agosto 30, 2010 | Filed Under Argentina, Historia, Medios, Periodismo | 18 comentarios
(…) impuesto a su secretario personal, José López Rega, como máxima autoridad. Ese oscuro personaje había sido posicionado como uno de los “responsables” de la organización del retorno del líder a la Argentina, del acto más multitudinario de la historia política argentina, previsto para el 20 de junio de 1973 en las inmediaciones del aeropuerto de Ezeiza. El historiador Alberto Lapolla asegura que la participación de Osinde en la Comisión, además de reflejar el deseo de Perón de otorgarle un lugar preponderante a los sectores relegados del peronismo como contrapeso de la JP, “indicaba que el General estaba dispuesto a apelar a las armas si no se respetaba la decisión”.
Paco intentó acercarse al foco de los disparos, pero la tarea resultaba complicada. Los francotiradores de Osinde hacían blanco contra cualquier persona en movimiento, y la desbandada de compañeros que se alejaban corriendo del lugar dificultaba el avance. El escenario era desolador. Para cuando desde los altoparlantes alguien anunció que el General Perón había, por fin, aterrizado en el país, pero en Morón, no hubo nada parecido a los festejos imaginados horas antes. Miles de manifestantes ya habían elegido el camino de regreso, con las banderas plegadas y los carteles tirados al costado del camino. El rostro de miles de hombres y mujeres dejaba traslucir, entonces, otras emociones menos festivas.
Cuenta Miguel Bonasso que el día después de la matanza, lo llamó a la redacción de La Opinión una azorada Alicia Eguren para expresarle una dolorosa sentencia: “Siempre se dijo que éramos fascistas, cuando no era cierto. Ahora es verdad, Miguel: esto que vimos ayer es el fascismo”. Añade el autor de El presidente que no fue: “La viuda de John William Cooke tenía autoridad para decirlo. Walsh opinaba exactamente lo mismo. Ayudado por el “Perro” Verbitsky, había hecho escuchas antes, durante y después de Ezeiza, para tratar de hacerle enteder a la conducción de FAR y Montoneros lo que se estaba cocinando a nivel de contrainsurgencia y que no se detenía así nomás, sólo exhibiendo capacidad de movilización”. Walsh y su equipo de escuchas (que también integraba Pirí Lugones) registraron las (…)
Título: Rodolfo Walsh – Los años montoneros
Autor: Hugo Montero e Ignacio Portela
Editorial: Ediciones Continente
Páginas: 218
Publicación: Julio 2010
Precio: No disponible
febrero 18, 2010 | Filed Under Argentina, Medios | 7 comentarios
Al mediodía Telefe ofrece un tándem de novelas fuertes: por un lado, Luna salvaje, el culebrón con Gabriel Corrado, Carina Zampini y Millie Stegman, que había empezado el año anterior y que en 2001 reafirma su repercusión, y por el otro, Yago, pasión morena, protagonizada por Facundo Arana, Gianella Neyra, Romina Gaetani, Norberto Díaz y Raúl Lavié.
Por la tarde hay otro par de historias para suspirar en el canal más visto. En una Villarruel consiente una concentración poco usual de miembros del clan Ortega delante y detrás de cámaras. La novela juvenil en tira se llama En amor arte, y Telefe la produce con Dinamic, la empresa de Palito Ortega que encabeza su hijo Sebastián. El protagonista masculino es su hermano Emmanuel. También cuenta con Martín Ortega en la edición, musicalización, estética e imágenes, y Luis Ortega en la realización de los videoclips. El título viene con doble sentido: romanticismo en una escuela de arte y con Celeste Cid como heroína.
Y a continuación, Provócame conforma una extraña pareja: Chayanne y Araceli González. Se trata de una coproducción entre Telefe y RGB, la productora de Gustavo Yankelevich, en la que también trabaja su hija Romina Yan.
Si a Telefé le rinden bien sus ficciones, en cambio en América pasa casi inadvertido Cancheritos, una tira escrita por Quique Torres, y producida por Daniel Hadad, con varios chicos desconocidos y la participación de Dalma Maradona, que apenas se mantiene en el aire treinta capítulos.
En el 13 tampoco prende La Cajita Social Show, un programa de humor experimental en sketchs de los hermanos Borensztein, con Antonio Grimau y Pablo Rago, entre otros.
También en el 13 el ex CQC, Eduardo de la Puente, prueba en otras lides como conductor de un programa de entretenimientos que se llama primero Codicia y después Audacia, producido por Promofilm.
Fin de año con cacerolazo y sin presidente
En un año de tanta intensidad política, reverdecen los programas periodísticos. La cornisa, de Luis Majul, se muda a América desde el canal estatal. Después de hora, conducido por Daniel Hadad y en el que participan Eduardo Feinmann, Antonio Laje, Noel Pintos, María Isabel Sánchez, Pablo Duggan y Rolo Villar, se burla un poco más cada noche de Fernando De la Rúa, al que presentan en una versión animada con la que dialogan.
Jorge Lanata produce dos envíos: uno diario, Detrás de las noticias, con Marcelo Zlotogwiazda, Ernesto Tenembaum, Martín Caparrós y Reinaldo Sietecase, y otro, sólo los sábados, Políticamente incorrecto, un resumen semanal de noticias que animan Daniela Fernández y Sietecase.
A diferencia de los anteriores, donde prevalecen los comentarios de actualidad y entrevistas en piso, los periodísticos de investigación empiezan a multiplicarse con informes fuertes, bien producidos y mejor compaginados, como Telenoche investiga.
Título: ¡Qué desastre la TV (pero cómo me gusta…) – Argentina desde la pantalla 1999-2009
Autores: Carlos Ulanovsky y Pablo Sirvén
Editorial: Emecé
Páginas: 368
Publicación: Octubre 2009
Precio: 75 pesos
febrero 15, 2010 | Filed Under Argentina, Medios, Periodismo | 4 comentarios
Con las defensas bajas, e increíblemente para esta época, con los recursos y posibilidades que teníamos, estaba infectado por el famoso Bacilo de Koch. Cuando me informaron que tenía tuberculosis creí que había ingresado sin advertirlo en “El Túnel del Tiempo” y que, como premio a ese viaje en retroceso por las eras, me habían inoculado una enfermedad antediluviana. Pero, fuerte y tozudo, el bacilo, sin campaña de prensa, seguía vivito y coleando cumpliendo su amenaza.
Día a día el cuadro era más severo y grave. Mis pulmones estaban tomados y mi capacidad respiratoria se reducía a niveles de pesadilla. Con las sucesivas placas y los distintos análisis llegó la certificación del diagnóstico, que nos parecía una broma macabra.
¿Por qué tenía que pasarme esto a mí? ¿Por qué también tenía que pasarme esto a mí? Me preguntaba cuando el miedo me daba un respiro, atribulado por la sucesión de experiencias crueles justo cuando comenzaba a tomar velocidad crucero en el mundo duro de las noticias. Me sometí a un riguroso tratamiento. Tomaba diariamente siete pastillas y me debían poner inyecciones tres veces a lo largo de cada jornada. Las inyecciones y los remedios no bastaban, para comprobar su efectividad, cada quince días debían realizarme, tal como lo señalaba el tratamiento más acertado, radiografías de tórax.
La recuperación llevó un largo y fatigoso proceso, el tiempo que hubiese necesitado de duelo. Lo sufrí, lo padecí, me atemorizó. En algún momento, cuando los distintos procedimientos de verificación no arrojaban resultados sustancialmente mejores, llegué a tener fantasías crudas. Alucinaciones con escenas trágicas, de sufrimiento y ahogo. Hasta la muerte volvió a rondarme en alguna noche afiebrada con el gesto de quien había pasado por nuestra familia sin terminar su trabajo.
Título: El poder de la buena noticia
Autor: Guillermo Andino
Editorial: Aguilar
Páginas: 181
Publicación: Octubre 2009
Precio: 45 pesos
enero 15, 2010 | Filed Under Argentina, Medios, Periodismo | 9 comentarios
De Narváez se dio por ofendido y amenazó con iniciarle acciones legales a Kirchner. El Foro del Periodismo Argentino (FOPEA) le reclamó al presidente que revelara las identidades de aquellos periodistas corruptos, ya que nadie mejor que él podría averiguar con rapidez algo tan grave. Jamás lo hizo. Alfredo Leuco rompió lanzas desde su programa en radio La Red:
-Ayer utilizó el látigo crítico contra el canal donde trabajo y pareció estar muy molesto con el programa Fuego Cruzado, que hacemos con Marcelo Longobardi. Quiero contarle, señor presidente, que un alto funcionario suyo apretó a una importante empresa petrolera para que no auspiciara a nuestro programa.
Leuco estaba hablando de Repsol-YPF, cuyos responsables del área publicitaria acababan de confesarle que habían recibido fuertes presiones del ministerio de Planificación al mando de Julio De Vido y de la Jefatura de Gabinete para que no apoyaran con avisos el programa. Lo mismo había ocurrido con Telefónica de Argentina, pero sus gerentes miraron hacia otro lado, apostando a que el programa duraría menos que los embates políticos en su contra. No eran las únicas presiones que surcaban la trastienda.
Arrinconado por Vila y Hochbaum (hombre del ministro De Vido en el directorio de América TV), Lejtman empezó a transmitir señales de alerta a la producción y a los conductores. Primero, pidió que se borrara al imitador de Kirchner. Luego, que hubiera un mayor equilibrio político entre los invitados al estudio. Después, que se gastara menos dinero en informes y más esfuerzo en conseguir mejores entrevistados.
-Traélo a Alberto Fernández, Román, que nosotros lo entrevistamos con muchísimo gusto –se le llegó a retrucar.
Lejtman ya no parecía el mismo de años atrás, cuando Eduardo Eurnekian decidió levantar Sin Límites (el programa que compartía con Leuco, Longobardi y Luis Majul) porque osaron hacer un informe sobre la famosa pista de aterrizaje de Anillaco, ubicada casi en el fondo de la resi (…)
Título: Patria o Medios
Autor: Edi Zunino
Editorial: Sudamericana
Páginas: 352
Publicación: Octubre 2009
Precio: 55 pesos