enero 12, 2009 | Filed Under Verano | 1 comentario
El paladar en vacaciones responde a la comodidad, al clima, a las ganas de cocinar y sobre todo, al bolsillo. Muy buen provecho relevó las opciones que ofrece Pinamar para comer según le plazca a cada uno. Gasoleros en la playa, amas de casa dispuestas a cocinar, promociones en el centro y comida gourmet en los paradores de moda.
Los sanguchitos son un clásico. Jamón, queso, pan lactal. Sin mucho esfuerzo y por $35, un grupo de seis jóvenes sub 20 prepara su almuerzo en la puerta de un supermercado ubicado sobre la Av. Bunge de Pinamar. De ahí, a la playa.
Cocinar en casa es más barato. Juliana tiene 44 años y dos hijas adolescentes. Prefiere preparar comida casera. Por el costo y por lo saludable. Hoy al mediodía comen churrasco con ensalada. En el súper, el kilo de bife ancho sale $13,50.
Promociones en la calle. Los restaurantes, pizzerías y cafés del centro de Pinamar ofrecen opciones económicas. Necesitan seducir al público cada vez más gasolero. Un desayuno con café y torta sale $15 y una pizza de muzzarella con cerveza se puede conseguir a $30.
Comida gourmet frente al mar. También están los que prefieren el glamour de algún balneario de moda. Allí los platos más elaborados pueden degustarse mirando el mar y disfrutando las bondades del aire acondicionado. Un salmón con espárragos y puré de zanahoria cuesta $48.

* Muy Buen provecho, desde Pinamar.
enero 6, 2009 | Filed Under Curiosidades, Lugares, Personajes | 1 comentario
Las nubes cubren el cielo de Santo Antonio de Lisboa, al sur de Florianópolis. Un chorro de agua fuerte y dulce limpia las ostras recién traídas del mar que ahora chocan entre sí en una red oscura, que las contiene vivas.
José Alberto Queiroz pesca desde que tiene 8 años, cuando con su papá se embarcaba mar adentro en una balsa hecha “de un sólo tronco”. Hoy se dedica a la maricultura y es pionero en el cultivo de ostras, actividad que comenzó hace 23 años. Tiene la piel curtida por el sol, el pelo gris y arrugas profundas. Su voz es gruesa y se escucha fuerte en medio de la playa desolada: “soy el primer productor de ostras del Estado de Santa Catarina”, dice, y hace silencio para mirar el mar.
“O verdadeiro canto das ostras”. El molusco tarda de ocho a diez meses en alcanzar el tamaño ideal para su comercialización. Cada diez días, durante todo ese tiempo, Queiroz retira las ostras del mar y las limpia con agua dulce. Así les quita los depredadores que se posan en las conchas cuando están sumergidas en el mar. Si no lo hace, dice, “pueden morir o lastimarse”.
Cuando están listas para comer, el hombre de mameluco azul las vende a los hoteles y restaurantes de la zona a 5 reales la docena (menos de 8 pesos). Luego, a la carta, el plato de 12 ostras “al natural” costará alrededor de 40 reales (60 pesos).
Ya está oscureciendo en Florianópolis. Queiroz y sus ayudantes guardan los botes y las redes que volverán a usar mañana, apenas amanezca. El silencio es absoluto. El mar está calmo. Sólo queda abrir la ostra, apretar el limón, y listo.
*Muy Buen Provecho, desde Florianópolis.