Rastros criminales

RastrosCriminalesObservamos que el color de la prenda no es importante, sino que más bien es el someter la voluntad de las mujeres e imponer las bombachas que sumisamente debían usar las víctimas durante sus ataques lo que constituye lo fetichista en su ritual criminal. La pulcritud de una prenda íntima que simbolice lo nuevo, lo limpio, y a lo que él tiene acceso cuando lo desea lo hace sentir especial e incrementa su excitación, sobre todo al arrancarlas bruscamente.

Lo que no admite dentro de su ritual criminal es lo que demostró en otro de los ataques, en donde la víctima, desnuda y con los genitales expuestos, en lugar de facilitarle las cosas por cuestiones energéticas y de tiempo, se las dificulta psicológicamente y lo excede en cuanto al manejo recreativo de sus fantasías. Después de todo, él es rígido con relación a ello y a la sinergia que necesita conseguir con la víctima y el lugar del hecho.

No me mirés, no soy asesino ni violador, solo vien a robar y estoy muy nervioso”, dice en el ataque veinte. Su nerviosismo tuvo que ver con que la mujer estaba despierta y el sorprendido en esta ocasión es él. Es en esta oportunidad donde pro pirmera vez busca cubrir su rostro, no el de la víctima, quizás resuelto a enfrentar la mirada de ella. Allí le solicita su cooperación, le pregunta: “¿Dónde te puedo encerrar?”.

Mientras revisa su ropero, le dice: “De paso miro algo de tu ropa para llevársela a mi esposa”. Nuevamente una palabra, “esposa”, que al invocar lo recuerda a él mismo en otro ámbito y lo induce a cumplir una fantasía
Título: Rastros criminales.
Autor: Maria Laura Quiñones Urquiza.
Editorial: Ediciones B.
Publicación: Junio de 2015.
Páginas: 240.
Precio: $199.

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