Chau al Rey del Panqueque
abril 28, 2010 | Filed Under En la calle | 6 comentariosCarlitos se murió. Tenía 76 años, más de 20 locales de comida rápida distribuidos entre Villa Gesell y Buenos Aires. Y millones de panqueques en su haber.
Carlitos se murió. Tenía 76 años, más de 20 locales de comida rápida distribuidos entre Villa Gesell y Buenos Aires. Y millones de panqueques en su haber.
MARIO BUNGE DIXIT*
“… Las facultades de psicología criollas se parecen al proverbial restaurante que sirve guiso de liebre sin liebre, de modo que estafan a sus alumnos y a los contribuyentes”.
Continuar leyendo Mario Bunge, la liebre y el psicoanálisis…
Cornelio Saavedra pedía prudencia ante la Revolución de Mayo que se estaba gestando: “Paisanos y señores, aún no es tiempo; dejen que las brevas maduren y entonces las comeremos”.
Mucho tiempo después, Arturo Illia cenó en la Casa Rosada para festejar su asunción y retó a los cocineros: “El puchero que comí estaba exquisito, pero no me gusta que me metan gato por liebre. Prefiero que me aclaren que no hay gallina y no que metan pollo sin decir nada”.
Los presidentes Evo Morales y Cristina Kirchner fueron menos metafóricos. Hablaron de pollos, de homosexuales, de cerdos y de Viagra. Asociaron la gastronomía a la sexualidad.
Sus palabras inspiraron “Máximas y apreciaciones gastronómicas”, la nueva y mini sección que queda inaugurada hoy.
CRISTINA FERNÁNDEZ DIXIT*
“La ingesta de cerdo mejora la actividad sexual”.
“Es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra”.
“Yo soy fanática de la carne de cerdo”.
*Durante el anuncio de un convenio firmado entre la Oncca y la Asociación de Criadores de Cerdo.
“Los pollos tienen sus virtudes. Tal vez no sean afrodisíacos como los cerditos, pero adelgazan”.
“A lo mejor, comer pollo nos hace volar”.
“Volemos con pollos y comamos cerdo”.
*Al encabezar un acto en Capitán Sarmiento.
EVO MORALES DIXIT*
“El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”.
“La calvicie, que parece normal, es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos. Y es por las cosas que comen. Mientras, en los pueblos indígenas no hay calvos, porque comemos otras cosas”.
“Nuestra papa originaria está satanizada”.
“Es mejor tomar la chicha de maíz que la Coca Cola. La Coca Cola hace daño.”
*En la inauguración de la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra.
“¿Y esto qué cosa es?”, le preguntó Hilda Molina al hombre que estaba en la puerta de su casa en Cuba con un paquete enorme y congelado entre sus manos. La respuesta que escuchó le dejó la boca abierta: “Se lo manda el comandante para que lo cocine”.
Fidel Castro le había enviado una oca de regalo y ella no podía creerlo: “Hacía tiempo que no veíamos un animal tan grande congelado. No sabíamos ni lo que era, pero nos sirvió para cocinar y comer durante varios días”.
Ese no es el único recuerdo culinario que tiene Hilda Molina de los años en que todavía no se había enfrentado al régimen y se sentaba a la mesa del comandante como una invitada de honor. También se acuerda de los banquetes que ofrecía Fidel Castro; de las anguilas, las angulas, los erizos, los huevos de codorniz, la merluza negra, y de las peleas por no querer comer “esa comida de millonario”.
Hilda Molina está parada en la cocina del departamento que comparte con su mamá en Ciudad Jardín, un barrio de calles circulares y casas bajas de Palomar, en el oeste del conurbano bonaerense. Nos mira a la cara. Nos mira fijo y nos dice que los cubanos deben tener “atrofiadas las papilas gustativas”.
Aunque ella sea, como dice, una persona que come “muy poco”, “anoréxica” y “desganada” con la comida desde que nació, tiene una mirada crítica sobre la alimentación de sus compatriotas. Dice que comer en Cuba es una “tragedia”.
Ahora mira a la cámara y dispara: “Las mujeres, las abuelas, las madres cubanas han tenido fama siempre de ser excelentes cocineras y hay platos cubanos típicos que son muy queridos y considerados en Cuba. Pero después de que el gobierno cubano llega al poder, es el gobierno quien decide lo que los cubanos tenemos que comer”.
También cuenta que hay “una nueva cultura de la alimentación en Cuba”. Que hay libretas de racionamiento. Comedores gubernamentales con alimentos incomibles. Pesos cubanos que no alcanzan. Remesas que envían los familiares que están en el exterior. Tiendas dolarizadas para unos pocos. Panes que se disuelven en la mano. Leche hasta los siete años. Un poquito de arroz, un poquito de frijoles, algo de azúcar, seis u ocho huevos, unos pedacitos de pollo para los niños y los enfermos.
Y nada más.
Mañana, en una segunda entrega, Hilda Molina recuerda los convites “millonarios” de Fidel Castro y el insólito regalo que recibió del comandante.