Los usos de Carrió

2 de agosto del 2010 | 135 Comentarios

¿En qué consiste y qué propósitos se propone el cada vez más desconcertante accionar político de la diputada Elisa Carrió?
Chaqueña nacida y criada en Resistencia, a cinco meses de cumplir 54 años es todavía una política joven.
Se graduó de abogada a los 22 y debutó en política a los 38 años, como convencional radical en la Constituyente de 1994 que plasmó el Pacto de Olivos. Pero ya en marzo de 2001 se había ido de la UCR para participar de la fundación de ARI, un partido nuevo, junto al Partido Socialista. Eso se rompió al poco tiempo porque Carrió rechazó apoyar la despenalización del aborto.
La segunda de una extensa serie de rupturas fue marzo de 2003, cuando se va Mario Cafiero.
En las elecciones presidenciales de 2003 Carrió fue como candidata presidencial en tándem el conservador Partido Demócrata de Mendoza y Gustavo Gutiérrez como candidato a vicepresidente. Sacaron el 14% de los votos y entraron quintos, mientras que Ricardo López Murphy entro tercero.
Nueva escisión de inmediato: conquistada por los Kirchner, Graciela Ocaña es designada en 2004 interventora del PAMI. En 2007 llega a ministra de Salud Pública de Cristina Kirchner.
Las fugas continúan en 2006, cuando se va primero Fernando Melillo, presidente del ARI en la ciudad de Buenos Aires, pero la propia Carrió también se va de su partido, para quedar “liberada”, alega de los condicionamientos partidarios. Funda entonces la Coalición Cívica con otras fuerzas, como la GEN de Margarita Stolbizer.
Nueva postulación presidencial en octubre de 2007: Carrió va por la Coalición Cívica y llega segunda con el 23% de los votos, tras el 45% de Cristina Kirchner. La Coalición Cívica logra su primera gobernación, Fabiana Ríos en Tierra del Fuego. En la provincia de Buenos Aires, la candidata a gobernadora Margarita Stolbizer obtiene el segundo lugar.
Tras el triunfo de Cristina Kirchner, se aleja de Carrió el grupo llamado primero ARI Autónomo y luego Solidaridad e Igualdad (SI), integrado por los diputados Eduardo Macaluse, Carlos Raimundi, María América González, Leonardo Gorbacz, Lidia Naim, Emilio García Méndez, Delia Bisutti, Verónica Benas y Marta Maffei. Macaluse afirma al irse: “Carrió lidera una secta”.
Ya gobernadora fueguina en 2007, Fabiana Ríos también se aleja de Carrió. Stolbizer abandona la CC poco tiempo cuando Carrió convierte en partido a esta alianza.
En el Congreso, uno de los dos únicos senadores nacionales elegidos como representantes de Carrió, el porteño Samuel Cabanchik, se va también de la CC. Forma el mono bloque Proyecto Buenos Aires Federal (Probafé) en 2009.
Para la campaña electoral de 2009, Carrió integra el Acuerdo Cívico y Social (ACyS) con el radicalismo, el socialismo y el GEN. Se acerca mucho a Ricardo Alfonsín, a quien insiste en llamar “Ricardito”. El hijo del ex presidente tiene dos años más que ella.
Hace una quincena, al participar Alfonsín de una ceremonia institucional en su Chascomús natal junto a la Presidente, Carrió lo ataca públicamente. Sarcástica pero punzante, elogia su hombría de bien, aunque lo pinta como muy ingenuo. Este fin de semana, mortificada por sus palabras, va por más: dice que Ricardo es mejor persona que Raúl Alfonsín.
Desde su pelea en 1999 contra el fallecido Bravo, en diez años, Carrió se ha enfrentado sin parar con todos sus aliados.
Fabrica alejamientos. Estimula rencillas. Suscita separaciones.
La otra semana atacó al gobernador santafecino Hermes Binner, que desde 2007 conduce la provincia al frente de una alianza radical-socialista.
A Elisa Carrió ninguna alianza, acuerdo o romance político le dura. Siempre se siente agraviada, decepcionada y despechada.
Aunque tuvo coraje para denunciar sin ambigüedad la corrupción política y empresaria, no se muestra como verdaderamente apasionada por la gestión gubernativa. Solo se exhibe confortable en el papel de fiscal de la república.

Pero Elisa Carrió se enfrenta ahora a una era de penuria, de cara a las presidenciales de 2011, en las que es muy poco probable que pueda ser de nuevo candidata.
Su temible verborragia es predatoria. Criticó en una misma semana a Alfonsín, Binner, Stolbizer y Cobos. ¿Qué le queda al incontinente Aníbal Fernández? Los peronismos en lidia, el kirchnerista y el disidente, están de parabienes.
Carrió facilita al Gobierno y a sus rivales de la interna peronista el mejor argumento. Acredita la noción de que la oposición es incurable en sus intrigas intestinas. ¿A quién le sirve esa artillería incesante que Carrió dispara contra sus “aliados”?

Macri, anécdota y sustancia

26 de julio del 2010 | 5 Comentarios

El caso de Mauricio Macri revela que estamos ante la posibilidad de que un mandatario popular elegido por el voto del 61% de los porteños en 2007, podría tener que enfrentar una condena y ser relevado de su cargo de Jefe de Gobierno.
El problema supera largamente la especulación sobre candidaturas y el trapicheo político.
En la Argentina está en gran medida en tela de juicio, y severamente cuestionado por la vida política cotidiana, el concepto del mandato popular como carga, la idea del contrato cívico entre representantes y mandantes.
El ciudadano contrata a alguien para una determinada tarea, sea legislador de la ciudad, diputado, senador, jefe de gobierno local o presidente.
La Argentina muestra una fuerte tendencia a personalizar la política y por eso se habla con tanta naturalidad de un “macrismo” que en verdad nunca ha tenido personería política.
Lo del “macrismo” es apenas el último capítulo de una larga saga. Incluye, desde luego al peronismo y a otras tendencias o personificaciones de la política.
Por eso, cuando un cargo y un mandato están cuestionados, parecería que todo el aparato institucional temblara.
En el caso de Macri, el gran peligro a la vista es un nuevo vaciamiento institucional.
Está también el problema de la desnaturalización de un mandato político.
El mandato es una encomienda.
El mandatario suscribe a su vez un pacto con el comitente, el ciudadano.
El mandato es un contrato puntual.
Al menos, así debería serlo.
La tarea del legislador y del funcionario ejecutivo tienen sus términos y, sobre todo, su plazo fijo de duración.
En la Argentina se tiende a acortar los mandatos, a castrarlo, interrumpirlos, abortarlos.
En casi 27 años de democracia hubo numerosos ejemplos.
Raúl Alfonsín tuvo que entregar la presidencia de la Nación seis meses antes de finalizar su mandato.
Fernando de la Rúa, Eduardo A. Duhalde y Aníbal Ibarra tampoco pudieron cumplir la totalidad de sus mandatos.
¿El próximo caso será Macri?
Además, hay una tendencia a dejar un cargo para postularse a otro.
Gabriela Michetti, electa vice jefa de Gobierno, se aparta del cargo para hacerse elegir diputada nacional.
Antes de ser presidente, De la Rúa era el primer jefe de gobierno de la ciudad autónoma, pero se apartó del cargo en 1999, dejándoselo a su vice jefe de gobierno, Enrique Olivera, para ir por la presidencia de la Nación. Michetti y De la Rúa, dos renunciamientos.
Al irse, Michetti dejó al gobierno de la ciudad ante la posibilidad de una acefalía. Si Macri tuviera que renunciar, o fuese declarado culpable en un juicio político, la ciudad se queda sin cabeza.
Están las bochornosas candidaturas testimoniales del kirchnerismo.
Fue un fraude descarado, con Daniel Scioli como uno de los supuestos testimoniales, candidateados para un cargo diferente al que ya desempeñaban.
Caso especial y pintoresco fue el de la cantante Nacha Guevara, candidata “testimonial” electa diputada nacional por la provincia de Buenos Aires y que luego renunció sin asumir el cargo tras una costosa campaña.
Hay historias mucho mas dignas, como la del gobernador santafecino Hermes Binner, electo como candidato del frente radical-socialista, recién después de culminar dos mandatos sucesivos como intendente de Rosario.
El caso Macri debería hacer reflexionar a la política y a la sociedad civil.
¿Qué queremos de los mandatarios?
¿Por qué no aceptamos que culminen el trabajo para el que fueron electos?
Siempre los impulsamos, como en una carrera de postas, a otra tarea, hoy jefe de gobierno, mañana presidente.
Se debería recuperar lo específico de la tarea para la que son electos los políticos.
El contrato republicano debería ser explícito, puntual y riguroso: “te elijo para esto y quiero que desarrolles éste programa de acción”.
La Argentina debe regresar a los principios fundacionales de la democracia representativa.
El resto es una simple anécdota.
El caso Macri enseña que lo fundamental es cómo nos representamos y nos autogobernamos si la Argentina quiere ser, en serio, una república democrática.

¿Están matando al Buenos Aires?

20 de julio del 2010 | 6 Comentarios

Parece un episodio menor, pero no lo es. La Universidad de Buenos Aires echó a la rectora del Colegio Nacional de Buenos Aires, Virginia González Gass, sin sumario administrativo, cortando su mandato válido hasta 2011.
¿Es tan grave? No parecería, pero sí lo es, aunque sea solo una escuela secundaria en la que su máxima autoridad ha sido relevada. Sucede que el Colegio Nacional de Buenos Aires es el establecimiento público estatal de excelencia en le educación media argentina.
Hay que decirlo: no es cualquier colegio, no un colegio más.
El Nacional Buenos Aires, al que sus ex alumnos más veteranos queremos seguir llamando “Colegio de la Patria”, fue fundado antes de que naciera la Argentina.
En él se formaron decenas de estadistas, científicos, políticos, artistas y gente sabia en los últimos 150 años. Es un establecimiento singular cuya tradición está basada esencialmente en el auténtico y riguroso culto de la excelencia académica.
A él se ingresa tras aprobar un exigente curso de ingreso.
Es un colegio que selecciona a sus alumnos en base a la cantidad de pupitres existentes.
No entran todos los que quieren, sino quienes están en condiciones de hacerlo.
La supuesta “aristocracia” del Colegio Nacional de Buenos Aires es la aristocracia del conocimiento.
Hace varios años, en las universidades estatales de todo el país y en los colegios secundarios que dependen de ellas, tiende a abandonarse la noción de que la excelencia académica debe ser el eje excluyente de debates y preocupaciones.
Hay tiende a priorizarse una exaltación de los arsenales ideológicos y políticos.
Los medios cubren el conflicto del Nacional Buenos Aires como si se tratara de un sindicato o de un ministerio, una gobernación o de un municipio.
Solo importan el poder y la famosa caja.
Una radicalización ideológica absurda condiciona a los adolescentes que acaudillan los centros estudiantiles de colegios como el Buenos Aires y el Carlos Pellegrini.
Se deja por completo de lado la preocupación por los niveles de la excelencia académica.
Solo interesa propiciar, obsesivamente, metas tan nobles como retóricas: “democratización, participación, gestión, inclusión, debate”.
Se abruma a adolescentes de 12 a 17 años con preocupaciones y objetivos, programas, consignas y proyectos que giran exclusivamente sobre la preservación del poder de grupos de docentes, graduados e incluso no docentes.
La crisis del Colegio Nacional de Buenos Aires es mucho más que la crisis de un colegio.
Las razones que puede haber tenido la Universidad de Buenos Aires para destituir a la profesora González Gass no son claras, sino más bien sospechosas.
El rector peronista de la Universidad de Buenos Aires, Rubén Hallú, es un funcionario completamente opaco para con los medios de comunicación.
Hallú no acepta reportajes ni recibe periodistas.
No da la cara, protegido por asesores comunicacionales que lo preservan y aumentan la opacidad de su gestión.
La conducción actual de la UBA no se comporta de manera democrática, ni transparente.
La ahora ex rectora González Gass quiso manejar de manera más autónoma al Colegio Nacional de Buenos Aires, cuyo presupuesto proviene de la Universidad de Buenos Aires.
Tuvo errores. Se manejó con posturas ideológicas, arrebatos de intransigencia y algunos rasgos de populismo, al convalidar negociaciones con las fracciones politizadas del estudiantado.
Pero la misma Universidad de Buenos Aires exhibe hoy una conducción mediocre.
Las falencias del rector Hallú son evidentes.
El Colegio de la Patria, el de la Juvenilia de Miguel Cané, corre el peligro de extinguirse melancólicamente, alcanzado por la degradación global que vive la Argentina.
Una joya de nuestra educación y nuestra cultura, el colegio de la calle Bolívar 263, ¿podrá proteger su precioso tesoro de excelencia y mérito?