Impuestos en la Argentina: Los más malos de la película

Al poner la lupa sobre el sistema tributario argentino, el Impuesto sobre los Ingresos Brutos (provincial) y el impuesto al cheque (nacional), aparecen como los más malos de la película. Ingreso Brutos, en particular es el más dañino porque en cada etapa de la producción, distribución, comercialización mayorista y comercialización minorista se paga una y otra vez cargándose acumulativamente en los costos, con tasas de imposición que se han más que duplicado en los últimos años. Cualquier estimación razonable demuestra que Ingresos Brutos impacta entre 12 y 15% en el precio de venta final. Si a esto le agregamos el impuesto al cheque (1,2% en cada etapa), alrededor del 16 % se explica sólo por estos dos impuestos. Según publica el diario La Nación en una reciente nota, el impuesto a los Ingresos Brutos representa el 53% de la rentabilidad de un comercio promedio (de entre el 10 y el 15%), mientras que las contribuciones a la seguridad social implican el 29% de la rentabilidad y el impuesto al cheque, el 17%.

En total, después de haber tocado un pico de 34% en 2014, la presión tributaria consolidada tuvo una leve baja, a partir de los cambios en Ganancias y Bienes Personales. Sin embargo, hoy sigue ubicada en el nivel cercanos al promedio de la OCDE, que es del 34,2%, aunque con servicios e infraestructura alejados del estándar de los países más desarrollados. Esto engrosó las arcas estatales, pero no fortaleció a las cuentas públicas. En los últimos 15 años, el indicador pasó del 20 al 32% del PBI y, en el mismo período, el saldo fiscal pasó de un superávit primario del 1% a un déficit de 4,2% esperado para este año. Concretamente, en 30 años, la presión tributaria se duplicó en la Argentina hasta llegar al mismo nivel que tienen los países desarrollados.

Un estudio del IARAF (Instituto Argentino de Análisis fiscal) revela que, en promedio, el 44% del precio de los alimentos corresponde a impuestos nacionales, provinciales y municipales que pegan sobre el valor final de un producto de manera directa o indirecta. Para llegar a este porcentaje, el IARAF contempla toda la cadena comercial, desde los insumos hasta que el producto llega a la bolsa del consumidor final. Esto incluye a los tributos que afectan directamente a las empresas (por ejemplo, el impuesto a las Ganancias), como a sus empleados (componente previsional) o al consumidor final (IVA). Mucho incide también el “malo” del impuesto a los Ingresos Brutos, como ya se explicó más arriba.

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