La “avaricia” vaticana arrasó con la mujer que prometía limpiar las cuentas de Francisco

Chaouqui junto a Vallejo Balda. Ambos están sospechados de filtrar información confidencial.

El impulso de la mediatizada revolución del papa Francisco encontró esta semana el que podría ser el peor golpe de realidad desde fuera electo para suceder a Benedicto XVI en el ministerio petrino: la filtración de datos confidenciales sobre el manejo discrecional de las finanzas de la Iglesia.

Esta semana salieron a la venta en Italia dos libros que detallan no sólo en qué gasta el dinero la Iglesia Católica sino también el destino de algunas donaciones, el precio que pagan familias acomodadas para proclamar santos o beatos a sus parientes, y los lujos de algunos religiosos clave en el manejo político de la institución. Según sostuvo el Vaticano en un comunicado oficial, el sacerdote español Lucio Angel Vallejo Balda, secretario de la Prefectura para Asuntos Económicos, y la relacionista pública Francesca Chaouqui fueron detenidos por “sustracción y divulgación de noticias y documentos reservados”, delito que supone una condena máxima de ocho años de prisión según las leyes del Estado vaticano.

Si bien Vallejo Balda, cercano al Opus Dei, continúa detenido, la mujer -cuyo nombramiento en la Comisión Investigadora de los Organismos Económicos y Administrativos de la Santa Sede generara más de un reproche puertas adentro de la Iglesia- fue liberada horas después por “su colaboración en la investigación”.

La información habría sido sustraída de la computadora del auditor externo Libero Milone, uno de los integrantes de la comisión que auditaría las cuentas y movimientos bancarios de la institución.

Si bien esta no es la primera filtración que sufre el Vaticano, no hay antecedentes de un escándalo de esta magnitud desde la asunción del argentino Jorge Bergoglio como Obispo de Roma, en 2013. La última tuvo como protagonista al alemán Joseph Ratzinger, cuyo mayordomo, Paolo Gabriele, difundió cartas privadas del entonces pontífice. Gabriele fue condenado en 2012 a 18 meses de cárcel dentro del Vaticano por el robo de la documentación.

La expectativa se centra ahora en el detalle de las investigaciones de los periodistas Emiliano Fittipaldi, de L’Espresso, y Gianluigi Nuzzi, de Mediaset, autores de “Avarizia” y “Vía Crucis”. Los detractores de Chaouqui aseguran que el aporte de la exasesora habría sido fundamental para el trabajo de Nuzzi. La mujer había expresado en las redes sociales el orgullo que le generaba su viejo amigo años atrás, cuando publicó el libro “Su Santidad. Las cartas secretas de Benedicto XVI”, que resumía el Vatileaks originado por la delación de Gabriele.

Tanto Fittipaldi como Nuzzi sostienen que sus fuentes fueron confidenciales. Ambos insisten en apartar a Francisco de la corrupción eclesiástica e identificar al cardenal Tarcisio Bertone, exsecretario de Estado, como uno de los beneficiarios de esta política: de acuerdo con las denuncias, el número dos durante el papado de Benedicto XVI gastó 200 mil euros provenientes de una fundación en reformar su departamento.

Perdida. El paso de Chaouqui por el Vaticano resultó escandaloso desde el comienzo, tanto por su género como por sus críticas abiertas contra Bertone, previas a su nombramiento. La mujer “que traicionó al Papa”, tal como es presentada por los medios internacionales, enfrenta una cruzada personal contra el diario italiano La Repubblica, a quien acusa de tergiversar sus palabras en una “falsa entrevista”.

“La entrevista de Repubblica, de Fabio Tonacci, es falsa”, bramó desde su cuenta en Twitter. “Un off the record dado por cortesía hace dos días. Ayer, el periodista me atormentó con que si no le daba la entrevista, publicaría lo que quisiera”, se excusó la asesora, decidida a destapar los desmanejos de la Iglesia pero incapaz de explicar con claridad en qué consistió su “colaboración” en la investigación para ser liberada con tanta celeridad. De acuerdo con la versión de Tonacci, Chaouqui descargó la responsabilidad de la filtración en Vallejo Balda: “Todo lo hizo él”.

“No he traicionado al Papa”, tuiteó la mujer tras su liberación. En medio de la polémica sobre el caso, es poco lo que se dice sobre el destino de Balda, el impacto del caso en la interna de la Iglesia y cómo se debilita el impulso renovador de Francisco ante el conservadurismo de la Curia romana.

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