¿Por qué no se juzga a Irán en un tercer país?

Néstor y Cristina querían juzgar en un tercer país. Por qué, y a cambio de qué, cedió Argentina.

El 29 de septiembre de 2012, el diario PERFIL publicó en su tapa el siguiente título principal: “El Gobierno cree que Irán cedió”. En la misma semana que se oficializaba el diálogo Buenos Aires-Teherán en Naciones Unidas, el artículo informaba que los diplomáticos de Cristina Kirchner descontaban que Mahmoud Amadinejad había aceptado que la justicia argentina juzgara en un país neutral a los iraníes acusados de haber organizado el atentado a la AMIA.

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Tres altas fuentes oficiales –un diplomático que participó de las reuniones realizadas en la ONU, un embajador que estuvo acreditado en Teherán y un funcionario que participó de las conversaciones iniciales del kirchnerismo con el gobierno iraní–, habían confirmado entonces a PERFIL que las negociaciones entre Argentina e Irán estaban “mucho más avanzadas de lo que se reconoce públicamente” y que sólo restaban “definir los aspectos técnicos para iniciar un camino nunca antes explorado en la justicia internacional”.

Las fuentes consultadas anticipaban que el histórico proceso que buscaba llevar justicia al atentado que en 1994 terminó con la vida de 85 personas, se llevaría a cabo en un tercer país. Ningún funcionario del gobierno de Cristina Kirchner sugería entonces que se podría tomar testimonio a los iraníes en Teherán.

¿Qué pasó en estos meses para que el acuerdo ahora indique que se realizarán los interrogatorios en Irán? ¿Cuándo, y por qué, se desestimó la propuesta de juzgar a los iraníes en un tercer país? ¿Por qué Argentina aceptó realizar un proceso que, indudablemente, pierde imparcialidad? Y, lo que es más importante, ¿a cambio de qué tuvo que ceder la Argentina?

El modelo del “tercer país” fue impulsado por la diplomacia kirchnerista desde que Néstor Kirchner llegó a la Casa Rosada. Fue una apuesta innovadora para intentar destrabar el estancamiento al que había arribado la causa AMIA.

La propuesta evocaba el antecedente del atentado de 1988 contra el avión de Pan Am en Lockerbie, Escocia. La comunidad internacional acusó a los servicios de inteligencia del libio Muamar Kadafi de ese atentado en el que murieron 189 personas, el mayor ataque contra civiles estadounidenses hasta el 11 de septiembre de 2001. Las sanciones de las ONU contra Libia y las posteriores negociaciones con el ex dictador Kadafi dieron lugar a la entrega de los acusados para ser juzgados en Holanda.

Lockerbie

En los primeros años del kirchnerismo se llegó a poner nombre a ese hipotético tercer país para la causa AMIA: Marruecos. Kirchner exploró personalmente esa posibilidad con el rey marroquí Mohamed VI en diciembre de 2004 durante una visita del monarca a Buenos Aires.

Fue Rafael Bielsa el autor intelectual del mecanismo que ahora se desechó. “Me encanta la idea, dale para adelante”, le dijo Kirchner a Bielsa cuando escuchó la propuesta de su canciller. Más tarde, la idea también sedujo a Cristina, que hace tres años, la formalizó en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Luego de recordar que su esposo y ella misma habían pedido que Irán aceptara entregar a los acusados, Cristina planteó en la ONU, la opción de un tercer país en 2010: “Yo no voy a volver en esta oportunidad a reclamar por cuarta vez lo que evidentemente no va a tener ningún resultado, pero voy a ofrecer a la República Islámica de Irán que acceda a que si no confía en la Justicia argentina como lo ha dicho porque hay un prejuzgamiento y no va a haber la neutralidad suficiente para juzgar, se elija de común acuerdo, entre ambos países, un tercer país en donde las garantías del debido proceso estén vigentes”.

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Pero, por lo visto, la siempre hábil diplomacia iraní parece haber ganado la partida. En ese marco, es muy desalentador el panorama que se presenta para la justicia.

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Comentarios

  1. Este pacto es una verguenza y las generaciones futuras lo van a repudiar. La agachada de Argentina no se explica sino por la necesidad de aprovechar el dinero irani y la posibilidad de vender tecnologia nuclear. El paso siguiente entonces seria acordar con los carteles de la droga. Seguro que ahi se puede obtener mucho dinero. Si este atentado hubiera sido perpetrado contra el Hospital de Nin~os, la paciencia argentina no hubiera sido tanta. En el largo plazo, cuando uno mira la politica exterior argentina, se observa que en la Segunda Guerra Mundial, Argentina estuvo con los nazis y hoy con Iran. Triste, muy triste.

  2. Sería muy interesante imaginar el interrogatorio de Nisman.
    Ya Lanata había ridiculizado su posición en su libro “Cortinas de Humo” y artículos siguientes en Perfil, “Tócala de Nuevo Nisam” del año 2006, y otros artículos en Clarín de Gerardo Young de ese entonces, (“La acusación se basa en informes de inteligencia y de disidentes iraníes”), habían dejando en claro la fragilidad de las pruebas de Nisam que guardaban paralelos peligrosos con el fallido caso de Curveball para Irak.

    Las “pruebas” de Nisman son dimes y diretes de un disidente Iraní del MEK, organización terrorista musulmana, que ni siquiera es de primera mano, es lo que al “testigo C” le habrían contado terceros de lo que supuestamente escucharon, algo que acá judicialmente ni se tendría en cuenta, dossiers tan fiables de la CIA como lo fueron los de Irak y reportes de insólitos espías de la SIDE.

    Antes Nisman había armado otros circos mediáticos como el del supuesto chofer Berro de la fantasmal Traffic, cuyo examen de ADN se mandó a cotejar a EE.UU. por el FBI con parientes y esta en “espera” de resultados desde el año 2004.

    Los cables de Wikileaks también dejan en claro las presiones para abandonar la Pista Siria y expusieron las disculpas de Nisman ante EE.UU. dos veces por dejar abierta esa pista en el expediente que implicaba el entorno de Menem con pruebas más solidas que aclaraban hasta donde se habían adquirido los explosivos.

    En el 2003 la justicia británica, insospechada de ser pro Iraní, descarto rápidamente el pedido de Nisman por ridículo y carente de pruebas, la diferencia con el siguiente pedido no fue un aporte de nuevas pruebas, sino que esta vez Interpol, en una actitud muy sospechosa y lindera en lo ilegal asesoró a Nisman a redactar el nuevo pedido.

    También resulta curioso el abundante tratamiento de la prensa sobre el caso AMIA – Iran desde un punto mediático. Ninguno de ellos dedicó una sola línea para explicar a los lectores de que se trataban las pruebas de Nisman.
    Todo el mundo habló de las conveniencias o no de ese acuerdo desde ángulos absurdos y sospechosamente se preguntó sobre los elementos que cuentan Nisman y Canicoba de Corral, juez de amplios “vínculos financieros” con el grupo Werthein, para apoyar las sospechas.

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