Los nuevos reaccionarios

abril 29, 2010 | Filed Under Uncategorized | 11 comentarios

Muchos de los acontecimientos profundos y de las disputas de ocasión que vienen sacudiendo sordamente a la Argentina son apenas el eco de episodios de alcance mundial y tendencias que se vienen evidenciando tanto cerca como lejos de este país.

Es necesario respirar hondo, tomar perspectiva y reflexionar descarnadamente sobre estos fenómenos, tomando distancia de las preocupaciones ocasionales del escenario doméstico que atrapan la atención de los columnistas.

Del otro lado de las fronteras argentinas, al norte de Salta y Jujuy, por ejemplo, se vienen cristalizando en la vecina Bolivia una serie de hechos que va mucho más allá de los meros sacudones políticos, económicos y sociales.

El del presidente Evo Morales no es un simple gobierno de izquierda socialista enderezado a modificar la injusta distribución de la riqueza en esa nación. Esa nación ha sido bautizada “estado plurinacional” y se vive en su seno una arrasadora refundación cultural. En todos los sentidos, la Bolivia de Morales no se siente parte de, ni quiere integrar en modo alguno lo que se suele llamar Occidente.

La semana pasada, por ejemplo, el presidente Morales aseguró que los varones tienen “desviaciones sexuales” por alimentarse de pollo. No era un chiste aymará (su etnia): lo dijo nada menos que en una reunión internacional consagrada al cambio climático, donde fustigó la existencia de productos supuestamente dotados de hormonas femeninas, añadiendo que ello explicaba que en su país las niñas evidenciaran crecimiento prematuro del busto, así como la alopecia (calvicie) en los varones. No es una broma elemental, desde ya.

Morales se asocia con entusiasmo a la ola anti tecnológica mundial que vitupera la existencia de productos modificados transgénicamente. “El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”, dijo Morales sin pestañear, en medio de las caras risueñas y las carcajadas de millares de activistas que fueron escenario de la llamada Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra.

Primer presidente indígena de Bolivia, Morales se ufanó de que, tras conocer esa información, rechaza los pollos de granja y se alimenta exclusivamente con animales “criollos”, no alimentados con transgénicos. Lanzado a una profecía contra las maldiciones de la modernidad, Morales aseguró que “en cincuenta años todo el mundo será calvo”. ¿Por qué? Dedujo esto: “la calvicie, que parece normal, es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos. Y es por las cosas que comen. Mientras, en los pueblos indígenas no hay calvos, porque comemos otras cosas”. Puso como ejemplo su abundante cabellera, pese a que ya cumplió 50 años. Después de estas nimiedades, o -cuando menos-afirmaciones aventuradas y poco sólidas, sobre todo en la voz de un presidente, Morales dijo, por todo eso, es evidente que “Occidente cada vez trae más y más veneno”.

Ese es el núcleo del problema: el cuestionamiento frontal y virulento de la cultura occidental como totalidad, como eje argumental que viene alborotando a las puertas mismas de la Argentina.

Morales no se anduvo con escarceos y criticó todo. Las papas holandesas, que reconoció son “grandes y hermosas”, tienen hormonas de pescado y no sirven “para comer bien”, mientras que la papa boliviana originaria, que se come con cáscara, “está satanizada”, cuando la importada tiene “veneno” concentrado y debe pelarse. De la papa se fue a las gaseosas cola, como lo hicieron el régimen militar peruano en los años ’60 y Castro en Cuba desde hace medio siglo.

Desde el mayor cargo político de esta nación sudamericana, Morales aseguró que las gaseosas cola solo son buenas para destapar inodoros. “Imagínense, que químico tendrán que en los años 90, cuando bebí varios vasos de esa bebida quedé muy afectado en mi salud, mientras que mis compañeros de mesa ingirieron mucha chicha (licor embriagante derivado de la fermentación de maíz) y no tuvieron problemas”. Si los pollos, las papas y las gaseosas son malignas, para Morales peor son los medicamentos “occidentales”, que -alegó- no sólo “no curan un mal, sino que provocan dos más”.

Mientras esta enérgica ofensiva contra los siglos XX y XXI se montaba en La Paz, a decenas de miles de kilómetros la guerra cultural contra Occidente patentizaba nuevos y asombrosos avances.

Los medios de comunicación de la República Islámica de Irán recogieron hace pocos días las declaraciones impresionantes de uno de los clérigos más prominentes del régimen fundamentalista de Teherán, que complementan y le dan ulterior significado a lo que viene predicando Morales en Bolivia. Ahora resulta que las mujeres sexualmente promiscuas provocan terremotos, así de contundente.

La periodista Scheherezade Faramarzi divulgó los disparates que no sólo no divierten, sino que asustan, sobre todo si se advierte que Irán es un enorme país con una terrible historia de tragedias telúricas, uno de los más propensos del mundo a sufrir terremotos. Hace poco, el presidente de Irán, Majmud Ajmadineyad, predijo que es indiscutible que un terremoto asolará a la capital, Teherán, y que, por lo tanto, muchos de sus 12 millones de habitantes deberían relocalizarse ya, antes que acontezca la tragedia.

“Muchas mujeres no se visten con prudencia… consiguiendo que los muchachos jóvenes se desvíen, corrompan su castidad y diseminen el adulterio en la sociedad, lo que consecuentemente aumenta los terremotos”. Esta frase la pronunció un clérigo importantísimo de Irán, Kazem Sedighi, que es un “hoyatoleslam”, o sea una autoridad en el Islam, cargo honorífico musulmán entre los religiosos chiítas duodecimanos, rama del islamismo chiíta surgida hacia el siglo IX, de un nivel solo superado por el de Ayatolá.

Lo cierto es que ahora mismo las mujeres en la República Islámica de Irán son obligadas por ley a cubrir sus cuerpos de pies a cabeza, aunque muchas mujeres, sobre todo las más jóvenes, ignoran muchas de las normas más estrictas y se visten con atuendos ajustados y pañoletas echadas para atrás que muestran gran parte de sus cabelleras.

“¿Qué podemos hacer para evitar quedar sepultados por los escombros?” se preguntó Sedighi durante una plegaria pública. “No hay otra solución que refugiarse en la religión y adaptar nuestras vidas a los códigos morales del Islam”. Hace por lo menos veinte años que los sismólogos vienen advirtiendo que es muy probable que la gigantesca megalópolis iraní sea castigada por un terremoto catastrófico en el cercano futuro. Varios expertos incluso aconsejan que Irán traslade su capital a una región sismológicamente menos activa, porque Teherán está edificada sobre varias fallas geológicas, incluyendo una de mas de 80 kilómetros de largo, pero desde 1830 no sufre ningún terremoto, aunque en 2003, un poderoso temblor sacudió la ciudad sureña de Bam y provocó la muerte de 31,000 personas, más de un cuarto de su población.

La afirmación del prominente clérigo de la teocracia en el poder es no sólo temeraria, sino directamente inquietante. “Una autoridad divina me dijo que el pueblo debe arrepentirse. ¿Por qué? Porque las calamidades nos amenazan” dijo Sedighi, número dos del culto regular en las plegarias que se realizan en Teherán, y para nada un personaje menor.

Luego de que en junio pasado las fraudulentas elecciones presidenciales desencadenaran multitudinarias manifestaciones, sangrientamente reprimidas por el régimen, el líder confesional, angustiado por la promiscuidad de las mujeres, dijo que “el terremoto político que tuvimos fue una reacción de algunos a las acciones the otros, pero si ahora tuviéramos un terremoto natural en Teherán, nadie podrá confrontar tal calamidad excepto el poder de Dios. No defraudemos a Dios”.

Hace dos semanas, Ajmadineyad pronosticó un terremoto, pero no pudo asegurar en qué fecha exacta y admitió que no podría ordenar la evacuación de sus 12 millones de habitantes, aunque anticipó que al menos cinco millones deberían salir de la ciudad.

La ola de embriaguez irracionalista fue complementada por el ministro de Bienestar y Seguridad Social del régimen, Sadeq Mahsooli, para quien rezar y pedir perdón es la mejor fórmula para evitar los terremotos. “No podemos inventar un sistema que evite los terremotos, pero Dios ha creado un sistema para evitar los pecados, que consiste en rezar, pedir perdón, dar limosna y auto sacrificarse” recomendó Mahsooli.

La cruzada contra los rasgos más decisivos de la modernidad que hoy campea en tierras tan diversas como Bolivia e Irán no es ajena a hechos que se viven en la Argentina, donde un rabioso fundamentalismo seudo ecológico abomina de la minería, de la biotecnología y de la globalización, y vitupera cualquier desarrollo o inversión que suponga transformar la vida real de la gente.

No tenemos, afortunadamente, líderes políticos con el poder de Morales o Ajmadineyad, pero la Argentina no está vacunada contra este vómito de reaccionarismo oscurantismo disfrazado de progresismo. Todo lo contrario.

Desde el poder

abril 26, 2010 | Filed Under Uncategorized | 5 comentarios

El problema que se viene agudizando en la Argentina en materia de seguridad ya no solo es la gravedad del delito, sino la negativa a admitirlo o, directamente, una curiosa flojera para sancionarlo.

Esta semana la Justicia tuvo que reabrir una causa por intento de robo registrado en un video, pero que un fiscal de primera instancia había resuelto dejar impune (mandó a “archivar” la denuncia hecha por la Municipalidad de Tigre y de inmediato puso al delincuente en libertad).

La aleccionante reapertura de la causa fue decidida por el fiscal general de San Isidro, Julio Novo, tras haberse acreditado desde el comienzo que las cámaras de video del municipio mostraban a dos ladrones intentan robarse un auto en plena ruta. El robo había sido dejado impune por el fiscal Marcelo Lloret, el mismo funcionario que dejo al ladrón en libertad. Novo dijo e hizo lo obvio: “es una cuestión de sentido común, hay pruebas suficientes para avanzar con la investigación. Con la filiación está acreditado que hubo un intento de robo”. Pidió que la Procuración de la provincia de Buenos Aires revise y se expida por la conducta de Lloret.

El resonante caso hecha luz sobre mucho de lo que sucede en una Argentina donde el gobierno de la ley está seriamente cuestionado hasta por los propios magistrados, quienes a menudo cultivan su propia seguridad personal con decisiones seudo “garantistas” que les viene como anillo al dedo al delito.

En este caso, un domingo, a la vera de la ruta 197, en General Pacheco, el propietario de un auto estaba al volante, aguardando que su hermano terminara las compras en un supermercado, cuando unos ladrones se le fueron encima, uno por cada puerta, lo amenazaron y empezaron a golpearlo. Se querían robar el auto, pero el asaltado consiguió zafar por la puerta del acompañante y salió corriendo. También se fugaron los ladrones, tras comprobar que no se podían llevar el vehículo.
No contaban con que todo había sido filmado por las cámaras de seguridad de Tigre. Desde el Centro de Operaciones se alertó de inmediato al 911 y la Policía pudo apresar a uno de los frustrados ladrones. Luego de ser detenido in fraganti, el joven ladrón sólo quedó arrestado un breve momento. Como el conductor del auto no radicó la denuncia, el fiscal Lloret decidió que el ladrón se podía ir a su casa.

Pero las autoridades añadieron nuevos elementos y finalmente el Municipio y la Policía llevaron a la fiscalía el video oficial y le agregaron la declaración de la víctima, ratificando que fue un intento de robo. Oh sorpresa: Lloret volvió a descalificar la investigación. Alegó que, pese al video y a la declaración de la víctima, para él “no se puede decir a ciencia cierta qué delito se cometió y quién resultó ser la víctima, resultando sólo una acción de prevención”.

Al mismo género de situaciones incomprensibles y dramáticas obedece este segundo episodio. Un ladrón aprehendido por la policía tras asaltar un negocio en la zona de La Plata, fue dejado escapar por las propias fuerzas “del orden” por una pueblada de vecinos que doblego a los uniformados.

Dos delincuentes armados habían entrado el otro día en una carnicería y tras amenazar a la gente que estaba en el comercio, robaron 2.000 pesos la caja y la plata de los clientes. No era historia nueva para el joven carnicero, Isidro Benítez (25 años), cuyo local fue asaltado nueve veces en dos años, aunque este último caso tuvo ribetes increíbles. “Me siento indignado. Lo tenían frente al patrullero y no se lo pudieron llevar preso”, les dijo Benítez a los periodistas.

Aconteció el pasado domingo por la mañana en la esquina de 19 y 520, una carnicería en la que ingresaron dos hombres de menos de 30 años, uno armado y encapuchado. Sus órdenes fueron precisas: “juntá toda la plata”, le dijeron al carnicero, mientras retenían como rehén a una señora, agarrada por el cuello. Tras levantar el dinero, huyeron rumbo a “La Favela”, un asentamiento en las afueras de La Plata. Cuando llegó la Policía, una hermana de Benítez acompañó a los agentes en el patrullero para identificar a los ladrones y los hallaron escondidos detrás de un árbol, en la esquina de 17 y 529. Si bien uno de ellos pudo escapar, el otro fue arrestado, pero cuando lo subían al móvil policial, aparecieron 10 vecinos que lo rodearon, vociferando que el detenido era “inocente”.

Impotentes, aterrorizados o poco convencidos de cómo deben operar, los uniformados dejaron ir al ladrón. Lo que sigue es folklórico. El Ministerio de Seguridad de la provincia abrió un sumario interno para “determinar la responsabilidad de los agentes de la comisaría 11ª de Ringuelet que intervinieron en el hecho”. ¿Fueron negligentes en el desempeño de sus funciones? Nunca se sabrá el resultado, pero el episodio es verdaderamente emblemático. Si fiscales y policías huyen de sus responsabilidades, la Argentina se sumerge en un oscuro e interminable túnel.

Con el mismo desapego a la ley y al estado de derecho, se manifiesta un funcionario clave del gobierno de Cristina Kirchner, el interventor en el Comfer, Gabriel Mariotto, que esta semana convalidó explícitamente el “escrache” a periodistas, alegando que los tenebrosos afiches anónimos denunciando profesionales de la prensa son formas de ejercer la “libertad de expresión”. Mariotto ya había reivindicado el año pasado graffiti y pegatinas contra grupos de prensa durante el debate en el Congreso por la Ley de Medios impulsada por el kirchnerismo. Ahora fue por más.

Ladero de Enrique Albistur desde el comienzo del gobierno de los Kirchner, Mariotto dijo que esos carteles “son expresiones” y que hay que defender “la libertad de expresión”. Como revelación de que en el propio Gobierno hay gente preocupada por estos hechos, Mariotto fue abandonado por coroneles más importantes que él en el sistema de poder K, como el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo tuvieron la astucia de desmarcarse y cuestionar la “metodología del escrache”.

Mariotto le aseguró al diario Norte, de Resistencia, que “nosotros defendemos la libertad de expresión, pero (…) es una incógnita quién los emitió”. Sus explicaciones, de lo que muchos califican como un cinismo intolerable, incluyeron que “los medios también muchas veces no expresan quienes son los dueños, eso también es un afiche sin firma prácticamente. Ellos también deben decir quienes son los dueños de esas licencias”. Si esta vez manifestó ternura democrática por los afiches contra el periodismo, ya en 2009 Mariotto había justificado las pintadas anónimas y profesionales contra diarios y medios como “manifestación de la cultura popular”.

En la Argentina abundan las expresiones de puntos de vista y las acciones concretas que progresivamente deslegitiman el gobierno de la ley y su cuadro de normas. Es grave cuando esto se perpetra desde el poder del Estado.

La tribuna existe

abril 22, 2010 | Filed Under Uncategorized | 8 comentarios

Los elementos de la realidad que suscitan una opinión editorial, al menos en mi percepción, arrancan en este caso en hechos acaecidos en la noche del domingo pasado. Hincha de Rácing severamente golpeado por la realidad futbolística de la Academia, imaginé que, una vez más, podría encontrar la felicidad en el partido de Racing contra Vélez que se jugaba ese día en el Cilindro de Avellaneda.

Futbolísticamente, desde luego, lo disfruté porque Rácing ganó 3 a 1 pero este comentario versa sobre otro asunto lo que pasó en las tribunas que en las páginas deportivas tuvieron un despliegue casi rutinario y burocrático, porque ya a esta altura los colegas de los suplementos deportivos hacen la crónica de estos episodios como si fueran cuestiones absolutamente naturales y regulares.

Sin embargo, cuando uno se detiene a observar minuciosamente los niveles de barbarie, violencia y locura que las cámaras retratan en las tribunas, cuando uno toma debida consideración del nivel de desorientación y odio que esto presupone, no puede menos que acercar algunas ideas para tratar de profundizar la comprensión del fenómeno.

Más allá de la actividad estrictamente futbolística que se desarrolla al interior de los estadios, o sea el partido, llama la atención la tendencia pronunciada y cada vez más agravada de vivir al margen de la ley. Un solo elemento denuncia la propensión argentina a violar las normas deliberadamente, algo que en el inminente mundial de Sudáfrica marcara diferencias decisivas, porque en estos torneos las normas de cumplen con un rigor inimaginable en la Argentina.

Sabemos que el entretiempo en el fútbol dura estrictamente 15 minutos. En el Rácing-Vélez que se emitió la noche del domingo 16 de abril por el canal 7 del Gobierno, el entretiempo duró exactamente 23 minutos. O sea que fue de 8’ más que los 15’ reglamentarios. El árbitro no sanciona sino que aguarda que los jugadores lleguen, resignado a que el entretiempo sea un 50% mas largo de lo que marca la norma, lo cual le da a los jugadores mucha más posibilidades de recuperarse.

Esto que pasa en el campo de juego, se reproduce en el estadio, en lo que pasa afuera, porque si adentro sucede lo que sucede, un técnico como Ricardo “el tigre” Gareca reacciona a los empellones, acusa a un jugador de Racing de inventar un accidente de juego solo para demorar el partido, y se hace expulsar, lo que las cámaras mostraron en las tribunas patentizaba el nivel de locura destructiva que hoy caracteriza inclusive la vida interna de las propias hinchadas.

Según lo que se pudo de alguna manera registrar, la violencia estalló en el seno de la propia barra brava de Vélez y luego parece que intervino la barra de la Guardia Imperial de Racing.

Los golpes, las corridas, la torpeza del accionar policial, la incompetencia profesional absoluta y completa de esa policía bonaerense para poner orden en el estadio, limitada como está, además, a reprimir de manera contundente porque lo hace de manera salvaje, conllevan un resultado patético que convierte al espectador de un partido de fútbol en asistente a un combate entre gladiadores en el Coliseo romano, algo penoso, patético, deprimente.

Todo esto viene a ratificar que la situación en el espectáculo deportivo argentino, está mucho peor de lo que uno se imagina. Con Fútbol para Todos o con fútbol para pocos, hay violencia, transgresión, violación de las normas, locura y un absoluto desdén por la práctica del fútbol y ya ni hablemos del buen fútbol.

Estas son algunas apreciaciones que van mucho más allá del balompié y que me sugieren la patética jornada del pasado fin de semana, que por otro lado es algo que se seguirá reiterando hasta que las cosas no cambien, en el fútbol que hoy día se disputa en la República Argentina.