Los viejos y la Guerra del cerdo

la guerra del cerdo

La literatura es una de las formas más poética, más cuidada, más conspicua de presentar la realidad. A veces se muestra más utópica y otra más profética, pero lo cierto es que siempre refleja lo mejor y lo peor de nuestra condición humana. Es el espejo del imaginario colectivo por el que transitamos día a día. Es atemporal y, al mismo tiempo, testimonial por eso pensé en la vigencia del  Diario de la guerra del cerdo, una novela breve de Adolfo Bioy Casares. Una obra que recoge la violencia en ciernes sembrada por la guerrilla bajo el régimen dictatorial de Juan Carlos Onganía.

Diario de la guerra del cerdo describe una situación beligerante, ruda y cruel zanjada por una brecha generacional, donde los jóvenes parecen sentir aversión por los viejos. Es la alegoría de una sociedad alterada y, al mismo tiempo, indiferente con el dolor del otro (en este caso los viejos).

Bioy Casares decide centrar allí el conflicto  y, sin pretender llegar a ningún maniqueísmo, nos presenta la desmesura de los  jóvenes a través de frase muy crueles que no dan demasiada oportunidad a sus adversarios para salir airosos de la contienda.

“En vuelto en cuero, todo viejo se convierte en bestia.”

“No hay nada peor que la vejez”

“En esta guerra, los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser.”

“En un futuro próximo, si el régimen democrático se mantiene, el hombre viejo es el amo (…) se acabó la dictadura del proletariado, para dar paso a la dictadura de la vejez.”

En una sociedad anémica de valores éticos cualquier motivo puede ser un disparador de intolerancia y violencia.

El título de esta novela responde una vez más al estilo paródico de Bioy Casares y hace referencia a “Guerra del cerdo” un enfrentamiento librado en el siglo XIX  entre americanos y británicos por un conflicto entre granjeros donde uno de ellos le dispara al  cerdo del vecino por comer su cosecha.

Se me ocurre que si  para un argentino no hay nada mejor que otro argentino,  nadie más oportuno, en este caso, que Adolfo Bioy Casares para delinear con su impecable retórica el perfil de una sociedad fisurada, hendida y discriminatoria de la que, nos guste o no, formamos parte desde hace ya varias generaciones.

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