El club de la pelea más infantil

Es verano, nadie lee:

En los últimos meses hemos presenciado un decaimiento total, absurdo y tremendamente veloz de las relaciones humanas entre personas que, hasta hace muy poquito tiempo, se llevaban bien. Algunos de ellos, incluso, conocidos míos, amigos personales, enemistados por la defensa del o el ataque al gobierno. Como si en vez de elaborar una idea del antagonismo como método de Poder, Laclau tan sólo se hubiera limitado a darnos un diagnóstico. Nos gusta el bardo, nos encanta pasarla mal, nos fascina tener que putearnos por cosas que, al relatarlas, nos damos cuenta que fueron tremendas pelotudeces.

Durante el kirchnerismo se dieron tres fenómenos nunca antes vistos: la masificación de Internet, la aparición de las redes sociales y la visualización de la división social politizada. Los tres van de la manito, ninguno se podría haber dado sin los otros dos. O sea: siempre hubo antagonismos en la sociedad argentina. No, no como en cualquier parte: el antagonismo no es pensar diferente, sino pensar que el otro está equivocado. No es lo mismo. Los unitarios y los federales quisieron masacrarse –de hecho, lo hicieron–, al igual que en la mayoría de los países surgidos de las luchas independentistas del siglo XVIII y XIX. Sin embargo, acá la seguimos de lo lindo con revoluciones armadas, anarquistas magnicidas, gobiernos democráticos ultra violentos, y demás cosas por el estilo en un vaivén histórico tan, pero tan difícil de explicar que parece mentira que sólo tengamos un par de siglos de historia documentada.

Nuestra forma de ser es beligerante, y también me declaro culpable de ello. Tratamos mal al pibe del delivery que a su vez se caga en el tránsito esquivando autos con una moto para la cual pareciera que no corre la legislación vial; el que va arriba del auto putea al motoquero para luego tirarle el coche encima al primer peatón que se le ocurre cruzar por la esquina. Este se sube al primer bondi que le para y forrea al colectivero por retrasarse cinco minutos en una ciudad con 46 piquetes por hora. Al tercer semáforo en rojo al hilo, el chofer putea a un policía por no haber visto que un taxista paró en doble fila en una esquina. El poli, con 37 horas laburadas encima, manda a la mierda a la novena persona que le pregunta dónde queda la calle Ayacucho mientras usan ese aparato con pantalla de mano un millón de veces más veloz que la Commodore 64 para mandar 19 mensajes de voz a un grupo de Whatsapp en menos de una hora. El mensaje número 20 será para contar que le tocó un policía de mierda justo en el día en que el delivery le trajo la pizza fría, un auto casi lo atropella y el bondi llegó tarde en una ciudad de mierda en la que no se puede vivir a causa del humor de la gente. Y que la culpa de todo es de los políticos, claro.

La irrupción de las redes sociales a mediados de la década pasada implicó un punto de quiebre notable. Más allá de la buena onda, los chistes, las poses, las amistades surgidas y otras cosas por el estilo, apareció el fenómeno de la puteada imprevista de sujetos desconocidos. Ahora llegaban de forma directa agresiones que, si las hubiéramos visto en la calle, habrían generado rechazo colectivo. O sea: como en un Club de la Pelea para vagos, el colectivero, el policía, el pibe del delivery, el peatón y el tachero se encontraron en un espacio en el que la impunidad de no poder recibir una cagada a trompadas por parte del agredido generó un accionar que, face to face, nos haría sentir incómodos.

Confundiendo interés con pertenencia, nos acomodamos en trincheras a las que no le miramos las banderas. Así, el tachero y el policía pueden coincidir en un par de cosas y eso los hace sentir parte de una fraternidad que se enemista con el colectivero y el pibe del delivery. Al igual que cuando una nación está en guerra, no hay facciones en los bandos. La cohesión mostrada por el invasor sólo puede ser repelida por la unión de la resistencia. Dentro de cada bando, si se inspeccionaran fríamente, podrían llegar a odiarse. Entre los bandos, si hicieran lo mismo, podrían llegar a coincidir en algunas cosas. Todos terminan por odiarse y aliarse cuando las trincheras cambian de banderas. La guerra nunca termina.

Agresiones que vuelan, acusaciones que van, informaciones sacadas de contexto que vuelven, engreídos que señalan con el dedo, engreídos que se ofenden, personas que apoyaron a gobernantes analfabestias ofendidos con medidas de gobierno que no entienden, sujetos que nunca vieron un dolar acusando de kirchneristas a pobres boludos que sacaron un crédito hipotecario, turbas iracundas con antorchas en forma de tuits dispuestos a quemar en efigie al que nos molestó. Es un principio básico de supervivencia: ante la agresión, buscar un par. Aunque la agresión no sea tal. Ante la ausencia de un par, buscar alguien que masomeno se parezca, o que al menos cumpla con alguno de los puntos que esperamos de ese par. Es natural y ha ocurrido en todos lados, incluso dentro del kirchnerismo, que sobre el final de sus días tenía en sus filas más miembros de partidos de izquierda que peronistas.

Fuera de nuestro círculo íntimo no nos juna nadie. Para el horror del romanticismo periodístico, las noticias de cholulaje concentran más lecturas que todas las otras secciones juntas de cualquier portal de noticias. Nosotros creemos que cambiamos el mundo librando una batalla que nadie nos pidió frente a enemigos que construimos como una sublimación de nuestro deseo. Alguien tiene que ser culpable de lo que sale mal. Alguien tiene que ser un potencial culpable de la posibilidad de que algo salga mal. Una suerte de culpabilidad relativa que a Philip Dick le habría parecido demasiado inverosímil a la hora de redactar Minority Report.

Los veo, nos veo, y no puedo dejar de pensar en que todos nosotros somos unos cuatro de copas de un nivel tan patético que me da vergüenza propia y ajena ver a lo que hemos llegado.


Revisando archivos viejos di con un documental europeo de hace unos años en el que entrevistan a dos veteranos de la batalla de Stalingrado. No, no eran dos supervivientes del sitio, eran dos señores con sus respectivos uniformes militares que combatieron en una batalla que duró seis meses y en la que murieron un millón y medio de personas. Doblados por el peso de las medallas, estos señores que ya habían pasado cómodamente la barrera nonagenaria comenzaron a hablar con la entrevistadora de muy buena gana. Hasta que les preguntaron si extrañaban la Unión Soviética. Uno de ellos comenzó a relatar emocionado todas las cosas que añoraba de los años del comunismo, ante la transformación del rostro de su excompañero de guerra. Éste, harto, lo interrumpe y afirma que esa añoranza era, en realidad, la negación de una tiranía opresora de las libertades y causante de demasiadas muertes. Sin embargo, cuando todo parecía irse a la mierda, la entrevistadora les pregunta cómo hicieron para tolerar seis meses de combate en una ciudad sitiada en pleno invierno ruso: “Estábamos muy seguros de qué era lo que estábamos defendiendo”.


Este blog cumple 10 años en unos meses. Lo inicié cuando yo contaba con 26 años. Hoy estoy cumpliendo 36. Leer relatos viejos me da pudor retroactivo, vergüenza previa. Y sin embargo, respeto esos textos porque fueron escritos por ese que ya no soy yo, del mismo modo que estas líneas están siendo escritas por el que ya no será mañana, o en unas décadas, o en unas horas.

Lo bueno de escribir desde hace tiempo es que uno tiene un termómetro de lo que se vivía, se respiraba en el aire. O al menos de cómo me afectaba. Y aquí es donde entra el temible error en la óptica del recuerdo: ¿Recordamos cómo realmente es que sucedió algo, o nuestra forma de ver las cosas hoy nos plantea el recuerdo de otra forma? Lo único que tengo claro es que, del mismo modo que sólo puedo hacerme cargo de lo que escribo, nunca de lo que otros interpreten de lo que quise o no quise decir, mucho menos puedo hacerme cargo de lo que dije, quise decir, aparentemente pensé o soñé hace cinco o diez años. Porque el mundo era distinto, porque el país era distinto. Porque yo era distinto.

Diez años atrás se lanzaba el primer smartphone, no existían las tablets, ni los servicios de streaming de video ni de música. No todo era tan malo, dado que tampoco existía Whatsapp. Las cámaras de fotos y las filmadoras todavía eran un gran negocio y recién salía al mercado una memoria USB de 32 Gigabytes que nos parecía una exageración.

Hace diez años, Mauricio Macri usaba bigote, no se parecía al padre tras una dieta paleolítica y acababa de iniciar su primer mandato como jefe de Gobierno en una campaña en la que fue destrozado por Carrió. Una década atrás, Graciela Ocaña era ministro de Salud de Cristina Fernández de Kirchner, Martín Lousteau comandaba el ministerio de Economía, Sergio Massa siquiera era Jefe de Gabinete, Amado Boudou no era conocido ni por los carperos que pasaban cerca de su médano, Filmus recién llevaba perdidas un par de elecciones, La Cámpora todavía no debutaba, el Papa Francisco era el combativo obispo Bergoglio, a Clarín le faltaba todavía un par de meses para ponerse nervioso y Julio Cobos era oficialista. Hace diez años, Cristina acababa de ganar por el 45% de los votos y todavía le faltaba un 54% en 2011. Por cuestiones aritméticas, buena parte de esos votos fueron para otro lado hace poquito. Hay gente que cambió de parecer. Mucha.

Hace diez años mi hijo tenía seis meses, aún no me divorciaba de la mujer a quien le había jurado amor eterno delante de un juez y de Dios, acababa de renunciar a una fiscalía y no me imaginaba la vida sin laburar para el Estado.

¿En serio piensan lo mismo que hace diez años respecto de todo? ¿En serio? ¿Tan estáticas son sus vidas que nada ha cambiado? ¿Tan aburridos resultaron que suponen que todos los demás también piensan, sienten, y viven igual que hace diez años?

El problema es creer que llevamos la política a todos los ámbitos de nuestras vidas cuando en realidad llevamos el comportamiento barrabrava a todos lados y lo disfrazamos de política. Falso folklore futbolero en el que lo que importa no es hacer las cosas bien, sino ganar a como dé lugar, dormir eternamente en laureles que obtuvieron otras personas hace muchos años, y si de paso destruimos al adversario –de modo literal– mejor. Y nos quedamos sin refugios para ser felices. El teatro está politizado, la tele está politizada, las relaciones familiares, los trabajos, todo, absolutamente todo está politizado.

No se trata de reconciliarme y aceptar en mi casa al que quiso matarme, borrarme del mapa o me meó la puerta de casa durante décadas. Para convivir hace falta un mínimo de dos personas con la intención de hacerlo, de tener un pacto de coexistencia en el que se respetarán mutuamente. Y el respeto incluye ese temita de las violaciones a las leyes, que no son otra cosa que códigos de convivencia.

A la canallada surgida desde las redes sociales no se le tiene que dar más valor que el esfuerzo que conlleva. Son dedos que ya ni siquiera presionan teclas sino que se deslizan sobre una pantalla embarrada con nuestra propia grasa a la búsqueda de destrozar al otro. O lo que es más patético: a la búsqueda de otro para destrozarlo.

Qué se yo, como guerra me suena a una de bajos ideales, muy poco romántica. Quizá en diez años piense distinto.

O no.

Mercoledí. Tanti auguri.

Publicado por
Todo el contenido publicado es de exclusiva propiedad de la persona que firma, así como las responsabilidades derivadas.
Publicado en Sin categoría


Comentarios

  1. Hace 10 años era policía de escritorio.
    Hace 5 era millonario libertario de la blogósfera.
    Hoy soy un pobre gordo parásito del estado al que ustedes alimentan con el impuesto a la leche.
    Cambiamos.
    O siempre fuimos lo mismo.

  2. Lo de Lucca suena a justificación propia acerca de sus críticas anteriores y su silencio actual.
    Sigue a la corriente en ese proceder, como la mayoria de los anslistas políticos.

  3. Aunque parezca una eternidad, el 54% de Reina Cristina no fue hace 10 años sino apenas 6 años y unos meses, en 2011. En ese entonces yo estaba vivo y enamorado de Carancho, aunque después de haber muerto, como los difuntos vemos la intimidad de las personas, me enteré que el que escribía con ese nombre no era otro que Hegeliano cuando se sentía vedette en lugar de millonario…

  4. Buena nota. Pero la elección de CFK de 54% fue en 2011. Lo cual le juega en contra a la referencia cronológica, pero ayuda a la idea de vaivén ideológico de la gente comun de la nota.

  5. Hola Nicolás! Un fuerte (e imaginario) abrazo! Hacía tiempo que no leía tus notas. Como siempre, ésta me encantó y me hizo pensar también lo mucho que cambié en 10 años, para bien, para mal y regular. Como creo, al igual que -casi- todos. Me debés un asado Nico. Ciao bambino!

  6. Tu articulo me hace reflexionar sobre aquel tipo que decia “Yo siempre he pensado lo mismo sobre este asunto”. Y mi pregunta siempre fue, ¿como hace si yo no me acuerdo lo que pensaba ayer?
    Viviendo fuera de Argentina como me pasa a mi , nos veo perder el tiempo en las disputas que me imagino que habria en Pompeya la noche antes del terremoto.
    ¿Cuando aprenderemos que nadie es eterno y que por lo tanto nadie tiene la razon porque probablemente esta no existe?
    En este momento de mi vida de lo unico que estoy seguro es de un derivado de la segunda ley de la termodinamica: si no nos despertamos nos gana la entropia.
    Un abrazo

  7. Sutil manera de pedir que te deseen feliz cumpleaños, jaja. No me queda otra: ¡Feliz cumpleaños!

    Cuando era chica, apenas una gurisita, mi sueño era convertirme en sabia. Miro para atrás y me doy cuenta que ya era rara desde esa época. Con los años uno se va dando cuenta que es la vida, las experiencias quien te convierte (o no) en alguien sabio. Y en éste post se nota que estos 10 años causaron ese efecto en vos. No hablemos de madurez o “crecimiento personal” porque eso lo hacemos todos, sea pagándole a un terapeuta o yendo a clases de meditación. Ser sabio es otra cosa. ¿Cómo decirlo? ¿Cómo explicarlo? Ni la Real Academia me ayuda en ésta.
    Igual, ésto que escribiste me da pistas. Mirar atrás, a quien fuiste, criticarlo y después abrazar todo lo que te sucedió para aceptarlo, aprender y seguir mirando adelante.

    Coincido en lo infantil que somos. Hace años que lo pienso así. Hace 10 años atrás me dí cuenta que me estaba metiendo en una pelea que no era mía. Discutía con gente que quería por cuestiones de poder que, después, arreglarían sus asuntos mientras yo, probablemente, me quedaría sola por haberlos defendido. También empecé a ver esa nueva manía de atacar al otro porque sí, por ese revanchismo histórico que no se nos quita. Como nenes de 4 años llamando la atención. Al principio festejás y te reís de la nueva gracia, aunque sepas que no es el comportamiento que querés para ese nene. Y el chico, en busca de aceptación, repite una y otra vez “la gracia” porque la primera vez obtuvo la reacción que buscaba en el otro. Ahora se te complica corregir esa actitud. La mayoría reta al nene. El que tiene dos dedos de frente, simplemente lo ignora. Una de las dos opciones tiene mejor resultado que la otra. Y quizás, ser sabio tenga que ver con eso.

    Buen año, muchacho.

  8. La insoportable levedad del universo.
    No importa tanto lo que pasó hace 10 años sino la foto actual. Estamos todos un poco más locos que hace 10 años. O en realidad, igual de locos pero con menos inhibiciones. Capaces de violar a una criatura de dos años, de atropellar al novio con la camioneta o de pegarle cinco balazos a un tipo con el que discutimos en la cola de cajas del supermercado.

    Mucha gente barajan dos interpretaciones: 1) Lo que Cristina nos legó y 2) Síndrome de Cristinabstinencia. Además, los Testigos de Jeová dirán que se avecina el Armagedón.
    Mi humilde opinión: uno encarna al tipo sensato hasta que un día se harta y le hace caso al terapeuta gestáltico.
    Hay un libro. Se llama “No more mr Nice Guy”. Leelo.

  9. Es mi primer comentario en la web. Estoy sorprendido porque entre los comentaristas no hay insultos y/o ataques. Es todo un progreso.

  10. “Y aquí es donde entra el temible error en la óptica del recuerdo: ¿Recordamos cómo realmente es que sucedió algo, o nuestra forma de ver las cosas hoy nos plantea el recuerdo de otra forma?”

    Te dejo un regalo:

  11. “…en un vaivén histórico tan, pero tan difícil de explicar…”. Difícil, pero no imposible. El que hizo un buen intento fue Nicolás Shumway, con ‘La invención de la Argentina’ (1991), tomando como punto de partida el antagonismo entre Buenos Aires y ‘el resto’ de la época colonial, y que luego subsistió en varias formas (pueblo vs. elite, unitarios vs. federales, liberales vs. conservadores…) y fue exacerbado por tipos como Sarmiento, con su odio descontrolado contra Quiroga (hay otros ejemplos). El odio genera odio.

    Lectura recomendada.

  12. Estimado, queridisimo poeta de la prosa moderna… Feliz cumpleaños primero, apenas 36 pirulos, tres por debajo de mi handicap de 39… debo decirte que sos de los pocos que hace el ejercicio de “ver lo viejo” sin animos meramente nostalgiosos, si no mas bien con animos reflexivos de ver “que falló” o “que salio mal” o bien “que salió bien” o “cuanto debo mejorar”.
    Mis felicitaciones por eso, creo que es la unica manera de progresar. El “antagonismo” tal cual esta descrito en tu -una vez mas- maravillosa nota no sirve ni nunca sirvio para absolutamente nada. Aun tengo algo de fe en que esto obligadamente tendra que suceder…
    Un gran abrazo.

  13. Las matemàticas no fallan – La vida tampoco – Basta hacer un pequeño y sencillo càlculo para darnos cuenta que, por mas que pretendamos negarlo, de una u otra forma, todos estamos conectados. Aunque nos cuesta muchisimo aceptar al otro tal como es, sin darnos cuenta en resumidas cuentas, que ese “otro” tambien es parte de uno mismo.-

  14. LOS ANTIGUOS ROMANOS cuando tenìan que decir la verdad apoyando la mano sobre la Biblia -como en la actualidad- en esa època se agarraban los testìculos con la mano derecha. De esta antigua costumbre procede la palabra testificar.- Hoy en dìa dirìamos
    “està hasta los huevos”

  15. El hecho de que no se hayan puteado en los comentarios es un logro asombroso. Y si a eso le sumamos que muchos reflexionan, encima, ya es un milagro. Gracias por el aporte de sabiduría y Felicidades!

  16. creo que “hoy cumplo 36” es una metáfora que muchos lectores no interpretaron

    es como si Lucca se hubiese inspirado al escuchar a la negra Sosa cantar “Todo cambia” y ahora en lugar del espacio-tiempo einsteniano tuviésemos la grieta-tiempo de Nicolás Argento, que al margen de generalidades, no puede evitar referirse a la herida de su ex como algo del pasado… ja!

  17. Nunca me personifique como Carancho ni lo volveré a hacer.
    Yo soy bien machito y el que tenga dudas me puede ver los sábados temprano pot la rotonda de
    Warcalde.
    Solo le tengo miedo a Dios. Bueno, también un poco a los taxistas y colectiveros que tenía la costumbre de delatar.

  18. Cuánto se te extrañaba Nicolás! Feliz cumpleaños.. tenías que ser de Acuario! Será por eso que celebro tanto tus picantes comentarios, certeros. Agudo observador. Y tienes mucho por delante.

  19. ¿Qué puedo decir?
    Hace 10 años creíamos que… no sé qué creíamos.
    Pero sentíamos que era necesario. Esa boludez de una gota en el mar, pero sin ella el mar no sería el mismo.
    A fin de cuentas la verdadera lucha que llevábamos era por el indeciso, para sumarlo de nuestro lado, para que la porota peronista que no era peronista ya no ganara.
    ¿Quién ganó? ¿Quién se benefició? ¿Fuimos útiles? ¿A la Nación, a la Patria?
    Hoy me doy cuenta (pese a que lo intuía) que un liberal es tan adversario (cuasi enemigo) como lo es un comunista, hasta creo que el liberal es aún más peligroso.

    Hoy estoy algo más moderado.
    Siento que sobrevivimos a una guerra.

    Ya no encuentro alguien que represente mis ideas en esta farsa de Sistema Representativo al que mal llamamos democracia.

    Ya siquiera creo que la voluntad de todo un pueblo pueda modificar algo.

    Tal vez termine con la débil luz de sabiduría de los tacheros cuando profieren sus famosas frases como que hay que …………….. a todos.

  20. Admirado y querido Lucca profundas gracias por tus reflexivas palabras… por tu “pienso” de esta realidad q vivimos, guardo tus post para cada tanto acordar o disentir contigo. Me alegra observar q cada vez mas los comentarios son reflexivos y no agresivos es una placer para los ojos y la mente. Un abrazo inmenso.

  21. “Nunca me personifique como Carancho ni lo volveré a hacer.”

    Ex-comisario Agis, su frase es contradictoria: si no lo volverá a hacer es porque alguna vez lo hizo. Con razón hay tantos delincuentes en Warcalde, con policías ingenuos como usted, debe ser el paraíso de la mafia.

    Pero tranquilícese. Siempre le estaré agradecido por haberme hecho en vida ilusionar con Carancho. Más de un atrevido me había advertido que me encontraría con una sorpresita.
    Aproveche el verano serrano, y debajo de la sombra de un sauce que crezca a orillas del río Warcalde, lea mi libro “Cómo ser argentino y sobrevivir en el intento”. Eso es mejor que andar botoneando qué colectivo pasa el semáforo en rojo.

  22. Hace un mes, si me tomó casi dos años, descubrí que reírme cuando me decían K, amarilla o simplemente pelotuda, ya no servía. Me sigo riendo, para dentro, sin los “jajajajajaj” cuando amigos me insultan en las redes, pero ya no me afecta.
    Carancho era Hege??? Me siento naif…

  23. “En complicados operativos antisubversivos un joven integrante de la fuerza policial accede a infiltrarse dentro de peligrosa banda de trabajadores que reclamaban por sus derechos ante la mas férrea dictadura.
    Lo que no sabía era que sus jefes tenían planeado depilarlo, ponerle peluca y enseñarle la marcha peronista para lograrlo.
    El tiempo y las frustradas ansias de convertirse en abogado dieron lugar al nacimiento de Carancho como alter ego del en ese momento Comisario Agis, que sometido a grandes presiones decide pasar a la clandestinidad virtual y perseguir al neocomunismo kirchneriano desde las noveles redes sociales.”

    Extracto de la biografía no autorizada de Hegeliano, próxima a publicarse en la red del pajarito.

  24. Pingback: Relato del presente – El club de la pelea social mas infantil – Gustavo

  25. El mensaje de Carancho del sábado 27 de enero es apócrifo y se lo atribuyo al porterito fracasado lustrabronces. A vos, K inmundo, pintor fracasado, falso ingeniero, te digo: no soy comisario, soy comisario inspector!
    Reconozco que soy HEGELIANO (de pie!, señores). Y qué? Todavía falta que me descubran un tercer personaje, tal vez mi obra cumbre.
    Desde Maiami, donde estoy pasándola como rey al precio de lavar unas pocas copas de lunes a lunes, los saludo con un “hasta nunca, kakitos”. En su miserable vida comerán fried chicken como los de aquí. No le mezquinan grasa estos gringos.

  26. Qué salida del closet, don/doña Carancho! o le tengo que decir “comisari@ inspector@”?
    Ese aspecto de bicho recio, con ganas de cagar a tiros o a picotazos a cuanto infeliz progre o K que se le arrime, qué tiempos aquellos. Recuerdo que después de leer cómo basureaba al falso ingeniero Marcelo, me iba feliz al parque Independencia y merodeaba la cancha de Ñuls buscando la cerveza más fresca! Ah, si supieran qué aburrido es el cielo!
    Hablando de futbol, no sabe cómo le fue al Rojo anoche contra los pinchas, don Manimal?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *