Vano intento

18 de septiembre del 2009 | Comentarios

De los varios hechos evidentes e irrefutables que ya pueden darse como la clave de lo que viene aconteciendo en la Argentina a partir de la derrota gubernamental del 28 de junio, éste es un esquema conciso a partir del cual extraer algunas conclusiones:

1. El Gobierno empeñó su capital político a pleno en unas elecciones que fueron adelantadas cuatro meses (algo sin precedentes fuera de la Argentina) “porque el mundo se caía a pedazos”, según Cristina Kirchner;

2. Las primeras líneas provinciales y municipales del oficialismo fueron movilizadas y puestas en pie de guerra con la metodología extravagante de las candidaturas “testimoniales”, un hecho de explícito agravio a la democracia representativa;

3. El Gobierno perdió claramente las elecciones, pero el saldo del adelanto de la fecha de los comicios ahora se advierte en su enormidad: se eligió un Congreso que es la fotografía del país al 28 de junio de 2009, pero quedó en el limbo, legal pero de descascarada legitimidad, el Congreso elegido el 28 de octubre de 2007;

4. Aun así, los Kirchner, más convencidos que nunca de que la voluntad unilateral de una parcialidad minoritaria es más poderosa que la explícita soberanía popular, avanzó con su “madre de todas las batallas”, asumiendo una cruzada santa contra la actual geografía periodística argentina (seguramente repleta de fallas, deficiencias, deformaciones y déficits), para reemplazarla por un esquema de altísima discrecionalidad estatal.

5. Así las cosas, los antecedentes acumulados por el kirchnerismo a lo largo de los casi 2,300 días que lleva gobernando al país, son elocuentes para acreditar sus verdaderas convicciones en la pluralidad, la transparencia y la participación.

6. Con la casi totalidad de los entes regulatorios públicos intervenidos por la Casa Rosada desde 2003 y la evidencia de que Canal 7 y Radio Nacional son medios absolutamente gubernamentales y de ninguna manera públicos, la moraleja del momento es cantada. Los Kirchner disparan hacia delante, como esos adultos que creen que las prótesis, las píldoras o la cirugía estética pueden evitar la decadencia y la vejez. Es un vano intento.

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