¿Nunca más?

La Constitución de la República Popular China reconoce en su primer capítulo la naturaleza de la república como “un estado socialista bajo la dictadura democrática popular liderada por la clase trabajadora y basada en la alianza entre trabajadores y campesinos.” Dada esa definición, ¿qué espacio queda para los estudiantes?

Los movimientos estudiantiles son considerados actores políticos de extrema importancia en el mundo entero. En la Argentina por ejemplo, sus sacrificios en el Cordobazo y el Rosariazo de 1969 fueron instrumentales para causar el colapso de la dictadura de Onganía y eventualmente lograr el retorno de la democracia. 20 años después de esos episodios, algo similar ocurrió en Beijing, pero ahí la dictadura se impuso. Pregúntenle a un joven chino sobre los hechos del 4 de junio, y lo más probable es que no le parezca una fecha especial. Y claro, los libros de texto de su escuela no mencionan nada en particular.

Pero hoy, miles de personas en todo el mundo conmemorarán a las víctimas de la Masacre de Tiananmen en su 25º aniversario. Recordarán el coraje de un millón de personas y de la violenta paranoia de un régimen que por todos sus éxitos, aún se rehúsa a reconocer la conspicua mancha sobre su conciencia.

Mao manchado

El cuadro si se mancha. Mao cubierto de pintura arrojada por estudiantes en 1989. (foto: AP)

Lamentablemente pocos podrán hacerlo públicamente en Beijing, donde hace ya varias semanas que las autoridades andan “aplicando correctivos” a sus críticos más vocales. Por eso, este año, me gustaría solidarizarme con ellos compartiendo las palabras de Murong Xuecun, un autor disidente que parece haberse salvado (por ahora) solo porque se encuentra fuera del país.

 

Tank man

La icónica foto de una hombre deteniendo una columna de tanques en Changan Jie, la “Avenida de la Paz Eterna”, en el centro de Beijing. (foto: Jeff Widener)

Yo también me levantaré por Tiananmen

El 6 de mayo, tres de mis amigos fueron arrestados en Beijing bajo sospechas de “iniciar pleitos y provocar problemas.” Ellos son Xu Youyu, intelectual y ex investigador en la Academia China de Ciencias Sociales, el profesor Hao Jian, de la Academia de Cine de Beijing y Pu Zhiqiang, un conocido abogado de derechos humanos.

Tres días antes, mis tres amigos y un docena de otras personas se habían juntado en la casa de Hao Jian para discutir la represión en la Plaza de Tiananmen hace 25 años, cuando una cantidad enorme de estudiantes y otros manifestantes salieron a las calles para pedir democracia y un fin al autoritarismo y a la corrupción. Las protestas pacíficas duraron casi dos meses, pero al final el gobierno envió tropas y tanques, matando a cientos – posiblemente a miles – de ciudadanos desarmados. El primo de Hao Jian estaba entre los muertos.

Víctimas

Víctimas de la masacre. (foto: AP)

Quise atender a la reunión, pero tuve que viajar a Australia, donde soy autor residente en la Universidad de Sydney. Uno de los presentes leyó un ensayo que yo había escrito sobre la represión en Tiananmen. Aunque cueste creerlo – y yo tengo un diploma en derecho, y apenas lo puedo creer – recitar tal ensayo en un encuentro privado puede ser una violación de las leyes chinas. En la lógica del gobierno, yo también cometí el crimen de “iniciar pleitos y provocar problemas.”

Me entregaré.

Para mí, la represión en Tiananmen fue el comienzo de un gradual abrir de ojos. Tenía tan solo quince en 1989, cursaba la escuela media en un remoto pueblo de las montañas de la provincia de Jilin, en el lejano nordeste del país. Todo lo que sabía de los eventos de ese año vino de CCTV, el canal estatal: los manifestantes eran saqueadores contrarrevolucionarios. El Ejército de Liberación Popular ejerció muchísimo auto-control y no abrió fuego, mientras que algunos revoltosos quemaron vivos a los soldados. Lo creí todo. Hasta me sentí agradecido al gobierno y al ejército por salvar a la nación.

Tropas

Tropas avanzando en Beijing en la noche del 4 de junio, 1989. (foto: AP)

Gradualmente, los eventos de 1989 se alejaron del centro del escenario. Todos estaban muy ocupados consiguiendo diplomas universitarios y enriqueciéndose, como si nada hubiese ocurrido. Hasta hoy, la represión en Tiananmen continúa siendo uno de los mayores tabúes de la China moderna. Beijing ha estado intentando borrar nuestra memoria colectiva con el culto a la creciente economía. Pero esta traumática memoria nunca desapareció. Sigue viva entre la gente, a pesar de los determinados intentos por suprimir la historia.

Poco después de que entré a la universidad, en 1992, un alumno de último año vino a nuestro dormitorio, se sentó y pidió un cigarrillo. Luego nos preguntó si sabíamos lo que había ocurrido en la escuela en 1989. Le dijimos que no sabíamos. Dio una profunda pitada al cigarrillo, y nos contó solemnemente que durante el incidente en Tiananmen, los estudiantes de nuestra escuela, la Universidad China de Ciencias Políticas y Derechos, fueron los primeros a salir a las calles. Fueron los primeros, dijo, a coordinar enlaces con manifestantes de otras universidades. El primer presidente de la Federación Autónoma de Estudiantes de Beijing fue de nuestra escuela. Nuestra universidad, nos dijo, tenía “diecinueve primeros”.

2 de junio

Se estima que un millón de personas llegaron a colmar la plaza. Esta foto es del 2 de junio, 1989. (foto: AFP/Getty)

Desde entonces, llegué a entender lo que realmente sucedió en 1989 y su importancia para China y el mundo. El gobierno puede haber condenado a los participantes como “criminales” pero nosotros los alumnos lo consideramos un momento glorioso. Consideramos un gran honor tener aunque sea la menor conexión con el movimiento democrático.

Lo “diecinueve primeros” de mi universidad pueden no ser completamente precisos, pero se convirtieron en una leyenda, pasada de un cuerpo estudiantil al próximo. En 1994, cuando yo era ya un sabio alumno de último año y visité los dormitorios de los alumnos de primero, también di una profunda pitada a mi cigarrillo y entoné solemnemente: “Durante los incidentes en Tiananmen en 1989 esta universidad tuvo diecinueve primeros…”

Para entonces, todas las manchas de sangre de la Plaza de Tiananmen habían sido fregadas y los agujeros de bala cubiertos con cemento, pero en los rincones y grietas de la ciudad la historia pasaba de persona a persona. Cerca del 2003, un amigo compró un documental sobre la represión en Hong Kong. En poco tiempo todos hicimos copias. Un día lo miré con algunos amigos en un bar en la ciudad sureña de Guangzhou. Una escena en particular me marcó. Un joven permanecia tirado en el medio de la ancha avenida rodeado por el sonido de las balas. Pensamos que estaba muerto, pero de repente empezó a gatear en círculos. No se atrevía a levantarse, pero tampoco quería quedarse quieto, pretendiendo estar muerto. Gatear era preferible a nada. “Si hubiese estado ahí,” dijo un trabajador migrante de la provincia de Sichuan, que estaba detrás nuestro, “lo hubiese rescatado.”

Sublime sanidad

“Un momento de sublime sanidad…” Un estudiante durante la huelga de hambre que se mantuvo días antes de la represión. (foto: Stuart Franklin/Magnum)

Cuando me preguntan sobre el futuro de China, siempre cuento esta anécdota del trabajador migrante de Sichuan.

Ahora, en la era del internet, el gobierno no tiene manera de controlar toda la información. Más y más personas mantienen sus propias conmemoraciones para las víctimas de Tiananmen. Cada 4 de junio se encienden velas virtuales. Circulan fotos. Los censores del gobierno trabajan horas extra para borrar cualquier combinacion de los números 6 y 4 y cualquier referencia a Tiananmen, la “Puerta de la Paz Celestial.” A pesar de la censura, cientos de miles de personas persisten. Si no pueden incluir “6/4” (4 de junio) en un post, intentan “5/35” (35 de mayo). Si les bloquean “1989” lo cambian al “último año de los 80” o “el año anterior a 1990.” ¿No pueden mencionar los “tanques”? Intentan con “tractores.”

6 de junio

Soldados y residentes en las calles de Beijing después de la represión. 6 de junio de 1989. (foto: Liu Heung Shing/AP)

Beijing vive en la negación hace 25 años y ahora la administración del presidente Xi Jinping parece ser más paranoica que sus predecesoras. El encuentro en la casa de Hao Jian era simplemente una “conmemoración del 4 de junio.” Un encuentro similar se organizó hace cinco años durante la presidencia de Hu Jintao, pero nadie fue arrestado.

En la superficie el gobierno aparenta ser más poderoso que nunca, con 80 millones de miembros del Partido Comunista, millones de soldados, casi US$4 trillones en reservas de moneda extranjera – pero en realidad es tan frágil que sus líderes no logran dormir cuando unos pocos intelectuales se juntan a hablar en una casa particular.

Después de que mis amigos fueron arrestados, anuncié por internet que me entregaría a las autoridades apenas regresara de Australia en julio porque también había “iniciado pleitos y provocado problemas.” La mayoría de mis amigos me advirtieron que no llamara la atención por un rato, pero lo pensé exhaustivamente: si la situación en China continúa deteriorando, no puedo permanecer quieto. Si también me arrestan, quizás eso despierte a más chinos a la realidad de su situación. Mi arresto será mi contribución a la resistencia a los esfuerzos del gobierno por borrar la memoria de la nación.

He visto a China cambiar. He visto como internet ha despertado a su gente. En 1989 una persona fue suficientemente valiente para pararse delante de una columna de tanques en Beijing. Si lo mismo vuelve a suceder, estoy seguro que cientos de ciudadanos comunes desafiarán a los tanques, y si las balas caen sobre ellos, miles de otros ciudadanos tendrán la valentía para enfrentar al fuego y decir, “yo los rescataré.”

Llevando cuerpos

Durante la masacre, muchos conductores de carretas arriesgaron sus vidas para rescatar a los heridos y retirar cuerpos. (Foto: Manuel Ceneta/AFP/Getty)

Publicado por
Todo el contenido publicado es de exclusiva propiedad de la persona que firma, así como las responsabilidades derivadas.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *