El zoológico porteño convertido en comedor

abril 29, 2009 | Filed Under Comida Animal, Curiosidades, Lugares | 3 comentarios

Un oso pardo devora una fuente llena de frutas, verduras y pan con miel. Antes que el animal levante la vista de su plato, un grupo de niños corre y se cuela por donde puede para ver a la bestia que ahora se relame satisfecha. Gritos, flashes y más gritos.

El zoológico de Buenos Aires se convierte de pronto en un gran restaurante. El predio de 18 hectáreas enclavado en el centro del barrio porteño de Palermo es ahora un comedor gigante para los 2.000 animales que lo habitan. Y un espectáculo gastronómico para todos los demás.

Detrás del show, y ajenos al ritmo acelerado de los visitantes ocasionales, hay expertos en nutrición que trabajan todos los días desde las seis de la mañana hasta el mediodía preparando la ración de comida para cada animal: cien gramos de cucarachas para los murciélagos; un kilo y medio de hinojo para las tortugas; o diez kilos de carne para los leones.

La cocina es un pequeño reducto perdido entre los senderos del Zoo. Hay una mesada de mármol, balanzas para pesar insectos, ollas gigantes hirviendo kilos y más kilos de zapallo, heladeras industriales repletas de carne, cajones de verduras, paquetes de comida balanceada, hormas de queso y platos con frutillas. Los encargados de la comida animal seleccionan, cortan, pesan y embolsan el alimento que luego será repartido.

Delivery boys. Dos hombres vestidos con uniforme verde pasan inadvertidos entre tanto hijo, pochoclo y madre alterada. Caminan por los senderos del zoológico cargando una bolsa de nylon transparente con un pedazo de carne. Caminan en dirección a la jaula de los leones, que de repente se levantan de su letargo habitual porque advierten que la presa está cerca, aunque llegue muerta y envuelta en plástico.

“Esto es un restaurante con delivery incluído”, se divierte Miguel Rivolta, veterinario a cargo de la Gerencia Técnica del Zoo. “Igual que nosotros -dice- los animales tienen su costumbre de comer, y sus mañas también”

Calentitos los churros

febrero 13, 2009 | Filed Under Curiosidades, Verano | 20 comentarios

Tres mil kilos de harina con agua y sal, mil quinientos litros de aceite bien caliente y mil doscientos kilos del mejor dulce de leche. Con eso, la churrería “San Cayetano” de Pinamar produce los churros de toda una temporada.

Desde hace 4 décadas, Héctor Gil se instala con su familia en la costa para hacer y vender la factura clásica del verano. Con su mujer, sus dos hijos y su yerno, forman una máquina perfecta de cinco eslabones.

La sincronización del trabajo es increíble. Uno amasa, otro corta, el que puede fríe, la otra rellena y la que queda libre atiende al público. Funcionan a la perfección y sin detenerse. Los movimientos son exactos porque el lugar es ínfimo y el aceite caliente es un peligro.

Está claro. La estadía de Muy buen provecho en el lugar más bien entorpece la tarea. Por eso nos justificamos a cada rato: “Sólo queríamos saber cómo se hacen los churros que comen todos”.

“Ningún secreto. Esto es masa frita nomás, nada de misterio”. Pero Héctor disimula. Hay algo especial en sus churros que los vuelve irresistibles. “Tomá, probá uno”, dice mientras estira la mano con convicción para que sea imposible rechazarlo.

El Rey de las Ostras*

enero 6, 2009 | Filed Under Curiosidades, Lugares, Personajes | 1 comentario

Las nubes cubren el cielo de Santo Antonio de Lisboa, al sur de Florianópolis. Un chorro de agua fuerte y dulce limpia las ostras recién traídas del mar que ahora chocan entre sí en una red oscura, que las contiene vivas.

José Alberto Queiroz pesca desde que tiene 8 años, cuando con su papá se embarcaba mar adentro en una balsa hecha “de un sólo tronco”. Hoy se dedica a la maricultura y es pionero en el cultivo de ostras, actividad que comenzó hace 23 años. Tiene la piel curtida por el sol, el pelo gris y arrugas profundas. Su voz es gruesa y se escucha fuerte en medio de la playa desolada: “soy el primer productor de ostras del Estado de Santa Catarina”, dice, y hace silencio para mirar el mar.

“O verdadeiro canto das ostras”. El molusco tarda de ocho a diez meses en alcanzar el tamaño ideal para su comercialización. Cada diez días, durante todo ese tiempo, Queiroz retira las ostras del mar y las limpia con agua dulce. Así les quita los depredadores que se posan en las conchas cuando están sumergidas en el mar. Si no lo hace, dice, “pueden morir o lastimarse”.

Cuando están listas para comer, el hombre de mameluco azul las vende a los hoteles y restaurantes de la zona a 5 reales la docena (menos de 8 pesos). Luego, a la carta, el plato de 12 ostras “al natural” costará alrededor de 40 reales (60 pesos).

Ya está oscureciendo en Florianópolis. Queiroz y sus ayudantes guardan los botes y las redes que volverán a usar mañana, apenas amanezca. El silencio es absoluto. El mar está calmo. Sólo queda abrir la ostra, apretar el limón, y listo.

*Muy Buen Provecho, desde Florianópolis.

Menú tumbero para las fiestas de fin de año

diciembre 24, 2008 | Filed Under Curiosidades | 9 comentarios

Los presos del pabellón B de la Unidad de Detención de Río Grande quieren disfrutar las fiestas con un banquete. Y así se lo hicieron saber al Juez Correccional Federico Carniel, a quien le enviaron una nota escrita de puño y letra -así, como quien envía una carta para Papá Noel- con el listado de alimentos que consideran necesarios para festejar.

El diario online Resumen Policial de Tierra del Fuego, publicó las imágenes:

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Feliz Navidad y Muy buen provecho!

Los cocineros del poder – Tercera parte

octubre 15, 2008 | Filed Under Curiosidades, Lugares, Personajes | 13 comentarios

“Tengo para contar de los perros, los gatos y los loros”. Rubén Gómez no exagera. Trabajó 14 años como chef en la Quinta de Olivos y vivió en la intimidad con la familia Menem y con los De la Rúa. Cocinó para ellos, para sus amigos y para los invitados.

Desde la cocina, Gómez escuchó gritos, recibió órdenes y fue testigo de situaciones desopilantes. Como cuando el ex presidente Carlos Menem le enseñó a cantar la marcha peronista a “el negro”, un loro que convivía con ellos, entre ollas y sartenes.

Muy buen provecho encontró a Rubén en un pasillo de la Casa Rosada, donde trabaja desde que dejó “el chalet presidencial”. Entusiasmado y locuaz contó las anécdotas que coleccionó durante su estadía en Olivos. El asado que se comió George Bush, el papelón de “Charly” con Isabel Perón, las visitas sorpresivas de Zulemita a la cocina y los modos de la familia del ex presidente Antonio De la Rúa.