La villa y el Malba (entrevista a Gabriela Cabezón Cámara)*

11 de Agosto del 2009 | Comentarios

Berni, ManifestaciónLetras Incómodas conversó con Gabriela Cabezón Cámara, autora de la “La Virgen Cabeza”. En la primera parte de la entrevista que realizó este blog , la escritora responde especialmente acerca de los aspectos políticos, sociales y culturales que envuelven a su primera novela. Aquí la charla.

Letras incómodas: A través de la militancia de Cleo, ¿existe una intención en “La Virgen Cabeza” de mostrar una superación, no sólo del individualismo que propone el liberalismo, sino además del Estado de Bienestar, el estado paternalista?

Gabriela Cabezón: Es la lectura que se ha hecho, en general, del aspecto más político de la novela. Cuando leí las críticas que decían eso, estuve completamente de acuerdo. Aunque mientras la escribía no tenía la intención de realizar una propuesta de esa índole, sí quería, de algún modo, dar cuenta de algo de lo que a mí me parece que está pasando en esta etapa del capitalismo en países como el nuestro. No es una apuesta realista, fijate que en esta villa no hay siquiera punteros –que a mí me parecen la presencia perversa de un Estado en decadencia-. No tenía esa intención, pero los personajes y la trama me fueron llevando: si un grupo de oprimidos quiere zafar de sus penurias no le queda otro camino que el de la auto-organización. Cualquier otra forma de organización más dependiente, ya sea del Estado o de empresas o cualquier institución de poder, no va a estar al servicio de la construcción de poder para liberarse de la opresión sino del la perpetuación de los poderes del Estado, la empresa o de la institución que sea.

LI: Que una de las protagonistas sea una periodista que pretende conseguir una historia marginal para conseguir una beca, ¿puede ser considerado una crítica a cómo los trabajadores de prensa enfrentan la realidad social?

GC: No necesariamente; en todo caso, es un crítica a las becas. Los trabajadores de prensa enfrentan de muchos modos la realidad social, modos que, me parece, cubren un abanico amplio que en un extremo contiene un compromiso muy profundo y hasta heroísmo –que es lo que a veces se necesita para denunciar algunos hechos-, y en el otro el oportunismo más canalla.

LI: Al final del capítulo siete, cuando se inserta de lleno en el mundo villero, Qüity confiesa: “Nunca pude volver al otro lado del mundo, al de los que viven fuera de los pequeños Auschwitz que tiene Buenos Aires cada dos cuadras”. Es interesante porque como lector, primeramente, me costó darme cuenta cuáles eran los pequeños Auschwitz: si la zonas “marginales” o las zonas “burguesas”de la Ciudad como, por ejemplo, cuando mencionás al MALBA. ¿Jugás con esa confusión?

GC: Me parece pura barbarie que puedan coexistir sin demasiados conflictos semejantes monumentos de cultura –y de acumulación de riqueza- con las carencias más extremas. Pero ya lo escribió Benjamin en su Tesis sobre la filosofía de la Historia; todo documento de cultura es un documento de barbarie. En este caso, lo bárbaro tiene que ver con la modalidad salvaje en que se da la distribución de la riqueza en nuestro país.

Personalmente, me gusta ir al MALBA y andar en bicicleta por los bosques de Palermo e ir a comer a algunos restoranes de la zona burguesa de la ciudad. Mucho más de lo que me gusta, por ejemplo, circular por Camino Negro o pasear en auto por el Camino de la Ribera y ver la increíble cantidad de basura, la prodredumbre casi inconcebible del Riachuelo, los ranchitos haciendo equilibrio para no caerse en esa ciénaga, o andar caminando con cuidado para no pisar a los miles de personas y familias que viven en la calle en las partes menos burguesas de la ciudad. Para mí, los Auschwitz porteños son esos: la gente viviendo en la calle, las villas más miserables, los asentamientos en los que miles de personas tienen como único servicio una única canilla. Las zonas burguesas de la ciudad no me parecen Auschwitz pero me parecen bárbaras, porque sin lugar a dudas un enorme parte de su esplendor se alimenta de las carencias que padecen los que viven en los pequeños Auschwitz. Y lo de pequeños lo digo por lo atomizados: si se los suma, probablemente es más de un tercio de nuestra población la que sobrevive y muere en esos lugares.

Continuará…

*Imagen: Manifestación (1934), de Antonio Berni. De la colección permanente del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA).

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