El día que la Duquesa de Alba le puso un límite al capricho franquista

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A los 88 años, murió la Duquesa de Alba. Con ella, también lo hicieron la de Berwick, de Arjona, de Híjar, de Liria y Jérica, de Almazán; la condesa-duquesa de Olivares; la marquesa de El Carpio; la condesa de Aranda, de Lemos, de Lerín, de Miranda del Castañar, de Monterrey, de Osorno, de Palma del Río; la marquesa de La Algaba, de Almenara, de Barcarrota, de Castañeda, de Coria, de Eliche, de Mirallo, de la Mota, de Moya, de Osera, de San Leonardo, de Sarria, de Tarazona, de Valdunquillo, de Villanueva del Fresno, de Villanueva del Río; la condesa de Villalba, de San Esteban de Gormaz, de Santa Cruz de la Sierra, de Andrade, de Ayala, de Casarrubios del Monte, de Fuentes de Valdepero, de Fuentidueña, de Galve, de Gelves, de Módica, y hasta la vizcondesa de la Calzada. La mujer a la que deberían hacer reverencia los propios reyes de España, aunque ella lo negara. La que podía entrar a caballo a la Catedral de Sevilla si le daba la gana.

María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y Silva -ese era su nombre completo- murió hoy rodeada de la pena de su familia, los sevillanos que la adoptaron como hija preferida, y una buena parte de fanáticos en España y fuera de ella, que vieron en la Grande de España a una excéntrica inigualable. Primero, por su aspecto, maltratado a fuerza de cirugías estéticas. Segundo, por la popularidad que supiera ganarse la mayor aristócrata del mundo. Tercero, por el peso que tuviera en las artes y la conservación del patrimonio cultural español.

A la vez que afloran sus virtudes, como cualquier mortal en el preciso momento en que expone si finitud, aparecen también los claroscuros de una mujer que fue mucho más que rebelde y extravagante. También contradictoria.

La tercera mujer más rica de España gozaba de una generosa exención de impuestos de parte del Gobierno español: según indican los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), cerca del 90 por ciento de su patrimonio, valuado entre 2200 y 3200 millones de euros, carece de cargas impositivas por ser parte del patrimonio histórico nacional o integrar la colección de arte de la Fundación Casa de Alba.

La mujer preocupada por la conservación de la arquitectura sevillana, que enviaba notas a la alcaldía para que permitieran a los caballos de los carruajes ponerse a la sombra en verano, resultaba una perfecta embajadora del flamenco y la tauromaquia local, al punto de llevar a una consternada Jacqueline Kennedy a una corrida de toros. Cayetana, inalterable. Jacquie, bueno.. Están las fotos.

La amante esposa del noble ingeniero Luis Martínez de Irujo, primero, y del excura Jesús Aguirre, después, rechazó la propuesta de Picasso para hacer de ella una nueva Maja, vestida y desnuda. Según contara la propia Tanuca, su marido había dicho “no”, y ella obedeció. El mundo se perdió obras de arte que podrían haber quedado en la historia. El destino, que aunque compensa, es mediocre, deja una secuencia de fotografías de la Duquesa haciendo topless en los ’80. Fueron dadas a conocer por Interviú un día antes de que la mujer se casara por tercera vez, a los 85 años, y causaron un revuelo fenomenal. Sólo fueron opacadas por un escándalo anterior: el rechazo de sus hijos a una nueva boda, con un hombre 25 años menor.

Hubo quien no la quiso. El Sindicato de Obreros del Campo (SOC) tuvo épicos enfrentamientos con la Duquesa, que terminaron en la Justicia. Ella, absuelta luego de calificarlos de “locos” y “delincuentes” durante una protesta en su contra, en 2006.

Con un carácter determinado por una vida plagada de excentricidades, Cayetana alguna vez dijo “no” y eligió con astucia a su interlocutor: el dictador Francisco Franco. En 1943, El Generalísimo sugirió a su exembajador en Reino Unido, Jacobo Fitz-James Stuart, que las hijas de ambos, Cayetana y Carmen celebrasen su puesta de largo juntas. La altiva marquesa de San Vicente del Barco fue categórica en su rechazo: “En España aún hay clases”.

La primogénita de Franco, noble por oportunidad e insulsa terrenal, celebró su ingreso a la vida social española en el palacio de El Pardo. “La hija menor de los Alba, que hab´pia sido invitada, ni se dignó a contestar, y mucho menos a asistir”, relata José Apezarena en el libro Luis Alfonso de Borbón, un príncipe a la espera.

Pocos días después, la fiesta de Cayetana se celebró en el palacio de Las Dueñas, el 28 de abril de 1943. A modo de regalo, su padre le obsequió el título de duquesa de Montoro. Hubo una ausente, por carecer de invitación: Carmencita.

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