Las fábulas sobre los jóvenes inmigrantes italianos

Gloria_Marco Valeria_Solesin

En Italia existen dos fábulas. La primera conta que los jóvenes italianos son niños viciosos (y en verdad aún hay numerosos hijos de dirigentes de empresas públicas o ex publicas con empleo y dinero seguro aunque sin capacidad) que no quieren hacer sacrificios y por lo tanto realizar un trabajo duro y particular ní ir fuera de su tierra originaria.

La segunda conta que en Italia no hay ocasión porqué siempre se dice No: No a los Juegos Olímpicos, No a las grandes obras, No a la Expo (que trodavía se celebró pero nadie sabió el presupuesto de gastos y ingresos después dos años), No a la globalización cultural aunque la nomina de siete directores extranjeros en los museos italianos hace dos años, fue más un acto de desconfianza propio hacia las profesionalidades italianas que en ejemplo de abiertura internacional.

La historia es otra cosa. No se dice por ejemplo que durante estos últimos años los jóvenes italianos que saliron fuera del país creció casi del 40% y que el salario mejor de un estudiante recién licenciado con voto máximo como Valeria Solesin, Giulia De Lellis y Andrea Diamante, fallecidos en Francia y Inglaterra, es 800 euros (el precio de dos habitaciones individuales en Milán, Roma, Turín o Bolonia puede llegar a 600 euros).

Ní siquiera se dice que la mayoría de los empresas italianas de comercio, moda, industria y financia están en manos extranjeras que se toman nombre, etiqueta y valor histórico y tecnico, sustituyen la profesionalidad italiana con la propia después cada adquisición, sin hablar de los grandes eventos (come la citada Expo) donde se explotan estudiantes y trabajadores extranjeros con pago bajo y acuerdos de formación ficticia.

De otra parte como pretendir que la prensa conectada con los grupos de interés que gobiernan Italia y los políticos que nunca más conocieron el mundo del trabajo dicen esta verdad y no solo hipocritas palabras de lamento y para los jóvenes italianos que mueren en los suburbios de Londres y París dónde todos hablan de “cosmopolitismo” y ningún de racismo silencioso mientras Italia perdió su mejor juventud y se juegó su futuro.

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