Santa Fe: La inundación que viene

Inundaciones en Santa Fe. Año 2003. Fuente: Cedoc.

Inundaciones en Santa Fe. Año 2003. Fuente: Cedoc.

Por Jorge Capatto (*)

Los desastres como el de Santa Fe no son casuales, responden a una fórmula. A una receta infalible: incapacidad de aprender de los errores (propios o ajenos); desinterés por la información científica y falta de preparación para interpretarla; percepción incompleta de la realidad (ambiental y social); y una dosis variable de soberbia y desidia en la función pública. En el caso de esta catástrofe hicieron falta unos ingredientes más todavía: sordera ante las advertencias, la increíble falta de velocidad de reacción y un inconcebible abandono de la masa cautiva de votantes pobres que sostiene al mismo sector político en el gobierno. Santa Fe podía no estar preparada para un terremoto, para una erupción volcánica o para la caída de un meteorito. Pero es absolutamente inaceptable lo sucedido en una ciudad que desde siempre ha sido azotada por las inundaciones. Después de la crecida histórica del Paraná de 1905, la generación actual padeció crecidas extraordinarias en 1983, 1992 y 1998. Y siempre en el otoño e invierno. La caída del símbolo de la ciudad, el Puente Colgante, en la crecida del ’83 a causa de una ruta construida a modo dterraplén transversal a las aguas dejó enseñanzas muy claras que hacían ahora evitable los problemas derivados del mal diseño de la Autopista Santa Fe – Rosario. Para citar sólo un ejemplo. Este desastre es también el fruto de una larga suma de reiterados errores. Quienes echan la culpa a una lluvia extraordinaria o a la “naturaleza” deben saber que esas razones irritan a la opinión pública.

DESPUÉS DEL DESASTRE ANUNCIADO. Lo que viene ahora es un largo invierno. El más duro desde que Juan de Garay fundó la ciudad en 1573. La ayuda oficial se dirige principalmente a los 40.000 afectados que se hacinan en los centros de evacuación. Pero hay todavía unos 100.000 autoevacuados que siguen refugiados en casas de parientes o amigos. Están bajo techo pero perdieron todo. No son pocos los que peregrinan buscando ropa, comida y medicamentos. Muchos eran cuentapropistas que perdieron sus medios de trabajo. Cuando lleguen los créditos del Banco Mundial habrá que ver. Si van como siempre a grandes empresas para hacer terraplenes dejando a la gente con los techos de sus casas a una altura por debajo del nivel del agua en las crecidas. Si serán destinados a reconstruir la ciudad con nuevos criterios. O si además los fondos se destinarán a un plan consistente para mitigar “la inundación que viene”, la de una extrema pobreza y desocupación. No sea que veamos planes de reasentamiento para llevar a los afectados a barrios recién construidos pero sin trabajo y sin trama social. Repitiendo, así, la triste experiencia de los reasentados de Federación o de Yacyretá.

UNA LECCIÓN PARA TODOS. La tragedia de Santa Fe, el mayor desastre evitable de la historia argentina, debe servir de lección para todos. Definitivamente: no pueden librarse a su suerte a poblaciones en zonas de riesgo. Cuando una maestra recibe una alarma de bomba en su escuela, saca los chicos a la calle. Después chequea la veracidad del alerta. Es lo que aquí hizo falta. Usar el sentido común. Si hablamos de amplias zonas vulnerables hay que tomarlo en serio. El “día después”, o sea mañana, los gobiernos de las ciudades y Estados del litoral fluvial deben comenzar a escribir (o, mejor, a preparar con los mejores expertos) los imprescindibles planes de contingencia y los manuales de emergencia. También un verdadero sistema de monitoreo y de alerta temprana. Deben informar, educar, capacitar y entrenar a la gente y a los líderes sociales para que todos sepan qué hacer y hacerlo a tiempo. En cada zona de riesgo hídrico, sísmico, químico o nuclear –y Argentina los tiene todos-, deben hacerse simulacros de alerta y evacuación, entrenando a la población vulnerable. La terrible lección del Salado debe hacer también que los organismos de gobierno decidan mirar de frente al gran coloso: el río Paraná y su cuenca. La Cuenca del Plata, la segunda en importancia en Sudamérica después del Amazonas y la cuarta en importancia mundial. Convocando a la cooperación internacional frente el riesgo que representan para el país, y especialmente para las poblaciones del litoral fluvial, sus graves amenazas. Que no sólo son el cambio climático y la corriente de El Niño, sino la deforestación, monocultivos insustentables, y desarrollos mal planificados. Esta región, que incluye el mayor cordón poblacional de la Argentina, recoge las aguas de 3.000.000 de kilómetros cuadrados donde se agotan los suelos y se arrasa la “esponja vegetal” absorbente. Las fotos por satélite muestran la devastación en los llanos bolivianos, en todo Paraguay y en Estados brasileños del tamaño de España, como Mato Grosso do Sul y Mato Grosso –que lleva el récord de incendios intencionales de bosques en los últimos años. Más agua y más rápido para las inundaciones del futuro. Si, como propone Carlos Reutemann, hay que “refundar Santa Fe”, también hay que “refundar el Estado”. Se deben crear mecanismos para que los más capaces ocupen los puestos vinculados a la seguridad y la vida de miles de personas. Y terminar con el divorcio entre el sector científico-tecnológico y los tomadores de decisión. Tampoco habrá reconstrucción viable si no es entre todos. La generación de políticas públicas realmente eficaces frente a los desafíos sociales y ambientales es imposible sin participación social. Se debe planificar con la gente, implementar con la gente, cuidar con la gente. Parafraseando a Barbara Ward, podemos hacer trampas con la moral. Podemos mentir en política. Podemos engañarnos a nosotros mismos. Pero no hay bromas posibles con el cambio climático, el aumento de la pobreza, el manejo del agua y las inundaciones.

(*) Coordinador de Amigos de la Tierra Argentina; Director de la Fundación Proteger; y Premio Global 500 de Naciones Unidas (1992).

Publicado en Noticias, el 10 de mayo de 2003.

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Comentarios

  1. Esta vieja nota del año 2003, demuestra los avances que se han dado en la ciudad de Santa Fe. Ayer llovieron más de 180 mm. en pocas horas y pese a que parezca increíble, ya todo volvió a la normalidad. La tremenda cantidad de agua ya fue escurrida y los sistemas del del Plan de Mitigación y de Contingencia funcionaron a la perfección.

  2. Noten la diferencias que existen entre Santa fe y la ciudad de Buenos Aires por ejemplo. Mientras que en Santa Fe, existe un Plan de Gestión de Riesgos, envidiada en el mundo, en Buenos Aires, no existe ningún Plan y por eso sufren las consecuencias. Santa Fe fue premiada por la Organización de las Naciones Unidas, a través del premio internacional Sasakawa, como la ciudad más Resiliente del planeta y utiliza su planificación en gestión de Riesgos como ejemplo para otras ciudades del mundo. En Buenos Aires, con mucha menos lluvia, días atrás flotaron los automóviles que arrastró la corriente y murió gente por la falta de planificación. Buenos Aires y otras ciudades, deben aprender de los máximos expertos en gestión de Riesgos que existen y que son de Santa Fe. Bs. As. debe dejar de mirar tanto hacia afuera para voltear la mirada hacia las otras ciudades de la inmensa Argentina. Santa Fe es madre de Buenos Aires y puede enseñarle a ser mejor ciudad.

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