Escenas de la Argentina que viene en el espejo de Brasil

¿Gabinete de coalición, versión criolla?

En la Argentina que proyecta Scioli tendremos inflación de ministerios: Economía Social (¿para el Movimiento Evita?), Derechos Humanos (¿para La Cámpora / HIJOS / Abuelas?), Ciudades y Territorios (¿para los intendentes?) y Logística y Transporte (¿para los empresarios?) son algunos de los que anunció en las últimas semanas; en Brasil, en cambio, Dilma dijo que cerrará 10 dependencias. Entre los candidatos a caerse del mapa están los ministerios de Puertos, Aviación Civil y Pesca.

La versión local de la coalición basada en el reparto de puestos en el gabinete a cambio de apoyo político en el Congreso que funciona en Brasil excluye en la Argentina a otros partidos políticos. Scioli busca seducir directamente a los actores sociales sin intermediación política: movimientos sociales, empresarios e intendentes, entre otros. La moneda de cambio: ¿apoyo para las elecciones y sostén del plan de estabilización que deberá encarar el próximo gobierno y que incluye, seguro, medidas antipáticas?

En una nota en Página 12, Lula, de visita estos días en el país, llamó a votar por Scioli en una campaña presidencial que tiene mucho de la Suramérica versión 2005-2014, dice la brasilóloga Carolina Barros, ex editora general del Buenos Aires Herald. Rafael Follonier le organiza reuniones al candidato con líderes que, con la excepción de Evo Morales en Bolivia, ya no son lo que eran. La campaña del miedo que motoriza el PJ, en línea con el discurso con el que Dilma derrotó a Aecio Neves, “está a destiempo con lo que pasa en el país y en la región, se vienen ajustes por todos lados”, advierte Barros.

Scioli y LulaQueda en evidencia el mal timing de la foto de Scioli con el ex presidente brasilero que, desaforado, debe dar cuentas en la justicia por las derivaciones internacionales del Lava Jato en Portugal, Venezuela, Perú y Cuba (las balas pasan cada vez más cerca). La parálisis de la obra pública ya impactó en el nivel de empleo, sobre todo en la construcción. El gobierno de Dilma ya acepta que se vienen recortes en los programas sociales emblemáticos como “Mi Casa, Mi Vida” y contempla un aumento de impuestos por decreto. Lejos de ser una foto feliz para mostrar lo que nos espera a los argentinos si el ex motonauta es electo presidente.

¿Es posible un Lava Jato argentino?

Según Barros, muy difícil. En Brasil la justicia es independiente del poder político y tiene una herramienta poderosa, la delación premiada, que prevé la reducción de las penas de los acusados a cambio de información. Hoy hay más de 30 comisiones de investigación con políticos que son investigadores en una y objeto de investigación en otra.

Dilma tiene dos frentes judiciales adicionales al que protagonizan Petrobrás, Eletrobras y Eletronuclear (en manos del Ministerio Público Federal): a) El Tribunal de Cuentas de la Unión investiga a la Presidenta por el manejo irresponsable de los fondos de la nación, específicamente, por disfrazar las cuentas del presupuesto y b) El Supremo Tribunal de Justicia investiga el financiamiento de la campaña que la llevó a la primera magistratura. En la Argentina nadie toma en serio el presupuesto y en primera instancia sobreseyeron a los recaudadores de la campaña de CFK 2007, causa que hoy descansa en la Cámara Federal.

“Esto se arregla fácil”

“Tocás un poco el tipo de cambio, arreglás con los holdouts, deuda en lugar de emisión y señales al mercado para atraer inversiones”, parece ser el consenso de muchos políticos en campaña y empresarios dispuestos a confiar en que con corregir un poco el rumbo y cambiar al timonel se solucionan todos los problemas. Al menos por unos años y a pesar del cambio de dirección del viento internacional. Eduardo Levy Yeyati dice que la caída de los términos de intercambio del país puede ser un incentivo para que los políticos piensen a mediano plazo en un plan de crecimiento que vaya más allá de un liviano rebote, sin ayudas transitorias o externas.

¿Qué nos dice Brasil acerca de lo que puede ocurrir en la Argentina con la eventual reelección del oficialismo? Hace unas semanas Dilma concedió que, tal vez, “reaccioné tarde al freno económico“, y encara el ajuste con un capital político, por lo menos, escaso: 8% de popularidad. El propio Michel Temer, vicepresidente que puso el PMDB, admitió que con esos niveles de adhesión es difícil que la presidenta concluya su mandato y se desligó de la conducción política del gobierno que había tomado ni bien estalló el Lava Jato. Él también está en la línea de tiro de la Justicia.

La aprobación del gobierno no es un dato accesorio en términos políticos. Barros recuerda un dato muchas veces soslayado, la constitución brasilera dice que una vez depuesto el presidente mediante juicio político, si el impeachment se da antes de concluida la primera mitad del mandato, el vice a cargo del Ejecutivo debe llamar a elecciones. La popularidad de Lula funcionaba como un dique de contención contra este procedimiento. Sacar a Dilma era consagrar al ex líder metalúrgico. Hoy, según las últimas encuestas, si hubiera elecciones, el PT la tendría muy difícil. El lobby empresarial es el único sostén de Dilma; los líderes del PSDB, que inicialmente se habían mostrado prudentes, ya se manifiestan abiertamente a favor de iniciar el proceso para destituirla.

La comparación de ambos países no es pertinente, dice Barros. En la Argentina el Peronismo cambia de piel y sintoniza con las demandas de la época con cierta facilidad. En Brasil reina la incertidumbre: el PMDB tiene una estructura política muy consolidada en todo el territorio, pero no genera liderazgos competitivos. El PSDB está dividido en tres corrientes (Serra, Cardoso y Neves) y no tiene una conducción clara. Sobre la eventual caída del PT, Barros considera que “hay que ver cómo los pobres pueden canalizar su voto en un país que es un gran archipiélago sumado a un país todavía invertebrado con un nordeste pobre y feudal”.

Forzando la comparación, si el gradualismo no da resultados y los dólares no llegan a tiempo para encarar las elecciones de 2017, ¿veremos, como Dilma y el banquero-ministro de economía Levy, a un Scioli debilitado y dispuesto a aplicar el bisturí, incluso en contra de su propio partido?

La grieta no es sólo argentina.

Un amigo que trabajó unos años en un restaurante en San Pablo cuenta que, en Brasil, la grieta se traza entre la cocina y el salón, laburantes todavía oficialistas y comensales opositores. Buena imagen de los desafíos que tiene Cambiemos: como buenos mozos, atender a la clientela que es la que paga la propina, pero hacer un esfuerzo con los cocineros para que no les escupan el asado. Eduardo Fidanza dice que en la división del trabajo político el peronismo se ocupó de la justicia social y el radicalismo (Cambiemos) de la defensa de las instituciones. Para ser competitivos, los pan-radicales deben ofrecer un discurso atractivo también para los sectores populares que muchas veces ven las denuncias por el avasallamiento de la justicia por parte del Poder Ejecutivo como algo abstracto.

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