Ernest Hemingway: Por quién doblan las campanas

Editorial Planeta. 1997.

Ya debían de haber cruzado. Cuatrocientos kilómetros por hora deben de hacer los 111 en todo caso. Harían falta cinco minutos para llegar hasta allí. En aquellos momentos se hallarían al otro lado del puerto, volando sobre Castilla, amarilla y parda, bajo ellos, al sol de la mañana; con el amarillo surcado de las vetas blancas de la carretera y sembrado de pequeñas aldeas, las sombras de los Heinkel deslizándose sobre el campo como las sombras de los tiburones sobre un banco de arena en el fondo del océano… No se oyó ningún bang, bang, bang, ningún estallido de bombas. Su reloj seguía haciendo tictac. Deben de ir a Colmenar, … Sigue leyendo