Cristina, los periodistas y los guerrilleros

agosto 31, 2009 | Filed Under Uncategorized | 15 comentarios

Frase gruesa y desgraciada, pronunciada por Cristina Kirchner en un acto bullanguero y partidario, desprovisto de todo decoro de ceremonia de Estado. La Presidenta anunció su nueva ley de radio y TV “en nombre de los 118 periodistas detenidos desaparecidos durante la dictadura, que con su vida dieron testimonio de lo que es el verdadero ejercicio de la libertad de prensa”.
¿Alguien puede documentar que en los años ’70 tantos argentinos perdieron la vida por ser periodistas? ¿Es cierto que fue en testimonio de “el verdadero ejercicio de la libertad de prensa” que militaron, combatieron y murieron Héctor Demarchi, Ernesto Fossati, Diana Guerrero, Mario Hernández y Susana Lugones? ¿Cayeron acaso en su condición de “periodistas” Leonardo, Cristina y Guillermo Bettanin, y Jaime Colmenares?
Convencida de que los goles secuestrados equivalen a los millares de detenidos-desaparecidos, la Presidenta menciona irreflexivamente la cifra de 118 que eran o trabajan de periodistas y resultaron muertos durante la dictadura, pero, ajena a esas luchas y a esas lágrimas, contabiliza como “periodistas” a Juan José Ascone, Miguel Ángel Bustos, Dardo Cabo, Haroldo Conti, Alicia Eguren, Luis Guagnini, Raymundo Gleyzer y Norberto Habegger. Todos ellos (a muchos de los cuales conocí mucho, y con varios de los cuales trabajé a la par) fueron militantes de tiempo completo, la mayoría de ellos encuadrados en organizaciones armadas y orgullosamente asumidos como combatientes de Montoneros y el ERP. ¿Por qué Cristina banaliza sus vidas e incluso desvirtúa que las hayan perdido como parte de esos combates sangrientos y sin cuartel? ¿Acaso Conrado Ceretti, Eduardo Marín, Enrique Raab, Cristina Solís, Horacio Speratti, Eduardo Suárez, Patricia Villa, Tilo Wenner, Mario Herrera, Daniel Hopen, eran meros cronistas consagrados unívocamente la tarea periodística? ¿No es una manera siniestra de desvirtuar las apuestas existenciales por las que derramaron su sangre militantes como Ignacio Ikonicoff, Miguel Lizaso, Héctor G. Oesterheld, Rodolfo Ortega Peña, Luis Piriz, Roberto Santoro, Francisco R. Santucho, Elías Semán, Roberto Sinigaglia, Francisco Urondo, Miguel H. Vaca Narvaja (h), Enrique Walter, María Victoria y Rodolfo Walsh, y Miguel A. Zavala Rodríguez retratarlos como periodistas que ofrendaron sus vidas para que salga una ley como la que ahora ambiciona el kirchnerismo? ¿No es una necia maldad considerar como periodistas a los asesinados políticos uruguayos Gerardo Gatti, Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, refugiados y luego liquidados en la Argentina por los sicarios de la Operación Cóndor?
Horacio Agulla, Julián Delgado, Rodolfo Fernández Pondal, Rafael Perrotta y Edgardo Sajón fueron ultimados por el terror de Estado por ser peligrosos testigos de la criminalidad de la dictadura. Ninguno de ellos era montonero ni militante del ERP, pero, ¿los consideraría respetables la fraudulenta retórica oficial y serían honrados por íconos de los derechos humanos kirchneristas, como Hebe Bonafini y Estela Carlotto?
Aunque Cristina pregone ahora que “la libertad de expresión no puede convertirse en libertad de extorsión y que la libertad de prensa no puede ser confundida con la impunidad de los propietarios de la prensa”, tanta alharaca sobre una cuestión delicada, que exige más que ninguna otra una consensuada y verdadera política de Estado, es solo producto la agónica pelea por retener el poder, y no de ninguna recalentada y sobreactuada ideología progresista, como esa de legitimar la ley de medios en las luchas de los insurrectos de los ’70, combatientes de la primera línea que pusieron sus vidas en la trituradora, pero que se habían levantado en armas y las habían usaron, no -por cierto- en aras de un reportaje o para escribir una columna.
Esa decisión banalizante y de pasmosa superficialidad explica las razones del uso cínico de ideas nobles al servicio de ambiciones prosaicas. Ahora, Cristina Kirchner aporta un nuevo capítulo a su trayectoria cada vez más desprejuiciada, al evocar, para capitalizar sin escrúpulos las historias de implacables combatientes, que peleaban, pistola o fusil en mano, contra la democracia burguesa, y que, en verdad, jamás hubieran disparado una sola bala en pro de la pluralidad informativa.

Mi madre y Kirchner

agosto 25, 2009 | Filed Under Uncategorized | 35 comentarios

La calculadora me ha demostrado que Néstor Carlos Kirchner equivale 32 veces a mi madre. Dicho de otra manera, que ella vale 32 veces menos que Kirchner. En una palabra, que tiene el espacio equivalente al 3% de Néstor Kirchner. Mi mamá es una señora de 92 años. Nació en 1917. ¿Cómo puedo yo llegar a decir que el esposo de la presidenta argentina es como 32 madres mías? ¿De dónde puedo yo deducir que mi mamá, la que me dio a luz, es el 3% del señor Kirchner?
El 20 de agosto se supo exactamente el monto de la jubilación que cobra ese vigoroso luchador de la justicia social que es el doctor Kirchner. Según el Registro Único de Beneficiarios de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS), este mes de agosto, el Banco Patagonia S.A. acreditó en el bolsillo de Kirchner 24.762,17 pesos, por haberes jubilatorios.
Kirchner tiene un haber mensual jubilatorio de $17.325,81, a los que hay que agregarle $4.024,92 que recibe por antigüedad, y además una curiosa cifra –curioso concepto- de $2.000, que recibe como “complemento Presidente”, y una compensación jerárquica que dibuja la bonita cifra de $2.839,75. Hay que descontarle $1.428,31 de obra social.
Luego de haber recibido el alta del trámite jubilatorio en febrero de 2008, pocas semanas después de haber asumido la presidencia su esposa Cristina Fernández de Kirchner, él cobra ahora $24.762,17 por mes.
¿Y qué tiene que ver mi mamá con esto? A los 92 años mi madre cobra $770,66. ¿Cuántas veces son 770,66 pesos de la jubilación de mi vieja, comparados con la jubilación de este paladín de la justicia social, que cobra de jubilación $24.762,17? Kirchner cobra 32 jubilaciones de mi madre. Como jubilada, ella recibe a los 92 años, el 3,11% de lo que le dan a Kirchner.
Es un derecho periodístico elemental darle a las informaciones carnadura humana, salir de las abstracciones, poniendo en escena el discurso verdadero del progresismo, sin cuentos, y compararlo con la retórica hipócrita, mentirosa y fraudulenta que con el pretexto de una transformación social ha encaramado en el poder a un matrimonio de híper millonarios. En este sentido es bueno recordar que un hombre que murió el 31 de marzo de este año, Raúl Ricardo Alfonsín, cobraba naturalmente su jubilación presidencial -porque fue presidente primer mandatario de la Argentina, como lo fue Kirchner-, pero donó desde su primer día tras salir del poder, la mitad de esos ingresos a una entidad benemérita de su terruño natal, Chascomús. No se conoce que Kirchner done nada. Durante los largos años de la dictadura militar, y hasta que se metió en política en 1991 -momento desde el cual ha sido empleado público, hasta 2007- se dedicó a hacer dinero, montando un estudio jurídico en la Patagonia, especializado en la ejecución de hipotecas de bienes inmuebles. Estos $24.762,17 de jubilación -32 jubilaciones de lo que cobra mi madre todos los meses, a los 92 años-, son la más cruda fotografía ante la que deberían exponerse los caraduras y sinvergüenzas que, con cartas abiertas o cerradas, siguen imaginando que la Argentina está asistiendo a una transformación social impulsada por verdaderos paladines de la justicia social.

Solos a la madrugada

agosto 19, 2009 | Filed Under Uncategorized | 3 comentarios

A los gritos, desnudos y en medio de la calle. Así puede definirse el estado de la diplomacia argentina, 75 meses después de que el matrimonio Kirchner ocupara el gobierno nacional.
Al despuntar este 20 de agosto de 2009, la Argentina carece de embajador en el Reino Unido (la capital británica sede del poder en las Malvinas/Falklands) y de cónsules generales en Londres y Nueva York, dos ciudades claves del escenario globalizado. Tampoco ha designado embajadores en Bélgica e Italia. Bruselas, la capital del pequeño reino flamenco-valón, es -de hecho- la cabeza política de Europa, mientras que Roma es capital de una nación originaria de uno de los afluentes centrales de la colonización emigratoria que produjo el surgimiento argentino desde fines del siglo XIX.
Hay ausencias de representación argentina que resultan incomprensibles: la Casa Rosada, por ejemplo, no ha designado embajador en Suiza, una pequeña y perennemente estratégica nación enclavada en el corazón de Europa.
Gobierno retóricamente “tercermundista”, el de los Kirchner carece de embajadores en la vital Angola, país clave en el África, en Vietnam y en Nicaragua. Según el sitio oficial de la Cancillería argentina, tampoco hay embajadores argentinos actualmente en funciones en Dinamarca, Filipinas, Jordania, Kuwait, Irlanda, Siria y Turquía.
Las razones de estas omisiones no son muchas; antes bien, es una sola. Tras la destacada gestión del luego defenestrado canciller Rafael Bielsa, las funciones del ministro Jorge Taiana son hoy bastante decorativas. Jamás ha pretendido ocupar cargos importantes con buenos funcionarios, ni podría hacerlo. Esa tarea ha quedado en manos de los Kirchner desde el primer día.
Las embajadas que están vacantes son el resultado de la indecisión o negligencia del matrimonio gobernante, que seguramente obvia o ignora lo dañino que es para las relaciones entre países que el cargo de embajador no esté formalmente cubierto, una señal de desdén y hasta hostilidad.
Hay, en cambio, una vasta patrulla de embajadores políticos, (según el art. 5° de la Ley 20.957), representantes directos de los Kirchner en casi todos los cargos importantes. En la lista debe computarse, entre otros, a Héctor Timerman en los Estados Unidos, Carlos Bettini en España, Juan Pablo Cafiero en la Santa Sede, Juliana Marino en Cuba, Luis Ureta Sáenz Peña en Francia, Francisco Talento en Miami, Jorge Yoma en México, Ernesto López en Guatemala, Hernán Patiño Mayer en Uruguay, Darío Alessandro en Perú, Alicia Castro en Venezuela, Rafael Romá en Paraguay, Juan Lohlé en Brasil, Horacio Macedo en Bolivia, el general Martín Balza en Colombia, Leopoldo Bravo en Rusia, Ginés González García en Chile, Jorge Argüello en las Naciones Unidas, Rodolfo Gil en la OEA, Jorge Remes Lenicov en la Unión Europea y Miguel Ángel Estrella en la UNESCO.
Mientras tanto, el servicio exterior argentino reviste funciones cada vez mas decorativas, minuciosamente relegado de su razón de ser, confinado a ser apenas vivero de actores de reparto en un banquete servido por y para aquellos que hoy gobiernan y que en materia de política exterior no parecen tener otra misión que la de proteger sus propios proyectos.