Sin burguesía no hay democracia, ¿sin industria no hay nación?

La ciencia política le debe a la Unión Industrial Argentina (UIA), que a su vez le debe a Carlos Pellegrini, uno de sus eslóganes más famosos… ¿o alguien acaso duda de que el “sin burguesía no hay democracia” de Barrington Moore Jr. es un afano del “sin industria no hay nación“, de producción local? A fines del año pasado en la conferencia anual de la UIA jr. (sub 40) que antecedió a la UIA sr., el dr. Natalio Botana, entusiasmado por un auditorio no académico, industrial y joven incitaba a los oyentes a ir más allá de sus propios intereses particulares para lograr una verdadera democracia representativa, republicana y federal (que dicho sea de paso serán los tres capítulos del ciclo Democracia y desarrollo que el grupo Clarín repetirá en el 2015, ¿idea de Marcos Novaro?).

Si tuviera que completar el grito de guerra industrial, Carolina Castro, vicepresidente de diálogo de UIA joven, diría “…porque no hay nación sin empleo de calidad para todos los argentinos”. Castro toma el guante de Botana y afirma que si bien la UIA defiende el rol de la industria argentina, lo hace con una mirada atenta al desarrollo económico y social. Y esta mirada abarca temas no sectoriales como la educación. Autodefinida en twitter como madre, industrial y autopartista (trabaja en Industrias Guidi), asegura que hay una preocupación en la Organización sobre la problemática de género en la gremial empresaria, pero cree que “es algo más amplio que una ley de cupos y que si queremos dirigentes mujeres debemos mejorar su acceso a los puestos de dirección en las empresas”. Todo es cuestión de empezar, este año se creó una comisión en UIA que habrá que seguir de cerca.

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De cara al futuro, el semillero industrial ve con cierta preocupación la partitura que empieza a sonar entre los economistas de los candidatos presidenciales, el trío del “sale o sale” que, según Randazzo, venden los medios con encuestas prematuras: Macri, Massa o Scioli. ¿Esto se arregla con un shock de confianza que atraiga inversiones en agro, minería y petróleo? “Argentina tiene antecedentes de intentar tomar atajos al desarrollo aprovechando un recurso temporalmente”, afirma Castro, y cita el caso de los 90, “cuando se pensaba que abriendo la economía al ingreso de capitales ya no hacía falta tener industria porque los puestos de trabajo y la producción los desarrollaría el capital extranjero, algo que no ocurrió porque el ingreso de capitales, ya sea por deuda o por inversiones, era un recurso abundante solo temporalmente”. Y advierte que lo mismo puede ocurrir en los próximos años, con el riesgo de la primarización de la economía.

Eduardo Levy Yeyati planteó hace poco en una columna en el diario La Nación el dilema que se plantea para el país a la hora de definir una estrategia de desarrollo para los próximos años: ser tigres o canguros. ¿Puede la Argentina, país de ingresos medios, competir con los tigres asiáticos que exportan trabajo precario, o deberíamos mirar hacia Australia, que exporta conocimiento de alto valor agregado en campos como educación y agromanufacturas? A Levy Yeyati no le preocupa la desindustrialización de las últimas décadas (que es en parte un efecto estadístico), mientras venga la terciarización (mayor participación del sector servicios) con empleos de calidad y mejor remunerados. Castro enfoca el dilema desde la necesidad de la innovación, “Tigres y canguros definieron su estrategia en otros escenarios globales y con condiciones de salarios bajos y de abundancia de recursos naturales que no reflejan nuestra realidad nacional. Por eso… la discusión es cómo generamos valor e innovación desde Argentina aprovechando los recursos estratégicos que tenemos y la inversión de la última década en ciencia y tecnología que hicieron las empresas y el Estado”.

Mala prensa

Así como el sector financiero tiene muy mala imagen, pero la opinión pública valora al Galicia o al Santander, a los empresarios/emprendedores, dependiendo de la escala, les va un poco mejor que al “empresariado”. Castro se queja de la paradoja: “es curioso leer notas en donde se habla positivamente de emprendedores y en la página siguiente mal de los empresarios”. No comunicar el aporte que realizan a la sociedad genera percepciones que considera erróneas, ejemplo: la idea de “que el empresariado dialoga con los gobiernos cuando su rentabilidad o sus negocios con el Estado se ven afectados, cuando en realidad la gremial trabaja todos los días con una agenda que va más allá de la coyuntura, aunque esto ocupe una parte importante de la agenda. Insisto, nuestro error es no mostrar todo lo que se hace, el 99% de la actividad gremial cotidiana parece que no es noticiable: hay que cambiar esto”.

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