julio 26, 2010 | Filed Under Uncategorized | 143 comentarios
Leipzig, en la Alemania unificada,fue la ciudad de Johann Sebastian Bach, Félix Mendelssohn de Robert Schumann y de su mujer, la música y concertista Clara Biecke.
Sigue siendo un lugar donde la música forma parte del patrimonio cultural, de su identidad. Es un espacio donde conviven la Universidad antigua, sus estudiantes, escritores y artistas varios. Los alquileres baratos favorcen largas estadías. Hace poco que Leipzig se puso de moda, porque en Alemania Oriental (comunista) a la que pertenecía, era un espacio contaminado, cubierto de hollín de las fábricas, ahora abandonadas, las que producían relojes, automóviles, textiles. Igual aspecto muestran las casas. Esa es la cara de lo que fué, hasta no hace mucho tiempo. La juventud, allí, tiene menos expectativas de trabajo que sus pares del mismo país, pero del lado occidental.
Una nota en el diario The New York Times precisa que este año se cumple el 325 aniversario del nacimiento de Bach y Leipzig lo celebrará con conciertos, festivales y el restablecimiento del Museo dedicado al gran músico, el mismo que confesó : “Por momentos dialogo con Dios”.
No obstante no es la música clásica la dominante en Leipzig. Sí lo es la música tecno, en sitios y parques por donde transitaban los músicos del siglo XVIII y XIX. Y las galerías de pintura. Trabajan en lo suyo un grupo de pintores neorrealistas, algo así como un retorno a las expresiones creativas previas a la década nazi de 1930.
Para concluir ésta nota les adjunto un tema de Bach, en el instrumento que se
parece a la voz humana, en un tramo de la Suite Nro. l, en manos de Rostropovich.
Y el primer movimiento del Concierto para Cello de Robert Schumann, por el
mismo concertista.
Más un ejemplo de música tecno-2010:
julio 19, 2010 | Filed Under Uncategorized | 100 comentarios

Concluido ya el Mundial, retornando a la realidad, es bueno preguntar si los temas sociales y apremiantes -excluyendo a la jubilación- están presentes en las agendas de los partidos y dirigentes políticos. El techo propio, la vivienda, el sitio que ampara a la familia, por ejemplo: ¿Hay programas oficiales, hay propuestas partidarias en medio de una expansión de la construcción de departamentos de un ambiente, donde la clase media alta encuentra refugio para sus ahorros en medio de la inflación?
Llegó el frío en serio ¿pero todos los ciudadanos estuvieron a cubierto, alcanzó la infraestructura de servicios, pudo abastecerse de gas a los domicilios? ¿Por qué en las provincias las garrafas, en general usadas donde no llegan los caños de suministro o por los sectores más empobrecidos, resultan tres o cuatro veces más caras que el fluido que se provee en la ciudad de Buenos Aires? Y además: ¿Cuál fue el motivo por el que no se aprovecharon los años de euforia económica 2003-2008 para facilitar el acceso al techo propio?
Está claro que al no ser utilizados los recursos en años fructíferos se la quitaron vuelo y posibilidades al cambio. Es que en 2008 y 2009, el período recesivo producto del enfrentamiento Gobierno-Producción Agraria y otra suma de factores afectaron la marcha económica en las provincias y golpeó en las cuentas públicas.
Las cifras oficiales hablan de un déficit habitacional de dos millones de viviendas en el país. Estadísticas privadas consideran que hay que sumar medio millón más a aquella: la necesidad es de dos millones y medio de nuevas unidades. En el Tercer Seminario Iberoamericano para el Habitat Popular se aseguró que los faltantes habitacionales afectan a más de tres millones y medio de familias. De ese total, un tercio necesita tener una vivienda y los dos tercios mejorar la situación habitacional. En ese Seminario se llegó a la conclusión que la resolución del problema requiere del Estado, de la sociedad, del sistema bancario, de la comunidad científica y tecnológica, de las sociedades de Arquitectos e Ingenieros y de urbanistas.
Siguiendo un relevamiento que estuvo a cargo del Observatorio de la Deuda Social Argentina (de la Universidad Católica), al menos el 36 por ciento de las viviendas no cuenta con conexión a cloacas; el 20 por ciento no tiene acceso a gas por red; el 21 por ciento no está sobre calles pavimentadas; el 27 por ciento habita en terrenos inundables.
Una de cada 10 familias y 2 de cada 10 residentes en el país viven en situación irregular, en villas miseria, asentamientos no aprobados y no regularizados, en edificios ocupados, en conventillos o en hoteles de pensión pública. Más: el 11 por ciento de los hogares no cuenta con un baño con retrete que permita la descarga de agua.
En esos vacíos de vida aceptable, a partir de la Asignación Universal por Hijo, un 11 por ciento de los hogares enfrenta el peligro de riesgo alimentario. Asimismo, el 22 por ciento sufre de exclusión laboral extrema (o desempleo o trabajos de indigencia), el 24 por ciento muestra malestares psicológicos y el 27 por ciento sólo cubre sus expectativas día tras día. No se habla de sectores empobrecidos. El derrumbe incluye bolsones de exclase media que vienen descendiendo barranca abajo desde hace años.
La radiografía muestra una sociedad agrietada por estas y otras dificultades. Pero los números tapan los logros del gobierno. Es que desde el 2003 crecieron los porcentajes de hogares urbanos con acceso al agua corriente, al gas natural. No fueron suficientes.
¿Y la clase media que pudo conservar sus posiciones? Aquellos que buscaron vivienda propia o más digna no consiguieron créditos coherentes con sus niveles de ingreso. Si se tomara la relación entre el stock de financiamiento para la vivienda y un indicativo del precio del metro cuadrado, el resultado demuestra que en estos días se financia escasamente el 15 por ciento de la superficie que se cubría con préstamos hace doce años. Ese “raquitismo financiero”, explica la consultora Finsoport, está indicando las fallas de la política monetaria y bancaria a lo largo de los tiempos recientes.
Nota publicada en la edición del domingo 18 de julio en el diario Perfil.
Autor de la foto.
julio 14, 2010 | Filed Under Uncategorized | 152 comentarios
Un buen amigo que usa mucho la ironía me dijo: “Estoy de acuerdo con el matrimonio
homosexual y propongo que se revise el matrimonio heterosexual”.
España lo aceptó hace cinco años, después de un duro debate que desembocó en la Reforma de su Código Civil. Para entonces, Bélgica, Holanda y Canadá contemplaban en sus legislaciones el matrimonio homosexual y ya eran considerados países “de vanguardia”. En el último lustro, en los cinco años que siguieron al acontecimiento en España, se homologaron las parejas gays con las heterosexuales en Sudáfrica, Noruega, Suecia y en Islandia (país en estos momentos presididos por una lesbiana, que contrajo matrimonio en junio pasado). Portugal lo aprobó éste año pero con cambios: casamiento sí, pero adopción para esa pareja no.
Se conocen seis territorios de los Estados Unidos, junto con el Distrito Federal en México, que permiten, sin vueltas, el matrimonio homosexual. Pero de allí a que esa posibilidad se extienda a todo Estados Unidos es casi imposible por el conservadorismo y alto grado de presencia religiosa en el interior de esa nación. Quien llevó una campaña contra el tipo de vínculo que hoy está en el candelero fue el ex-presidente Bush (junior), cuando procuró que se sancionara una enmienda en la Constitución Federal, prohibiendo ese tipo de matrimonios. En el estado de California fue legal durante pocos meses de 2008, hasta que el gobernador, el ex-musculoso actor Schwarzenegger, promovió una enmienda oponiéndose, la que en una elección popular obtuvo el 52 por ciento de los votos.
El tema, como se ve, no es nuevo. Ocurre, sin embargo, que los que están a favor del SI se oponen encarnizadamente a los que eligen el NO, y viceversa,como si se tratara de una decisión por la guerra o por la paz. Es una cuestión que afecta en demasía las conciencias en la Iglesia Católica. ¿Hipocresía, ocultamiento de la realidad? En el mundo del judaísmo las oponiones está divididas y es la ortodoxia la que le da la espalda al cambio. Los musulmanes prohiben estas alianzas de manera terminante.
Ustedes tienen derecho a preguntarme: ¿Y usted que piensa? A mí me molesta el exhibicionismo, elijo la privacidad y los gestos sobrios. De allí que no esté de acuerdo con las Marchas del Orgullo Gay. Pero acepto, sin exigencias,el matrimonio homosexual. Como un derecho a la vida y -llámese- al amor. Eso sí: les confieso que no tengo en claro la permisividad en cuanto a la adopción. No termino de llegar a una conclusión definitiva. Y quiero ser honesto con mi conciencia.
Esta podría llegar a ser la culminación de una larga y empeñosa lucha de los homosexuales para que se reconozca su identidad. Hay muchísimas urgencias sociales y económicas en el mundo pero no por ello hay que descuidar esta petición.