Corrupción como política de estado
junio 22, 2011 | Filed Under General | 4 comentariosLa primera acepción del verbo corromper es “echar a perder, pudrir” .El segundo significado es el más clásico. Usualmente utilizado para designar la acción de sobornar o cohechar. La tercera representación se acerca a la primera: Pervertir o viciar.
En la Argentina de hoy, salvo hechos puntuales, todavía no han asomado a la consideración pública grandes casos de corrupción en el sentido clásico de eventos en el que un particular privado (empresa o persona) intenta o logra sobornar a uno o varios funcionarios públicos “con dinero o regalos para conseguir de él una cosa, generalmente ilegal o inmoral” (definición sencilla de sobornar).
Ciertamente existen muchísimos casos sospechados de corrupción mediante sobornos o connivencia espuria entre contratistas y proveedores del estado y funcionarios de los más diversos niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal).
Pero, esto no es novedad, ni un fenómeno exclusivo de la actual burocracia. La corrupción por vía del más variado soborno existe desde que el mundo es mundo y abarca a todo el planeta, con mayor o menor virulencia. Y, existe, también, por supuesto, en la relación entre privados. Negarlo sería necio.
Conscientes de la baja probabilidad de su completa extinción y con el fin de, digamos, mantenerla a raya, diversas ramas de las ciencias sociales (economía, administración, derecho) han desarrollado, principalmente en el último siglo, técnicas, y diseñado organismos y mecanismos de control que ya son clásicos en casi todo el mundo: Presupuestos, Licitaciones, Contabilidades transparentes, Balances públicos, Rendiciones de cuentas, Auditorías externas e internas, etc. En este sentido, Internet ha venido en gran auxilio de quienes desarrollan estas tareas y, lo más importante, del público en general.
En el caso de organismos públicos este tipo de controles van, casi todos, en un único sentido. Evitar que el estado, en sus diversos niveles, resulte perjudicado por actividades de corrupción que por vía de “sobornos” echen a perder o pudran una actividad o contrato.
¿Pero, qué pasa cuando es el estado, el que, haciendo uso de su extraordinario poder económico y político, diseña y ejecuta una matriz de perversión que envicia determinadas relaciones entre lo público y lo privado, con el objetivo espurio de corromperla y volcarla a favor del gobernante de turno, mediante sofisticados procedimientos de soborno que van en dirección opuesta a la que usualmente se controla?
Los organismos y mecanismos de control existentes parecerían no ser totalmente aptos para detectar y contener esta sofisticada perversión.
Las viviendas sociales, el fútbol para todos, las cooperativas de trabajo, los organismos de derechos humanos, la aerolínea de bandera con barril sin fondo, las obras públicas entre amigos, los medios de comunicación adictos a la pauta oficial, los subsidios al campo y el transporte, han resultado ser, entre otros, campo fértil para esta inédita MATRIZ DE CORRUPCIÓN en la que el Estado es el actor que termina echando a perder o pudriendo todo lo que toca.

Guillermo LoCane es Contador Público, egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Tributarista, consultor, ha sido asesor en el Senado y actualmente lo es en la Cámara de Diputados de la Nación. Integra el Consejo Académico de la Especialización en Impuestos de la Escuela de Economía y Negocios Internacionales de la Universidad de Belgrano, y es miembro de la Comisión de Estudios sobre Finanzas Públicas del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad de Buenos Aires.