Las verdades de Panzeri (IV)

18 de April del 2008 |

El jugador movedizo es aquel que pica y frena.

El que siempre corre es un robot. El que nunca se mueve es un abúlico o un mal compañero.

El fútbol rápido nunca se hizo con hombres veloces, siempre se hizo con pelota veloz.

Aprendimos a ser serios. Desaprendimos a jugar.

Ni el arte de hamacar la cintura se puede adquirir con preparación física. La preparación física puede darle elasticidad a la cintura, pero la gambeta que limpia el campo con la cintura es fruto de la elasticidad del cerebro.

La torpeza es mayor cuando mayor es la velocidad. La precisión y la rapidez crecen con la habilidad.

Si en el fútbol se hiciera la estadística de las cosas que se han hecho en las canchas sin haberlo pensado quienes las hicieron, y las que no se hicieron habiendo pensado hacerlas quienes no las hicieron… muy probablemente se volvería a jugar al fútbol.

Velocidad es torpeza. Habilidad es rapidez.

Cuando más se mate a la habilidad mayor será la lentitud.

El problema económico del fútbol es de abundancia de dinero.

Los que descubrieron que jugando mal se gana y jugando bien se pierde, sellaron el epílogo de todos los registros de patentes, marcas e inventos. El ingenio humano quedó agotado en ese esfuerzo mental.

Para jugar hay que correr; pero corriendo no se puede jugar.

El objetivo del fútbol es ganar. Pero ganar sin jugar es muy difícil. Entonces el imperativo es jugar y el resultado de eso es la normal alegría o tristeza que depara el deporte.

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