente se retracten de la aposta¬sía en que incurrieron. Siendo éste el caso de Ratzinger y las jerarquías eclesiásticas que lo promovieron y acompañan, es obvio que según la doctrina de la Bula él no es ni fue pontífice como tampoco cardenales, obispos, párrocos, ninguno de los que lo eligió, acató o reconoció. En suma, que Ratzinger no renunció a nada y que los supuestamente autorizados a elegir un nuevo pontífice perdieron para siempre cualquier fa¬cultad para hacerlo.
    Pero en la sedimentación de la apostasía vaticana no fueron los embates transgresores los más efica¬ces, sino el principio “tradicional” de la obediencia. Por eso en la iglesia apóstata, sirviente de la revolución semántica integral, el supuesto tradicionalismo seguirá teniendo su papel. Hay así “tradicio¬nalistas” que aceptan a Ratzinger como papa legítimo pero no algunas de sus decisiones (como los “lefebvris¬tas”). Y otros (como los de la revista Sodalitium y ciertos monseñores) que lo consideran pontífice en potencia o “materialiter”, especie de semi-papa que arrepentido y sometido a ciertos cam¬bios podría conver¬tirse en papa verdadero. Unos y otros alegan variados desatinos para desconocer vi¬gencia a la Bula y su doc¬trina y oponerse a ella. Y aunque de estos sectores suelen salir precisiones acerca de si el “papa” o determi¬nados obispos son pedófilos, judíos, ma¬fiosos o modernistas, o de si exhiben más loables devoción y conducta, según la Bula, por intachables, virtuo¬sos o santos que fueran, mejor para ellos, no por eso dejarían de estar depuestos y sus actos tan nulos como las próximas decisiones del Cónclave en ciernes y las de la falsa o las falsas autoridades que allí y posteriormente se elijan.
    Sólo atendiendo a la delicada relación entre las dos premisas aquí apenas diseñadas, podrán aventarse las confusiones para sostener la Segunda Guerra de la Independencia Americana y el combate de la Fe con el alertamiento y la entrega necesarios mientras las sombras se oscurecen.

    Arnaldo C. Rossi
    Buenos Aires, 26 de febrero de 2013

    Conviene consultar
    1) Iglesia y Pontificado del Dr. Disandro en:
    http://prensanacionalalternativa.blogspot.com.ar/search?q=pontificado

    2) la Bula de Paulo IV y las posteriores Precisiones Doctrinales sobre ella del Dr. Disandro en:
    http://prensanacionalalternativa.blogspot.com.ar/2013/03/bula-cum-ex-apostolatus-officio.html

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