Alicia, la viuda silenciosa

0517_raquel_hartridge_g_ced

 

“Adiós”. Así se despidió de la prensa Alicia Raquel Hartridge, en 1998. La esposa del dictador Jorge Videla jamás se caracterizó por tener una participación activa en los medios. De hecho, ni siquiera en sus épocas como caprichosa y deslucida anfitriona de la Quinta Presidencial de Olivos, logró un espacio destacado en las primeras planas. Pero ese día salió a desmentir una verdad irrefutable: la existencia de un hijo discapacitado, ya revelada por Miguel Bonasso en Página/12.

La mujer dejaba su acostumbrada discreción para refutar los dichos del diario, sobre el paso de Alejandro Videla, uno de los siete hijos del matrimonio, por la Colonia Montes de Oca.

“Yo he tenido siete hijos, pero mis hijos no son míos. Son de Dios. Dios me los dio y se los puede llevar cuando tenga ganas. Me llevó uno. Me mandó un enfermo, me lo regaló 19 años. Y nos mandó un ángel a nuestro hogar. Lo cuidé yo con mi marido”, dijo Hartridge, vía portero eléctrico, a un periodista de diario Crónica. “Lo que quiere ese diario (aludiendo a Página/12) es deshacer la familia. Pero no nos van a deshacer”, advertía la mujer, que se negaba a reconocer, primero, la internación del joven en el centro de salud mental, y segundo, que durante su estadía en ese lugar, el hijo oculto de los Videla había sido cuidado por las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, secuestradas y asesinadas años después por la misma dictadura que encabezaba su esposo.

“No nos van a deshacer. No, adiós”, repitió. Nunca más se refirió públicamente a Alejandro, muerto en 1971 por un edema pulmonar, ni tampoco volvió a hacer declaración alguna.

Desde ese momento, se recluyó en su departamento, ubicado en el barrio porteño de Belgrano. En marzo de este año, sorprendió con su asistencia al entierro del exministro de Economía, Alfredo Martínez de Hoz.

Hoy, luego de que la militante por Memoria Completa, Cecilia Pando, anunciara la muerte de Videla, Hartridge reafirmó al ostracismo que construyó a su alrededor en las últimas décadas. Mantendrá el silencio. En privado, dirá “adiós”, otra vez.

Publicado por
Todo el contenido publicado es de exclusiva propiedad de la persona que firma, así como las responsabilidades derivadas.


Comentarios

  1. Fueron dueños de la vida y de la muerte de argentinos y se apoderaron de sus propiedades. El pueblo hizo que su desfile gallardo de otrora con gesto adusto y altanero, se convierta en desfile frente a los jueces de la Nación que los mandaron a la cárcel donde deben podrirse. Llenaron a las Fuerzas Armadas de deshonor y se ganaron el desprecio y repudio de los argentinos.

Deja un comentario