Oca a la Cubana (Hilda Molina, parte II)

abril 15, 2010 | Filed Under Personajes | 2 comentarios

“¿Y esto qué cosa es?”, le preguntó Hilda Molina al hombre que estaba en la puerta de su casa en Cuba con un paquete enorme y congelado entre sus manos. La respuesta que escuchó le dejó la boca abierta: “Se lo manda el comandante para que lo cocine”.

Fidel Castro le había enviado una oca de regalo y ella no podía creerlo: “Hacía tiempo que no veíamos un animal tan grande congelado. No sabíamos ni lo que era, pero nos sirvió para cocinar y comer durante varios días”.

Ese no es el único recuerdo culinario que tiene Hilda Molina de los años en que todavía no se había enfrentado al régimen y se sentaba a la mesa del comandante como una invitada de honor. También se acuerda de los banquetes que ofrecía Fidel Castro; de las anguilas, las angulas, los erizos, los huevos de codorniz, la merluza negra, y de las peleas por no querer comer “esa comida de millonario”.

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Comer en Cuba, por Hilda Molina (parte I)

abril 14, 2010 | Filed Under Personajes | 33 comentarios

Hilda Molina está parada en la cocina del departamento que comparte con su mamá en Ciudad Jardín, un barrio de calles circulares y casas bajas de Palomar, en el oeste del conurbano bonaerense. Nos mira a la cara. Nos mira fijo y nos dice que los cubanos deben tener “atrofiadas las papilas gustativas”.

Aunque ella sea, como dice, una persona que come “muy poco”, “anoréxica” y “desganada” con la comida desde que nació, tiene una mirada crítica sobre la alimentación de sus compatriotas. Dice que comer en Cuba es una “tragedia”.

Ahora mira a la cámara y dispara: “Las mujeres, las abuelas, las madres cubanas han tenido fama siempre de ser excelentes cocineras y hay platos cubanos típicos que son muy queridos y considerados en Cuba. Pero después de que el gobierno cubano llega al poder, es el gobierno quien decide lo que los cubanos tenemos que comer”.

También cuenta que hay “una nueva cultura de la alimentación en Cuba”. Que hay libretas de racionamiento. Comedores gubernamentales con alimentos incomibles. Pesos cubanos que no alcanzan. Remesas que envían los familiares que están en el exterior. Tiendas dolarizadas para unos pocos. Panes que se disuelven en la mano. Leche hasta los siete años. Un poquito de arroz, un poquito de frijoles, algo de azúcar, seis u ocho huevos, unos pedacitos de pollo para los niños y los enfermos.

Y nada más.

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Mañana, en una segunda entrega, Hilda Molina recuerda los convites “millonarios” de Fidel Castro y el insólito regalo que recibió del comandante.