Eco y El nombre de la rosa

el nombre de la rosa

Para Umberto Eco un libro posee tantas interpretaciones como significados tiene la rosa; de ahí, en parte, la elección del título para esta exitosa novela.

En El nombre de la rosa, convergen la sabiduría de un erudito y la imaginación literaria de un escritor. Es  una narración gótica con ribetes históricos y filosóficos, una prosa que fabula, describe, argumenta y debate, cargada de un simbolismo propio de  los relatos borgianos: las bibliotecas, los laberintos, los espejos  tienden a desdibujar la realidad y a atesorar la idea de infinitud.

Eco recrea, en esta novela,  una época de crisis para la Iglesia católica, donde los sectores más ortodoxos se enfrentan a nuevas congregaciones. Benedictinos y franciscanos desnudan las miserias de un pontificado ahogado en la hipocresía y la ostentación, donde pululan los falsos profetas que demonizan   la imagen femenina y los placeres naturales como la risa, y se sirven de  la Santa Inquisición para exterminarlos.

Por otra parte, la novela nos muestra como los albores del Renacimiento irrumpen en aquella lejana abadía del siglo XIV a través  del franciscano Guillermo de Baskervielle,  un hombre perspicaz, amante de los clásicos y afecto a los inventos.  Un religioso que descubre el laberinto de las bibliotecas y despoja de lo sobrenatural las misteriosas muertes que se suceden en la abadía.

“Huye, Adso, (le dice a su pupilo) de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad,  porque suelen provocar la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia”<

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