febrero 27, 2010 | Filed Under Uncategorized | 18 comentarios
Hipocresía, miedo, pragmatismo obsceno y sobre todo una cínica negativa a manejarse con principios éticos dominan hoy la política exterior de esta parte del mundo. En esa pesadilla, la Argentina no desentona. Lo que sigue es una historia cubana, pero no se sorprenda el lector, es también una historia argentina. Para abarcarla hace falta ir hacia el pasado reciente.
Cuando culminaba el primero de sus dos agónicos años en el gobierno, el presidente Fernando de la Rúa firmó el decreto 1263, fechado el 29 de diciembre de 2000, por el cual conmutaba las penas de 11 de los presos condenados por el ataque terrorista al regimiento de La Tablada llevado a cabo por el Movimiento Todos por la Patria (MTP) el 29 de enero de 1989 y que dejó un saldo de 39 muertos, heridos y desaparecidos, incluyendo cinco soldados conscriptos asesinados por los atacantes.
El decreto de De la Rúa conmutó las penas de los presos, que cumplían una huelga de hambre que ya llevaba 115 días, en reclamo de un nuevo juicio. Sus penas conmutadas por el gobierno de la Alianza, los guerrilleros anunciaron el cese del ayuno desde los hospitales donde eran cuidados minuciosamente.
La reducción de las penas fue de hecho un perdón del presidente De la Rúa a los guerrilleros. Nueve de los 11 beneficiados pudieron dejar la cárcel en mayo de 2002, tras haber sido condenados en noviembre de 1989 a prisión perpetua. De la Rúa les conmutó la pena por otra de 20 años de prisión, de modo que, cumplido el tercio de la condena, fueron beneficiados con la libertad condicional.
El jefe del grupo terrorista que atacó a sangre y fuego a la unidad militar en plena democracia y cuando gobernaba el presidente Raúl Alfonsín, Enrique Gorriarán Merlo, y su esposa, Ana María Sívori, no recibieron en 2000 la gracia presidencial, porque habían sido juzgados por la ley de defensa de la democracia, pero Gorriarán fue indultado el 22 de mayo de 2003 por el presidente Eduardo A. Duhalde, a 48 horas de poner en funciones a su sucesor elegido, Néstor Kirchner. Cuando se produjo su liberación el guerrillero llevaba 62 días de su segunda huelga de hambre. Gorriarán, que nació el 18 de octubre de 1941 en San Nicolás de los Arroyos, había sido detenido en México, tras estar seis años prófugo, el 28 de octubre de 1995, de modo que al momento de ser perdonado por el gobierno de Duhalde en mayo de 2003, llevaba solo años detenido. Gorriarán murió el 22 de septiembre de 2006 en Buenos Aires
Durante las dos huelgas de hambre de los guerrilleros del ERP y del MTP, llamamientos de solidaridad de todo el mundo se agolpaban en Buenos Aires. Todos pedían un tratamiento humano y la libertad de los presos, aun cuando en la Argentina existía un estado de derecho y las penas contra los insurgentes habían sido adoptadas por tribunales civiles independientes. Toda la izquierda occidental peticionaba por Gorriarán y sus camaradas. Esa presión internacional llevó a los presidentes De la Rúa y Duhalde a indultar a los atacantes de La Tablada.
En Cuba es diferente. La semana pasada murió en la isla Orlando Zapata Tamayo, un albañil y plomero negro de 42 años, que se hallaba en huelga de hambre hacía más de dos meses. Juzgado sumariamente en marzo de 2003, Zapata Tamayo fue uno de los escarmentados en la llamada Primavera Negra ejecutada por el gobierno de Fidel y Raúl Castro. Fundador del pequeño grupo disidente Alternativa Republicana y activista incansable en pro de la liberación de sus compañeros de causa, Zapata era considerado un “mercenario” por el régimen.
En Cuba, cuyo gobierno se proclamo marxista-leninista en 1961, gobierna un partido único, el Comunista, desde entonces. Ser opositor es ser subversivo y plantear cambios equivale a ser mercenario. Organizaciones internacionales consideran que en Cuba hay por lo menos 200 presos políticos. Zapata no se había alzado, no atacó unidades militares, ni cometió actos de violencia, esos mismos hechos armados que en varias partes del mundo, desde Irlanda hasta el País Vasco y desde el Medio Oriente hasta Colombia suelen ser considerados como expresión del derecho de los pueblos a rebelarse contra la injusticia.
Sin embargo, ningún gobierno protestó en America Latina. Tampoco lo hizo la Argentina, donde los Kirchner se describen como paladines de los derechos humanos y donde gobierna un equipo político que incluye a varias personas que empuñaron los armas entre los años ’60 y ’70.
Nadie critica ni condena a Cuba. La violación de los derechos humanos en Guantánamo o en Gaza son condenadas de inmediato y sin falta, como corresponde. Pero cuando en Cuba se fusila o se encarcela a opositores, ni la izquierda, ni la socialdemocracia, ni el centro izquierda tienen nada que decir. Se callan. Con Cuba nadie se quiere meter.
No solo el progresismo hace silencio. El derechista presidente mexicano Felipe Calderón invito al general Raúl Castro a la reciente cumbre de Cancún, pero en cambio excluyó al presidente hondureño Porfirio Lobo, que llegó al gobierno por elecciones libres: Las naciones del hemisferio, salvo Estados Unidos y Canadá, entienden que Castro es un presidente que gobierna una democracia, pero Lobo en cambio no lo es. Ni Cristina Kirchner ni un solo de los otros 32 jefes de Estado que suelen embriagarse de pasión libertaria se animaron a decir una sola palabra sobre esa triste muerte cubana.
Como dijo el corresponsal del diario catalán “La Vanguardia” en America Latina, Joaquín Ibarz, “quienes se rasgan las vestiduras por los crímenes cometidos por las dictaduras militares de derecha; los que recuerdan los desaparecidos y ajusticiados en el continente durante los últimos cuarenta años, miran hacia otro lado cuando corresponde hablar de las violaciones de derechos humanos en Cuba”.
Para el ensayista y antropólogo mexicano Roger Bartra, un intelectual mexicano de izquierda, “la muerte de este compañero cubano es algo muy doloroso; la izquierda, más que nadie, debería denunciarlo como prueba de que en Cuba hay una dictadura insoportable”. Esta convencido de que “es increíble que la izquierda democrática no se levante para criticar estas atrocidades”
Lo notable es el silencio y la anomia que estos hechos suscitan, como si Cuba agarrotara todas las conciencias libres, las que sienten terror de ser acusados de “reaccionarios” o estar al servicio del “imperialismo yanqui”. ¿Acaso en la Argentina se pronunciaron sobre este hecho la UCR, la Coalición Cívica o incluso el PRO, presuntamente “de derecha”?
Bartra, que es profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), subraya que presidentes de derecha, como el colombiano Álvaro Uribe y el mexicano Felipe Calderón, “no quieren alborotar el gallinero de los Chávez, de los Evos Morales, de los Castro. Como son muy escandalosos, cualquier mención crítica a Chávez, a Morales y, sobre todo a Cuba, levanta un griterío infernal que espanta a muchos mandatarios. Asustados, prefieren la tranquilidad y así optan por no tomar partido. Además, les resulta más cómodo llevarse bien con los Castro. Si uno los critica abiertamente, contestan muy agresivamente, por eso les tienen miedo. Es terrible”.
El silencio del presidente brasileño Lula da Silva fue más evidente; estaba en La Habana cuando murió Zapata Tamayo. Además, el brasileño había ignorado previamente una carta de 50 disidentes solicitándole una declaración a favor de la liberación de los presos políticos, con mención especial del agonizante Zapata, a quien Amnistía Internacional consideraba un “preso de conciencia”. El asesor de Lula para temas internacionales, Marco Aurelio García, defendió la decisión brasileña de no condenar específicamente a Cuba por la muerte de Zapata: “Hay violaciones de los derechos humanos en el mundo entero”, se excuso resbaladizamente.
febrero 21, 2010 | Filed Under Uncategorized | 2 comentarios

La Argentina está en vísperas de días políticamente trascendentes y decisivos, no tanto por lo que el Congreso debe decidir dentro de poco, sino porque el procedimiento en sí reviste una importancia objetiva imposible de menoscabar. Se del uso de las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), una agresiva decisión del Poder Ejecutivo que la oposición quiere impedir en el terreno parlamentario, con final muy incierto por ahora.
Las razones que le dan a esta puja contornos particularmente significativos pueden agruparse en dos grandes conceptos, pero resulta evidente que, en cualquier circunstancia, lo que debe dirimirse entre el 2 y el 3 de marzo en el Congreso de la Nación es realmente muy importante.
En primer término, no existe tal cosa como “la” oposición. El largo gobierno de los Kirchner es confrontado por al menos tres oposiciones y solo una necia o ingenua pretensión unificadora puede imaginar que la mera sumatoria de las partes, si ello fuera factible, puede generar un resultado superador.
Hay una sintonía de aceptable homogeneidad entre radicales, socialistas, seguidores de Margarita Stolbizer y de Elisa Carrió tocante a evitar que el Poder Ejecutivo cancele la exclusividad parlamentaria para promulgar leyes. Si el mentado y por ahora nonato Fondo del Bicentenario sale por decreto presidencial “de necesidad y urgencia” autorizando a que desde la residencia de Olivos manoteen los US$ 6569 millones del BCRA, se concretaría una gravísima violación del ordenamiento constitucional, piensan estas cuatro fuerzas (UCR, CC, PS y GEN).
Una segunda oposición, o el fragmento de ella que se nuclea en PRO, la fuerza de Mauricio Macri, piensa en este asunto de la misma manera. Pero hay una tercera que razona a la inversa: la llamada centro-izquierda descree o desprecia de lo que llama “las formas”. Sostiene que si dicho decreto determinara usar las reservas para proyectos sociales y, en cambio, resolviera desconocer sus deudas internacionales, sí lo apoyaría de buen grado.
El otro rasgo primordial que se advierte en esta apasionante confrontación es que es el Congreso, y no el ruido callejero o las trapisondas palaciegas, el espacio institucional en el que, mal que le pese, el Ejecutivo debe ganar o perder su batalla. Triunfa así la idea de que un país serio se rige y se debe a las instituciones, no a los empellones de un grupo gobernante.
Sucede que, fruto de sus diversas miradas sobre el país y el Gobierno, y al no contar con el apoyo de esa izquierda que zigzaguea entre lo que juzgan negativo y positivo en los Kirchner, la oposición exhibe una mayoría muy acotada para bajar al recinto de Diputados entre el 2 y el 3 de marzo. Pretende tener los votos ese día para derogar el decreto de necesidad y urgencia firmado por la Presidente para crear el conflictivo Fondo del Bicentenario con reservas del BCRA. Los radicales dicen que las fuerzas opositoras ya tienen 131 votos, dos más de los 129 que se requiere para formar quórum e iniciar el debate.
Es una ventaja muy delgada, cuando faltan 10 días para la crucial jornada, porque entre esos 131 hay legisladores que aún no se han decidido y pueden bascular según la presión que reciban. Éste sería el caso de los dos diputados cordobeses que reportan al gobernador Juan Schiaretti. También se menciona en este grupo de dubitativos a los dos justicialistas de La Pampa que se referencian en el senador Carlos Verna, díscolo con el matrimonio de Olivos, pero sospechosamente ambiguo de cara al DNU por el cual Cristina Kirchner dispondría de los fondos del BCRA.
La izquierda parlamentaria se compone de los 11 diputados que forman parte de Proyecto Sur, Solidaridad e Igualdad, Libres del Sur, y Diálogo por Buenos Aires. Los cuatro grupos son parecidos y diferentes, pero tienen coincidencias programáticas. Proponen estrategias de fuerte nacionalismo económico, incluyendo un marcado estatismo. En la jerga cotidiana, “corren por izquierda” al Gobierno, le critican que sea muy “derechista” y solo en caso de catástrofe se pondrían del mismo lado que la oposición dura, cuyo núcleo evidente es la Unión Cívica Radical. Esta izquierda propone crear con ese dinero un fondo nacional de desarrollo, y luego una comisión especial que investigue la supuesta “ilegitimidad de la deuda externa” contraída por el país de 1976 a 1983.
Fernando Solanas, jefe de Proyecto Sur, le viene pidiendo a Margarita Stolbizer (GEN), que se sume a este petitorio. Stolbizer, cuya bancada suma cinco diputados, difícilmente se aparte del bloque grande UCR-PS-CC, pero su visión del escenario político argentino es paradójica. Sueña con un polifacético “frente” en el que Solanas aporte una plataforma de fuerte nacionalismo económico en materia de recursos energéticos y minerales, los socialistas ubiquen sus tradicionales sensibilidades comunitarias, y el radicalismo proyecte su indiscutible pasión republicana y democrática.
Mañana lunes la oposición se propone entregar al presidente de la Cámara, el kirchnerista Eduardo Fellner, una carta suscripta por unos 10 diputados de distintas filiaciones, solicitándole formalmente una sesión especial para el martes 2 de marzo. Pero mientras esto se tramita, trascendió que la Justicia le permitiría al Gobierno usar los US$ 6569 millones de las reservas del BCRA para pagar deudas, entre mañana mismo y el martes, lo que le daría a los Kirchner el tiempo suficiente para usar los fondos, pese a que no podrá liquidar en el corto plazo las deudas con los acreedores tenedores de bonos, si el Congreso rechaza el DNU.
Si la Presidente tiene un fallo judicial en su poder, iría con esa carta a la inauguración del año parlamentario regular el 1º de marzo para lograr la luz verde del Congreso. La Sala IV de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, integrada por Jorge Morán, Sergio Fernández y Luis Márquez, habilitaría el recurso del Gobierno ante la Corte Suprema de Justicia, lo que automáticamente suspende la medida cautelar que originalmente congeló el DNU numerado 2.010 y que la Presidente firmó en 2009. Esta sala se compone de jueces simpatizantes del Gobierno que votarían como se quiere en Olivos.
Si esta movida oficial prosperara, la oposición podría autoconvocarse antes del 2 de marzo, porque la eventual decisión judicial le daría al Ejecutivo seis días corridos previos a que ambas cámaras decidan, o no, rechazar el DNU, lapso justo para que el BCRA envíe las reservas al Fondo del Bicentenario, aunque sería sumamente arduo que pueda pagar las dudas argentinos por el total de US$ 6569 millones.
El oficialismo pretende, en cambio, que Senado y Diputados debatan el DNU el 3 de marzo, el mismo día y con la misma orden de batalla. En el Senado la oposición garantiza 37 de los 72 votos posibles a favor de derogar el decreto. Este miércoles, el kirchnerismo debería perder el control del Senado, cuando se elijan las autoridades de comisión.
El capitán del bloque oficialista en el Senado, Miguel Ángel Pichetto, se juramentó a que el kirchnerismo defienda el DNU y desautorizó toda negociación con la oposición, mientras que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, descree que la oposición alcance esos 37 votos en el Senado para rechazarlo.
El senador santacruceño Nicolás Fernández, alfil clave del oficialismo, ha venido “lobbeando” a Verna, quien apoyaría la idea del Fondo pero solo si sale por ley. Los Kirchner cuentan en el Senado con 32 votos propios y el apoyo de los dos fueguinos (María Rosa Díaz y José Martínez) y del neuquino Horacio Lores. Esta aritmética los deja a dos votos de la mitad más uno de la Cámara alta, pocos, pero dificilísimos de lograr. El oficialismo se ha venido empeñando a fondo para reclutar a los senadores pampeanos María Higonet y Verna, así como a la liberal correntina Josefina Meabe, otra que le dice no a un DNU, pero sí a una ley.
Para el Gobierno, sería una esplendida victoria que la unidad opositora, demostrada en la Cámara de Diputados el 3 de diciembre, desaparezca del 2 al 3 de marzo. Si la izquierda parlamentaria no baja al recinto, solo la asistencia perfecta de la oposición al kirchnerismo le permitiría reunir el quórum de 129 diputados.
La indisponibilidad de este inter bloque de 11 diputados a la izquierda del kirchnerismo, pero autónomos del bloque opositor grande se funda en razones ideológicas, como lo confiesa el ex ARI Eduardo Macaluse, preocupado por un camino intermedio entre el oficialismo y la oposición “porque si no, estaríamos empujando hacia el ajuste (sic)”.
Astuto, tenaz y sin reconocer la posibilidad de retrocesos tácticos, el Gobierno ya puso en práctica un operativo para canjear giros de fondos a los gobernadores para que les ordenen a sus senadores vasallos que se sometan a la disciplina de Olivos. Cristina Kirchner prometió ayuda a 11 provincias por el aumento docente que ella concretó. Se trata de las del Noroeste (NOA), Nordeste (NEA) y La Rioja, pero quedan afuera Córdoba, Santa Fe, Capital Federal, San Luis, Chubut, Mendoza, Buenos Aires y Entre Ríos, entre otras, que no están en ese fondo. El operativo es piloteado por los gobernadores amigos, incluyendo a José Luis Gioja (San Juan), Luis Beder Herrera (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa) y Celso Jaque (Mendoza). Los Kirchner no juegan juegos ni admiten buscar consensos: quieren el dinero del Banco Central y lo quieren por decreto, ya.
De nuevo, la Argentina se sumerge en jornadas turbulentas.
febrero 20, 2010 | Filed Under Uncategorized | 20 comentarios
El diluvio que cayó sobre la ciudad de Buenos Aires la noche del lunes 15 de febrero vuelve a reiterar la acuciante actualidad de situaciones y conductas sobre las que me he venido ocupando insistentemente y quiero reflotar, subrayar e intervenir y participar como ciudadano. Pues efectivamente, 100 milímetros de agua en una hora son muchos, y en ese sentido tiene razón el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cuando dice que no se puede juzgar de manera demasiado dura lo que sucede en una ciudad cuando una situación fuera de control acontece.
Desde luego que en el mundo hay permanentemente catástrofes de una dimensión absolutamente incomparable –la más cercana, el terremoto de Haití-, tsunamis e incendios devastadores, al lado de los cuales los 100 milímetros de agua de la noche del lunes, no son nada.
Pero me interesa, en todo caso, tomarme de este episodio –habida cuenta de que, es cierto, hubo un fenómeno imprevisto que por varias horas dejó a la ciudad colapsada- para reflexionar sobre la actitud y conducta cotidiana de nosotros, mujeres y hombres que vivimos en la ciudad de Buenos Aires, ya sea porque nacimos aquí, como es mi caso, o porque han elegido esta ciudad, que es lo mismo. Varias de las situaciones que quiero puntualizar las podría resumir en una suerte de decálogo de lo que llamaré las actividades antisociales de los porteños.
1. Una de ellas, quizá la más notoria, es la tendencia poco menos que irremediable, a dejar la basura fuera del horario de recolección, cerca de la puerta de casa. El porteño vive como si la calle fuera un terreno sobre no tiene ningún tipo de responsabilidad y, en consecuencia, las bolsas de residuos son dejadas desde mucho antes de las 21, con el agravante de que el porteño normalmente no clasifica antes los residuos y deja en la misma bolsa pañales usados, restos de ensaladas y envases de plástico. El porteño no se toma el mínimo trabajo de separar el papel y el cartón de los envases de gaseosas y las latas. No lo hace. Pone todo junto. Incluyendo, desde luego, las toallas femeninas descartadas. Conductas realmente irresponsables.
2. Un segundo punto de las actividades antisociales que puedo mencionar es la manera desaforada de estacionar los vehículos. Es notable la tendencia a actuar como si uno pudiera dejar el auto en cualquier lugar, aunque sea bloqueando, por ejemplo, una rampa de discapacitados en una esquina o en lugares claramente prohibidos. El auto sigue siendo –en la mitología del argentino y el porteño- un pasaporte al “vale todo”.
3. El modo de conducir en la vía pública es otra actividad antisocial muy visible en esta ciudad. Se conduce zigzagueando, avanzando a velocidades inauditas cuando se puede, y -sobre todo- en las avenidas más o menos ligeras.
4. Esto va de la mano con un cuarto elemento a los que califico como actividad antisocial, el permanente cruce de carriles, la imposibilidad de desplazarse de manera ordenada y previsible. Los carriles señalizados –en una palabra, los senderos por los que debe desplazarse un vehículo en calles y avenidas- no existen para la mayoría de los automovilistas porteños. Por eso zigzaguean y se adelantan por izquierda y por derecha.
5. Igual actitud se presenta ante los semáforos, una conducta que se advierte muy especialmente en los colectiveros. Es desde las esquinas con semáforos donde se acelera y frecuentemente se pisa la cebra callejera, que se supone que es el lugar del peatón donde podría caminar sin riesgos.
6. Esto se asocia a otro elemento que denomino antisocial, que es la conducta peatonal irresponsable, esa tendencia incurable a cruzar calles y avenidas por la mitad de la cuadra, o a hacerlo mirando hacia el otro lado de donde viene el tránsito.
7. La publicidad en el espacio público (prácticamente todas las columnas de alumbrado suelen estar cubiertas de todo tipo de anuncios y ofertas privadas) revela una manera de manejarse antisocialmente: todo lo que es público es mío, y no le pertenece a nadie.
8. Esto va de la mano de la ocupación impune de veredas, plazas y calles, que suele ser concebida rutinariamente como resultado de la pobreza o la exclusión social, producto de la desocupación, que -es cierto- en Buenos Aires registra niveles inaceptables. Pero, sin embargo, esto no autoriza ni justifica a que cualquier vereda, plaza, avenida o calle sean considerados espacios en los que cada uno puede vender, comprar, pedir y solicitar.
9. El vandalismo en la vía pública, claramente comprobable y certificado por las estadísticas, es verdaderamente notable. La ciudad de Buenos Aires vive gastando millones de pesos en tratar de recuperar lo vandalizado por la gente. Monumentos, plazas, mobiliario urbano, todo lo que existe sobre y en la ciudad, es rápidamente destruido o dañado ni bien se inaugura o es restaurado.
10. El ciclista que aprovecha ahora las ciclovías de la ciudad de Buenos Aires, cree estar más allá del bien y del mal. La abrumadora mayoría de ellos no usa casco, conduce de contramano y suele cruzar el semáforo con luz roja.
En definitiva, si tuviera que resumir cuáles son las actividades antisociales de los porteños más notorias y peligrosas, lo haría diciendo que la mayoría se maneja con mentalidad room service., una parábola que no he inventado pero que resume la idea de muchos. Entran a su habitación y por teléfono piden que les acerquen lo que necesitan, sin saber cómo, ni cuánto ni por que.
Así vivimos: tengo mi casa limpia, pero la calle sigue sucia. Vivimos en el marco de un gran “acelere”, una gran falta de respeto por las normas, la noción de que siempre tenemos derechos, pero nunca obligaciones. Este tipo de vida suscita la sensación, tan notoria y fuerte, curiosa y persistente en los argentinos, de que en este país muchos viven convencidos de existe el almuerzo gratis.
Atender a esta ciudad es carísimo porque sus habitantes no la cuidan, ni les interesa. Cuando suceden acontecimientos como el diluvio del lunes, vuelve a recuperar actualidad en la agenda la noción de no habrá gobierno de la ciudad -de izquierda o derecha, bueno o malo, brillante o mediocre- que logre resolver los problemas graves que tenemos si no se registra una profunda transformación de la conciencia civil de quienes hemos resuelto vivir en la ciudad de Buenos Aires.